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Ciencia

Europa aprendió a fabricar eclipses solares: dos satélites de la ESA pueden crear miles sin esperar a la Luna

La misión Proba-3 de la Agencia Espacial Europea utiliza dos naves que vuelan separadas por unos 150 metros para bloquear artificialmente el Sol y estudiar su corona. En 2025 logró recopilar datos equivalentes a unos 4.000 eclipses naturales, algo imposible de conseguir desde la Tierra.
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Un eclipse solar total es uno de los fenómenos astronómicos más espectaculares que podemos observar. Para los científicos tiene además otra ventaja: durante unos minutos, la Luna bloquea el intenso brillo del Sol y permite estudiar su tenue corona, una región fundamental para comprender fenómenos como el viento solar y las eyecciones de masa coronal.

El problema es que los eclipses totales son escasos, breves y muchas veces ocurren sobre océanos o regiones difíciles de alcanzar.

La Agencia Espacial Europea encontró una solución bastante más práctica: fabricarlos en el espacio.

Su misión Proba-3 utiliza dos satélites capaces de alinearse con una precisión milimétrica para comportarse como una única nave gigantesca. Uno bloquea el Sol mientras el otro observa lo que normalmente queda oculto por su resplandor.

Una Luna artificial a 150 metros de distancia

Proba-3 está formada por dos naves: Occulter y Coronagraph.

La primera transporta un disco de 1,4 metros que bloquea la luz solar. A unos 150 metros de distancia, Coronagraph se coloca exactamente dentro de la sombra y utiliza el instrumento ASPIICS para observar la corona solar.

Lo extraordinario no es únicamente mantener dos satélites tan próximos, sino controlar su posición relativa con una precisión de alrededor de un milímetro durante horas. La ESA consiguió demostrar esta capacidad en 2025, convirtiendo a Proba-3 en la primera misión de vuelo en formación de precisión de este tipo.

Esther Bastida Pertegaz, ingeniera de sistemas de Proba-3, explica que para lograrlo fue necesario combinar varias tecnologías nuevas. Cámaras instaladas en una nave siguen luces LED situadas en la otra, mientras sistemas láser y enlaces de comunicación permiten refinar continuamente su posición.

Europa aprendió a fabricar eclipses solares: dos satélites de la ESA pueden crear miles sin esperar a la Luna
© ESA Extras – Youtube.

El equivalente a 4.000 eclipses en un año

La ventaja frente a un eclipse natural es enorme.

Las observaciones desde tierra duran apenas unos minutos. Proba-3, en cambio, puede realizar hasta unas seis horas de vuelo en formación alrededor del apogeo de su órbita, cuando la influencia gravitatoria terrestre permite mantener la configuración consumiendo poco combustible.

Según Sener, contratista principal de la misión, durante 2025 Proba-3 acumuló datos equivalentes a aproximadamente 4.000 eclipses solares.

Eso permite observar de forma prolongada una zona de la corona que resulta especialmente complicada de estudiar incluso para otros observatorios espaciales.

Uno de los satélites estuvo un mes prácticamente “dormido”

La misión también pasó por una prueba inesperada.

En febrero de 2026, una anomalía hizo que Coronagraph perdiera su orientación. Su panel solar dejó de apuntar correctamente al Sol, la batería comenzó a descargarse y la nave terminó entrando en un modo de supervivencia que interrumpió las comunicaciones con la Tierra.

Durante más de un mes los ingenieros trabajaron para recuperarla. El 18 de marzo volvió a enviar telemetría y, después de comprobar sus sistemas y corregir mediante software la causa del fallo, Proba-3 regresó al vuelo en formación. Para junio, la ESA confirmó que tanto la nave como ASPIICS estaban completamente operativos.

Europa aprendió a fabricar eclipses solares: dos satélites de la ESA pueden crear miles sin esperar a la Luna
© ESA Extras – Youtube.

La tecnología puede servir para mucho más que mirar el Sol

Proba-3 es también una demostración de algo que podría transformar futuras misiones espaciales: hacer que varias naves trabajen juntas con enorme precisión y de forma autónoma.

La propia ESA considera que muchas de estas tecnologías pueden servir como base para futuras operaciones de encuentro, proximidad y vuelo coordinado entre satélites.

Eso abre posibilidades para telescopios espaciales formados por varias naves, mantenimiento de satélites e incluso operaciones relacionadas con basura espacial.

Mientras desde la Tierra seguimos esperando que Sol, Luna y nuestro planeta se alineen correctamente, Europa ya encontró otra alternativa: colocar dos satélites a 150 metros de distancia y crear su propio eclipse cuando la ciencia lo necesita.

 

 

Fuente: Xataka.

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