Un fogonazo que lo cambió todo
El fenómeno fue detectado en las inmediaciones del agujero negro supermasivo situado en la galaxia espiral NGC 3783, a unos 135 millones de años luz de la Tierra. Allí, los telescopios XMM-Newton y XRISM captaron un intenso fogonazo de rayos X que surgió del núcleo galáctico activo y desapareció poco después.
Lo sorprendente llegó a continuación. En cuestión de horas, tras desvanecerse el estallido, se formaron vientos ultrarrápidos que expulsaron materia al espacio a velocidades cercanas a los 60.000 kilómetros por segundo, algo nunca observado con tanta claridad y rapidez.
Un agujero negro de 30 millones de soles
El responsable de este despliegue de energía es un agujero negro con una masa equivalente a 30 millones de veces la del Sol. Al absorber gas y polvo de su entorno, genera una región extremadamente brillante conocida como núcleo galáctico activo (AGN), capaz de emitir radiación en múltiples longitudes de onda y de lanzar chorros y vientos que influyen en toda la galaxia.
Según los investigadores, este es el primer caso en el que se observa una relación directa y casi inmediata entre un fogonazo de rayos X y el nacimiento de un flujo de materia ultrarrápido. Hasta ahora, estos procesos se estudiaban de forma separada o indirecta.
Usando los telescopios espaciales XMM-Newton de la ESA y Suzaku de la agencia japonesa JAXA, los científicos han detectado un gigantesco filamento de gas caliente que se extiende a lo largo de 23 millones de años luz, en la región del supercúmulo Shapley. pic.twitter.com/SVfA53enrk
— Doctor Fisión (@doctorfision) July 3, 2025
Vientos que moldean galaxias
Estos vientos no son un simple efecto secundario. Al viajar a velocidades tan extremas, pueden regular el crecimiento del agujero negro, frenar la formación de nuevas estrellas y redistribuir gas por toda la galaxia. En otras palabras, juegan un papel clave en la evolución galáctica a largo plazo.
El hallazgo demuestra que los cambios cerca del horizonte de sucesos pueden tener consecuencias inmediatas y a gran escala. Además, confirma que los agujeros negros no son solo devoradores silenciosos, sino auténticos motores cósmicos capaces de transformar su entorno en tiempos sorprendentemente cortos.
Una ventana inédita al corazón del caos
El estudio, publicado en Astronomy & Astrophysics, marca un hito en la astronomía de rayos X. Observar el nacimiento de un viento ultrarrápido casi en tiempo real abre una nueva vía para comprender cómo se libera la energía en los entornos más extremos del universo.
Cada nueva observación como esta acerca a la ciencia a responder una pregunta fundamental: cómo algo aparentemente invisible puede ejercer una influencia tan profunda sobre galaxias enteras. En el caso de NGC 3783, la respuesta llegó en forma de un récord cósmico difícil de superar.