Durante más de un siglo fue una de las propiedades rurales más grandes del centro de Argentina. Tuvo dueños célebres, décadas de disputas judiciales y una capilla del siglo XIX que todavía se mantiene en pie. Hoy, la antigua Estancia Pinas, en el noroeste de la provincia de Córdoba, tiene un único propietario con prioridad absoluta: la fauna silvestre.
Sus más de 105.000 hectáreas forman el Parque Nacional Traslasierra, un área protegida creada para resguardar uno de los ecosistemas más castigados del continente. Allí se registraron hasta ahora 161 especies de aves, 24 de mamíferos y 30 de reptiles, entre ellas varias que están desapareciendo del resto de la región.
De estancia histórica a parque nacional

La historia de Pinas es tan extensa como su superficie. La estancia se levantó en tiempos coloniales, al pie de antiguos cerros volcánicos, y entre 1917 y 1927 perteneció al político Lisandro de la Torre. Más tarde pasó a manos del terrateniente Juan Feliciano Manubens Calvet. Cuando este murió, en 1981, sin herederos reconocidos, comenzó un litigio sucesorio que se prolongó durante 35 años.
El desenlace llegó con una apuesta por la conservación. En 2017, la Legislatura de Córdoba aprobó la expropiación de las tierras, con financiamiento del filántropo suizo Hansjörg Wyss, y en marzo de 2018 el Congreso sancionó la Ley 27.435, que creó el Parque Nacional Traslasierra. La incorporación de las tierras se hizo por etapas, y el área quedó bajo la gestión de la Administración de Parques Nacionales.
El predio conserva además un valor cultural notable: allí hay vestigios de los pueblos comechingones, antiguos habitantes de las sierras cordobesas, y el casco histórico de la estancia con su capilla.
Un refugio para el bosque más amenazado

La gran importancia del parque es ecológica. Protege una muestra del Chaco Seco, una de las ecorregiones más amenazadas del mundo. Este bosque se extiende por el norte de Argentina, el oeste de Paraguay y el sudeste de Bolivia, y en las últimas décadas perdió enormes superficies por el avance de la frontera agropecuaria y la tala.
En Traslasierra, el paisaje combina bosques de algarrobos y quebrachos, arbustales, cardonales, chañares, pastizales naturales y ambientes salinos. Sobre las laderas occidentales de las Sierras de Pocho aparece además el bosque chaqueño serrano. Esa diversidad de ambientes en un mismo territorio es lo que permite que convivan tantas especies distintas.
Las especies que encontraron su último refugio

Según la Administración de Parques Nacionales, el parque alberga varias especies consideradas prioritarias para la conservación. Entre las aves se destacan el águila coronada, una rapaz en peligro de extinción, el carpintero negro y la martineta. Entre los mamíferos aparecen el oso melero, el pecarí de collar y el pecarí quimilero o chaqueño, una especie que durante décadas se creyó extinta hasta su redescubrimiento en 1975.
Uno de los grandes tesoros del parque son sus guanacos: forman una de las últimas poblaciones de la provincia de Córdoba. También vive allí el tuco-tuco cordobés, un pequeño roedor excavador endémico de la región, y la tortuga terrestre chaqueña, otra especie amenazada por la pérdida de hábitat y el tráfico ilegal de fauna.
Un parque que se puede visitar
El Parque Nacional Traslasierra tiene su sede administrativa en Villa de Soto, en el departamento Minas, y el acceso es gratuito. Para quienes buscan naturaleza, observación de aves o simplemente silencio, es una de las áreas protegidas más nuevas y menos concurridas del país.
Su historia deja un mensaje alentador: una propiedad que durante décadas estuvo atrapada en tribunales terminó convertida en un santuario para especies que no tienen dónde más ir. En una región donde el bosque nativo retrocede año tras año, 105.000 hectáreas protegidas son una buena noticia que se mide en águilas, guanacos y pecaríes.