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Ciencia

La Luna se aleja de la Tierra 3,8 centímetros al año y está haciendo que nuestros días sean cada vez más largos

La Luna se separa lentamente de la Tierra debido a la interacción gravitatoria entre ambos cuerpos. El proceso ocurre a un ritmo aproximado de 3,8 centímetros por año y, aunque parece insignificante, está frenando poco a poco la rotación terrestre, modificando las mareas y cambiando el futuro de los eclipses solares.
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La distancia entre la Tierra y la Luna no es constante. Nuestro satélite natural se aleja unos pocos centímetros cada año como consecuencia de un intercambio de energía que lleva produciéndose durante miles de millones de años.

El efecto es prácticamente imposible de percibir durante una vida humana, pero acumulado durante escalas geológicas ha transformado profundamente la relación entre ambos cuerpos.

Hace millones de años, la Luna estaba más cerca, los días terrestres eran más cortos y las mareas podían ser considerablemente más intensas.

Las mareas están empujando a la Luna

La responsable principal de este alejamiento es la interacción gravitatoria entre la Tierra y la Luna.

La gravedad lunar genera deformaciones en los océanos terrestres y produce los conocidos abultamientos de las mareas. Como la Tierra gira sobre sí misma más rápido de lo que la Luna completa su órbita, esos abultamientos quedan ligeramente adelantados respecto de la posición del satélite.

La gravedad de esa masa de agua ejerce entonces una pequeña fuerza sobre la Luna. Como resultado, nuestro satélite gana energía orbital y se desplaza progresivamente hacia una órbita más distante. Pero esa energía tiene que salir de algún lugar: procede parcialmente de la rotación terrestre. Por eso, al mismo tiempo que la Luna se aleja, la Tierra gira cada vez más despacio.

La Luna se aleja de la Tierra 3,8 centímetros al año y está haciendo que nuestros días sean cada vez más largos
© Magnific

Nuestros días eran más cortos

Este cambio puede rastrearse incluso en el registro fósil.

Un estudio sobre el bivalvo fósil Torreites sanchezi, de aproximadamente 70 millones de años, analizó las líneas microscópicas de crecimiento de su concha.

Los investigadores concluyeron que, durante el Cretácico, un año contenía alrededor de 372 días. El año orbital de la Tierra no era significativamente más largo. Lo que cambiaba era la duración de cada jornada: los días duraban aproximadamente 23 horas y media.

Desde entonces, la interacción con la Luna ha ido ralentizando paulatinamente la rotación del planeta.

Los astronautas dejaron una herramienta para medirlo

El alejamiento lunar puede medirse actualmente con enorme precisión gracias a los retroreflectores instalados en la superficie de la Luna durante las misiones Apolo.

Desde la Tierra se envían pulsos láser hacia estos dispositivos y se mide cuánto tardan en regresar.

Conociendo la velocidad de la luz, los científicos pueden determinar la distancia entre ambos cuerpos con extraordinaria precisión. Estas mediciones muestran que la Luna se aleja actualmente alrededor de 3,8 centímetros al año.

Los eclipses totales no durarán para siempre

Una consecuencia inevitable es que la Luna parecerá progresivamente más pequeña desde la superficie terrestre.

Actualmente existe una extraordinaria coincidencia geométrica: aunque el Sol es mucho mayor que la Luna, también está muchísimo más lejos, por lo que ambos pueden aparecer con tamaños similares en nuestro cielo.

Esto permite que ocurran eclipses solares totales.

A medida que la Luna se aleje, llegará un momento en que su disco aparente será demasiado pequeño para cubrir completamente al Sol. Los eclipses anulares continuarán siendo posibles, pero los eclipses totales desaparecerán.

La Luna no se alejará indefinidamente

Si el sistema Tierra-Luna pudiera evolucionar durante un tiempo ilimitado bajo las mismas condiciones, ambos cuerpos tenderían hacia una configuración en la que la rotación terrestre y la órbita lunar acabarían sincronizadas.

Pero el Sistema Solar cambiará mucho antes de llegar a ese punto. Con el paso de cientos de millones y miles de millones de años, el aumento gradual de la luminosidad del Sol modificará profundamente el clima terrestre y la presencia de agua líquida.

Más adelante, el Sol evolucionará hasta convertirse en una gigante roja y transformará por completo el entorno de los planetas interiores.

Por ahora, la separación continúa a un ritmo diminuto pero constante. Cada año, la Luna queda unos centímetros más lejos y la Tierra tarda una fracción imperceptiblemente mayor en completar una vuelta sobre sí misma.

Fuente: Futura Science.

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