Durante millones de años, la Tierra experimentó episodios de calentamiento y enfriamiento abrupto que transformaron radicalmente sus paisajes y ecosistemas. Ahora, un estudio publicado en Science aporta nuevas claves sobre las causas de esas variaciones extremas, al demostrar que los ciclos de carbono y fósforo, junto con procesos geológicos, pueden actuar como un “efecto dominó” en la regulación climática.
El “termostato” de la Tierra bajo revisión
Tradicionalmente, los científicos atribuían la estabilidad climática al proceso de meteorización de rocas silicatadas: el CO₂ atmosférico se disuelve en la lluvia, reacciona con minerales y termina atrapado en sedimentos marinos. Este mecanismo funciona como un termostato lento y constante.
Pero los investigadores Dominik Hülse y Andy Ridgwell, de la Universidad de California, Riverside, demostraron que este equilibrio puede romperse. Según su modelo, cuando el CO₂ aumenta y la temperatura sube, los nutrientes como el fósforo fluyen en mayor cantidad al océano, alimentando el crecimiento masivo de fitoplancton. Al morir, estos organismos entierran carbono orgánico en los sedimentos marinos, generando una caída abrupta de oxígeno y un reciclaje más eficiente de nutrientes. El resultado: un secuestro masivo de carbono y un enfriamiento extremo, capaz de llevar al planeta a episodios tipo “Tierra bola de nieve”.
Mapa del supercontinente Pangea.
Se estima que Pangea se formó hace unos 310 millones de años y comenzó a separarse hace 190 millones de años aproximadamente.
Éste es un mapa de cómo se veía el mundo hace unos 240 millones de años, durante el período triásico. pic.twitter.com/MG6A1t4GSs
— Informa Cosmos (@InformaCosmos) October 30, 2023
“Nuestro estudio sugiere que el termostato de la Tierra no está roto, pero puede estar en una habitación distinta del aire acondicionado”, ilustró Ridgwell, al explicar lo errático del mecanismo en épocas de bajo oxígeno atmosférico.
Un modelo para reconstruir el pasado
El trabajo utilizó un modelo global del ciclo del carbono, extendido para integrar procesos orgánicos-geológicos como la liberación de CO₂ por meteorización de kerógeno y el enterramiento de carbono orgánico en el mar. Las simulaciones abarcaron escalas de cientos de miles de años y escenarios con liberaciones súbitas de dióxido de carbono.
Los resultados muestran que con niveles de oxígeno atmosférico un 60 % menores a los actuales, la temperatura global puede descender más de 6 °C, una variación superior a la diferencia registrada entre el presente y el Último Máximo Glacial.
PALEOMAPAS
Carbonífero tardío (306Ma)
Se empiza a formar la mitad occidental de Pangea. El hielo cubre gran parte del hemisferio sur y se forman vastos pantanos de carbón a lo largo de la zona ecuatorial pic.twitter.com/2vpu5efoLt— CRCpaleos (@CRCpaleos) September 25, 2025
Implicaciones para el presente y el futuro
El hallazgo ayuda a comprender por qué los ciclos biogeoquímicos no siempre suavizan los cambios climáticos, sino que pueden desencadenar respuestas excesivas y glaciaciones abruptas. Aunque los científicos aclaran que es poco probable que el actual aumento de CO₂ por actividades humanas provoque una glaciación en el corto plazo, advierten que la inestabilidad del “termostato” terrestre demuestra la sensibilidad del sistema climático.
“Necesitamos enfocarnos en limitar el calentamiento actual. Que la Tierra eventualmente se enfríe de nuevo, por más errático que sea, no ocurrirá lo suficientemente rápido como para ayudarnos en esta vida”, concluyó Ridgwell.
Fuente: Infobae.