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Ciencia

La Garma, la cueva que conserva una escena cotidiana de la Edad de Piedra congelada en el tiempo

La cueva de La Garma, en Cantabria, conserva uno de los conjuntos paleolíticos mejor preservados de Europa. Su cámara principal quedó sellada durante miles de años y permitió que estructuras, herramientas, restos de animales y objetos artísticos permanecieran prácticamente donde los dejaron sus últimos habitantes.
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Entrar en La Garma es acercarse a una escena congelada de la Edad de Piedra. La cueva, descubierta en 1995 en Cantabria, fue utilizada por grupos humanos durante distintos momentos de la prehistoria, pero uno de sus espacios quedó aislado hace aproximadamente 17.000 años.

Ese cierre natural convirtió la cavidad en una excepcional cápsula del tiempo arqueológica.

Una vivienda paleolítica conservada bajo tierra

En la zona principal de la cueva, los investigadores identificaron un pequeño espacio ovalado de alrededor de cinco metros cuadrados delimitado por bloques de piedra y formaciones naturales.

La disposición de los restos sugiere que allí existió una estructura formada por postes y pieles, posiblemente apoyada sobre una repisa de la propia pared de la cueva.

Más que una construcción permanente como las actuales, habría funcionado como un espacio doméstico protegido dentro de la cavidad, utilizado para descansar, trabajar materiales y realizar distintas actividades cotidianas.

Su extraordinario estado de conservación permite estudiar no solo qué objetos utilizaban sus habitantes, sino también cómo estaban distribuidos dentro del espacio.

La Garma, la cueva que conserva una escena cotidiana de la Edad de Piedra congelada en el tiempo
© Historia con Kayleigh – Youtube.

Miles de objetos siguen en el lugar

Las excavaciones han documentado miles de piezas asociadas con la ocupación humana.

Entre ellas aparecen herramientas destinadas a trabajar piedra, hueso y asta, instrumentos utilizados para procesar animales y preparar pieles, así como puntas de proyectil, agujas y objetos relacionados con la caza.

Esa variedad permite reconstruir una parte considerable de la vida cotidiana de los grupos magdalenienses que ocuparon la región durante el final del Paleolítico Superior.

Uno de los hallazgos más llamativos es un hueso de uro decorado con grabados. La pieza incluye representaciones de un animal y un rostro humano y constituye un ejemplo particularmente singular del arte mueble paleolítico encontrado en Europa.

La Garma fue utilizada durante miles de años

La historia de la cueva no termina con aquella vivienda.

Distintos sectores del complejo conservan evidencias de ocupaciones humanas pertenecientes a periodos muy diferentes. Se han encontrado restos correspondientes a etapas prehistóricas posteriores, enterramientos y materiales vinculados con la Edad del Cobre, la Edad del Bronce, la Edad del Hierro e incluso épocas medievales.

Eso convierte a La Garma en un archivo arqueológico excepcionalmente amplio sobre la presencia humana en el norte de la península ibérica.

La Garma, la cueva que conserva una escena cotidiana de la Edad de Piedra congelada en el tiempo
© Historia con Kayleigh – Youtube.

Los humanos compartieron el paisaje con grandes depredadores

Entre los restos animales encontrados también aparecen huesos de leones cavernarios euroasiáticos, grandes felinos que desaparecieron al final de la última Edad de Hielo.

Algunos huesos presentan marcas relacionadas con actividad humana, lo que indica que estos animales pudieron ser procesados por las personas que frecuentaban la zona.

Sin embargo, determinar hasta qué punto la actividad humana influyó en su desaparición continúa siendo una cuestión mucho más compleja, ya que también intervinieron cambios climáticos y transformaciones ecológicas.

La Garma destaca precisamente porque conserva muchos de esos elementos en contexto.

Diecisiete mil años después, herramientas, estructuras, restos animales y obras de arte siguen ofreciendo una imagen excepcional de cómo vivieron algunos de los últimos cazadores-recolectores de la Europa glacial.

 

 

Fuente: Futura Science.

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