Hay momentos de la era de los dinosaurios que conocemos gracias a miles de huesos y fósiles, mientras que otros permanecen prácticamente en blanco. Uno de esos vacíos corresponde al Coniaciano, un intervalo del Cretácico Superior situado aproximadamente entre hace 89,75 y 86,5 millones de años, del que se conserva muy poca evidencia de dinosaurios terrestres en Canadá.
Un nuevo descubrimiento acaba de abrir una ventana hacia ese período. Investigadores identificaron cerca de Tumbler Ridge, en el noreste de Columbia Británica, un conjunto de huellas que constituyen las primeras pisadas de dinosaurios documentadas en Canadá correspondientes a esa edad geológica. El estudio, publicado en Historical Biology, no solo incorpora nuevos fósiles al registro canadiense, sino que permite reconstruir quiénes recorrían un ecosistema del que hasta ahora sabíamos muy poco.
Dinosaurios herbívoros, carnívoros y posiblemente acorazados
Las huellas aparecieron en rocas pertenecientes a la formación Marshybank y presentan diferentes formas, lo que indica que por la región pasaron varios tipos de dinosaurios.
Las más abundantes poseen tres dedos anchos y redondeados y han sido atribuidas a ornitópodos, el amplio grupo de dinosaurios herbívoros relacionado con formas que posteriormente incluirían a los conocidos dinosaurios de “pico de pato”.
También se encontraron pisadas correspondientes a terópodos carnívoros, reconocibles por sus dedos más largos y estrechos y por la presencia de marcas producidas por las garras.
Un tercer tipo resulta más difícil de interpretar. Algunas huellas son redondeadas y muestran cuatro o cinco dedos poco definidos, características que podrían corresponder a anquilosaurios, los dinosaurios herbívoros protegidos por una poderosa armadura corporal. Las pisadas no permiten conocer con exactitud qué especies las produjeron, pero sí ofrecen información sobre los grandes grupos que compartían aquel territorio.
Hace 87 millones de años, Canadá era completamente diferente
El paisaje en el que quedaron impresas esas pisadas apenas se parece a la Columbia Británica actual. Durante el Coniaciano, una enorme extensión de América del Norte estaba cubierta parcialmente por un mar interior poco profundo.
En la región de Tumbler Ridge, varios ríos desembocaban hacia ese mar y construían progresivamente un delta. Las inundaciones depositaban capas de arena y barro sobre las llanuras, creando superficies blandas sobre las que caminaban los animales.
Algunas de aquellas huellas quedaron enterradas rápidamente por nuevos sedimentos y terminaron preservándose durante casi 90 millones de años como moldes naturales.
El ecosistema incluía ríos de corriente lenta, pantanos, lagunas someras y extensas áreas de vegetación. Entre las plantas predominaban coníferas, helechos y colas de caballo, aunque también había una presencia importante de angiospermas, las plantas con flores, que atravesaban entonces una profunda expansión evolutiva.
Los investigadores plantean que la proliferación de estas plantas pudo proporcionar a grandes herbívoros una fuente de alimento relativamente nutritiva y fácil de procesar, influyendo en la composición de las comunidades de dinosaurios de la región.
Las huellas están llenando un vacío de millones de años
La importancia del descubrimiento se explica también por una peculiaridad geológica. Buena parte de las rocas del Coniaciano preservadas en el oeste canadiense se formaron en ambientes marinos, por lo que contienen poca información sobre los animales que vivían en tierra firme.
Tumbler Ridge constituye una excepción porque conserva antiguos depósitos de deltas y llanuras costeras capaces de registrar huellas de dinosaurios y otros vertebrados.
Las pisadas tienen limitaciones: no proporcionan tanta información anatómica como un esqueleto y normalmente no permiten asignar una especie concreta. Sin embargo, pueden revelar presencia, desplazamiento y diversidad de animales en lugares donde los huesos simplemente no sobrevivieron.
En este caso, unas pisadas dejadas accidentalmente sobre barro hace casi 90 millones de años están permitiendo reconstruir un capítulo de la historia de los dinosaurios canadienses que hasta ahora permanecía prácticamente vacío.