Un problema más antiguo que el sofá
Suplementos de calcio, vitaminas y mensajes sobre la importancia de “fortalecer los huesos” forman parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, una mirada al pasado humano desarma esa idea: la fragilidad ósea no nació con el sedentarismo.
Un estudio publicado en Science Advances demuestra que la pérdida de densidad y resistencia ósea es un fenómeno tan antiguo como la civilización misma.
Huesos de 9.000 años para entender el presente
El equipo liderado por Vladimír Sládek, junto a investigadores de varios países europeos, analizó 1.881 esqueletos adultos procedentes de yacimientos arqueológicos de distintas épocas, desde el Neolítico hasta la era preindustrial.
Los científicos examinaron fémures, tibias y húmeros, evaluando tanto la forma externa como la estructura interna de los huesos. El objetivo: determinar si la pérdida de fuerza con la edad dependía del estilo de vida o de un proceso biológico común.
Los resultados fueron contundentes: los patrones de envejecimiento óseo se mantuvieron prácticamente idénticos durante 9.000 años, pese a los cambios drásticos en la actividad humana —de agricultores y pastores a obreros urbanos—.
En otras palabras, el desgaste estructural de los huesos no depende tanto del trabajo físico o la tecnología, sino de mecanismos biológicos universales.
"Osteoporosis" es la pérdida de la masa ósea por aumento de los espacios huecos del hueso, provocada por un menor aporte de componentes minerales
Viene del griego
>ostéon 'hueso'
>póros 'poro'
>ō-sis gr. 'proceso patológico'
Neologismo de 1833 en francés#DiadelaOsteoporosis pic.twitter.com/QMrPTY0SZt— Emilio del Río (@emilio_delrio) October 20, 2025
La biología del deterioro
Con el paso del tiempo, el interior de los huesos se reabsorbe y su cavidad se amplía, reduciendo su resistencia. El organismo intenta compensarlo con la llamada aposición subperióstica, un proceso que forma nuevo tejido óseo en la superficie externa.
Sin embargo, esta “reparación natural” nunca alcanza a equilibrar la pérdida interna, lo que explica la progresiva debilidad del esqueleto humano a lo largo de la vida.
El estudio muestra además que las mujeres presentan una mayor pérdida estructural en huesos como el húmero y la tibia, mientras que el fémur —el hueso más robusto del cuerpo— conserva mejor su fortaleza en ambos sexos.
La adolescencia: una ventana decisiva
El trabajo de Sládek identifica la adolescencia como etapa crítica para la salud ósea. En esos años, los huesos alcanzan su tamaño y densidad máxima.
Un desarrollo insuficiente durante la infancia o la pubertad deja una “reserva ósea” menor, lo que incrementa el riesgo de fragilidad y enfermedades como la osteoporosis en la adultez.
De ahí que los expertos subrayen la importancia de la nutrición adecuada, la actividad física y la exposición solar en las etapas tempranas de la vida.

Actividad física y evolución: un equilibrio imposible
Aunque la actividad física mejora la masa ósea, ni el esfuerzo físico de los pueblos neolíticos ni el trabajo manual de la era preindustrial evitaron la pérdida de resistencia.
Esto sugiere que la fragilidad ósea no es consecuencia del sedentarismo moderno, sino una característica evolutiva profundamente enraizada en la biología humana.
Para la medicina actual, esta conclusión cambia el foco: la prevención debe empezar antes del deterioro, aprovechando las etapas de crecimiento para maximizar la fortaleza ósea en lugar de intentar revertir su pérdida en la vejez.
Un legado que atraviesa la historia humana
El estudio, además de reescribir la historia de la salud ósea, reafirma el valor de la bioarqueología para comprender la biología moderna.
Analizar esqueletos de milenios distintos permite revelar constantes evolutivas invisibles: los huesos humanos, pese a su dureza, llevan miles de años narrando la misma historia de vulnerabilidad estructural.
La fragilidad ósea no es un defecto del siglo XXI, sino una huella ancestral de nuestra evolución, un recordatorio de que incluso los rasgos más sólidos del cuerpo humano están sujetos al paso del tiempo.
Fuente: Infobae.