El general británico Richard Shirreff, que fue Comandante Supremo Adjunto de la OTAN en Europa, ha descrito un escenario que parece sacado de una novela de Tom Clancy, pero que él considera plausible. En su predicción, publicada en The Daily Mail, la Tercera Guerra Mundial podría empezar no con misiles, sino con un simple apagón en el Báltico.
El ataque que desata el caos

El 3 de noviembre de 2025, Vilnius se queda sin luz. Bancos, hospitales y servicios básicos se paralizan. La red eléctrica, todavía vinculada al antiguo sistema soviético BRELL, habría sido atacada con malware. Lo que empieza como un corte de energía se transforma en disturbios, saqueos y un clima de miedo que obliga al gobierno a imponer la ley marcial.
En Bielorrusia aparecen agitadores que avivan la violencia, mientras el ataque se propaga a Letonia y Estonia. El resultado: los tres países bálticos quedan aislados y vulnerables.
Rusia mueve ficha
Moscú aprovecha el caos. Tropas rusas se concentran en Kaliningrado y en la frontera bielorrusa, bajo la excusa de proteger a la población rusoparlante. Aviones SU-27 y MiG-31 sobrevuelan la región, mostrando dominio aéreo. En el corredor de Suwałki, estallan enfrentamientos entre fuerzas lituanas y mercenarios que podrían ser chechenos.
Shirreff describe un ataque ruso para cortar el único paso terrestre entre los Bálticos y el resto de Europa. La OTAN se ve obligada a reaccionar, pero lo hace con lentitud.
La parálisis de Occidente

El secretario general Mark Rutte invoca el Artículo 5 de la OTAN. Sin embargo, Washington duda. Donald Trump, de vuelta en la Casa Blanca, minimiza la amenaza y se resiste a entrar en guerra “por un país pequeño”. En redes sociales califica a Lituania como un Estado fallido.
En el terreno, las tropas aliadas sufren bombardeos y bajas, mientras Alemania y Reino Unido priorizan la retirada de sus contingentes. La alianza, pilar de la seguridad europea desde 1949, comienza a resquebrajarse ante los ojos del mundo.
La oportunidad de China
Mientras tanto, China aprovecha el vacío. El 6 de noviembre lanza un ataque masivo contra Taiwán: miles de cohetes, enjambres de drones y fuerzas especiales neutralizan la defensa de la isla en cuestión de horas. Buques de guerra bloquean el estrecho y centenares de miles de soldados se preparan para desembarcar.
En este escenario, la OTAN queda paralizada y Estados Unidos elige no intervenir militarmente. Para Shirreff, el mensaje es claro: Rusia y China solo necesitan una chispa —un apagón— para exponer la fragilidad de Occidente y remodelar el orden mundial a su favor.