Los seis redactores de Gizmodo en Español, pasados por el filtro envejecedor de FaceApp

FaceApp ha vuelto a hacerse viral. No por teñir de negro a Jennifer Lawrence, ni por poner una sonrisa en el papa Francisco, sino por sus filtros para parecer más viejo (o más joven). La aplicación ha mejorado tanto desde la última vez que se hizo viral que todo el mundo está compartiendo de nuevo sus selfies envejecidos.

El secreto está en como FaceApp aprovecha las fotos que los usuarios le proporcionamos gratuitamente para mejorar su algoritmo. Los “filtros” son en realidad una forma de inteligencia artificial. Según Yaroslav Goncharov —exejecutivo del gigante ruso Yandex que ahora financia FaceApp de su bolsillo—, se basan en redes neuronales convolucionales generativas profundas.

FaceApp percibe rostros humanos de una forma similar a los humanos. Tras analizar miles (y presumiblemente, millones) de fotos, una red neuronal ha aprendido a reconocer en un rostro elementos vinculados a la edad (arrugas, piel flácida, verrugas...) y al sexo (tamaño de la mandíbula y la nariz, forma de la cara y las cejas, cantidad de vello facial...) que puede aplicar en otras caras, por ejemplo para envejecer a una persona o cambiarle de sexo. Si la red generadora consigue engañar a una segunda red, la discriminadora, entonces el resultado se da por válido; si no, el algoritmo mejora automáticamente.

Tres edades distintas, una única foto auténtica

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FaceApp no ​​te muestra en ningún caso cómo te verás de viejo: es solo una foto tuya alterada artificialmente con los rasgos de una persona mayor. Pero los resultados son excelentes, y cada vez tienen menos artefactos (los defectos que delatan al algoritmo). Hay una explicación inquietante para ello: el resultado no sería tan bueno si la aplicación no tuviera éxito, y la aplicación no tendría éxito si los usuarios no cedieran las fotos que sirven para entrenar el modelo.

Según los términos de privacidad de FaceApp, la aplicación recolecta todo el contenido generado por el usuario, pero no lo vende a terceros. Sin embargo, algún día Goncharov venderá su tecnología por mucho dinero a aplicaciones como Snapchat o Instagram. O quizá su algoritmo se use para estafar a la gente con aplicaciones engañosas del estilo “mira cómo te verás de mayor” o “así será tu futuro hijo”. Y los usuarios habremos contribuido con nuestros rasgos faciales a cambio de una foto divertida que compartir en redes sociales.