La mansión Winchester. AP

En el a√Īo 1906, una mansi√≥n de Estados Unidos se hab√≠a convertido en la m√°s grande (y extra√Īa) del pa√≠s. La construcci√≥n contaba con 200 habitaciones, 10.000 ventanas, 47 chimeneas, 2.000 puertas, trampas y agujeros esp√≠a. La idea de su due√Īa era poder esconderse de una terrible realidad.

La mansi√≥n Winchester, una casa victoriana laber√≠ntica ubicada en San Jos√©, California, ha sido uno de los hogares m√°s espeluznantes de Estados Unidos. Concebida por la heredera, Sarah Winchester, y construida durante d√©cadas sin un verdadero plan, la casa contiene pasadizos ocultos, agujeros esp√≠a, pasillos torcidos, puertas que no conducen a ninguna parte, y aproximadamente esas 200 habitaciones, incluyendo una guarida en el √°tico que fue descubierta por el personal de la casa hace unos a√Īos.

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Interior y escaleras. Wikimedia Commons

Sarah Winchester hab√≠a heredado una gran fortuna debido a las famosas armas. Su suegro, Oliver Winchester, fabricante del famoso rifle repetidor, muri√≥ en 1880, y su esposo, Will, tambi√©n form√≥ parte del negocio de armas familiares como tesorero de la Winchester Repeating Arms Company, aunque muri√≥ un a√Īo despu√©s.

Imagen: AP

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Para qui√©n no lo conozca, el fabricante de armas de fuego fue una de las primeras empresas en producir fusiles en masa con la capacidad de disparar m√ļltiples rondas entre recargas. El popular Winchester modelo 1873 gan√≥ una reputaci√≥n como el ‚Äúarma que se gan√≥ a Occidente‚ÄĚ, ya que fue utilizada con frecuencia por los colonos extranjeros y los nativos americanos durante las guerras entre los indios del continente.

Uno de los ba√Īos. Wikimedia Commons

Con m√°s de 700.000 rifles producidos entre 1873 y 1916, las armas Winchester tuvieron un profundo impacto en la historia de Estados Unidos. Obviamente tambi√©n, la empresa familiar no solo ayud√≥ a fomentar esa cultura de armas existente en la actualidad, sino que provoc√≥ un n√ļmero incalculable de muertes.

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Imagen: AP

Después de fallecer su esposo, y de heredar un patrimonio de 20 millones de dólares (de principios del S.XX), Sarah utilizó la gran fortuna para encargar la infame mansión que lleva el nombre de su dinastía.

Vista exterior de la mansión. Wikimedia Commons

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Así fue como dedicó gran parte del dinero a levantar un edificio de lo más enigmático. La mujer construyó su casa con turnos de una veintena de carpinteros a los que les pagaba tres veces más y trabajaban las 24 horas del día, todos los días de la semana, desde 1886 hasta la muerte de Sarah, en 1922.

Lo hizo de forma compulsiva y obsesiva, construy√≥, demoli√≥ y reconstruy√≥. Winchester dibuj√≥ de forma apresurada dise√Īos en servilletas o papel para que luego los carpinteros construyeran adiciones, torres, c√ļpulas o habitaciones que no ten√≠an ning√ļn sentido ni prop√≥sito.

Azotea de la construcción. Wikimedia Commons

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En ocasiones, para cubrirlas al día siguiente con un muro. Sólo así se entiende que en 1975 los trabajadores descubrieran una nueva habitación. Tenía dos sillas, un altavoz de principios de 1900 que cabía en un viejo fonógrafo, y una puerta cerrada bajo una cerradura de 1910. Al parecer, Sarah se había olvidado de ella.

Con los a√Īos, los peri√≥dicos comenzaron a preguntarse la raz√≥n de aquella locura arquitect√≥nica. ¬ŅQu√© hab√≠a llevado a la rica heredera de los Winchester a levantar semejante fortaleza sin principio ni fin? Probablemente, ese coste de vidas humanas del negocio familiar le pesaba terriblemente a Sarah Winchester, o eso dice la historia.

Habitación de madera en el sótano. Wikimedia Commons

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La mansión se convirtió para los medios en un relato terrible con fantasmas y espíritus asesinados por las armas Winchester. De hecho, Sarah se aterrorizó de que sus desgracias, especialmente la muerte de su esposo y su hija de un mes, fueran una retribución cósmica de todos los espíritus asesinados por el negocio.

M√°s tarde se mezclaron historias. En los medios apareci√≥ un pariente que dijo que d√©cadas despu√©s, Sarah hab√≠a ca√≠do bajo el yugo de un m√©dium, quien le dijo que ser√≠a perseguida por los fantasmas de las v√≠ctimas de los rifles Winchester a menos que construyera, sin parar, como una forma de eludirlos. Atormentada por la conciencia de la fortuna que hab√≠a nacido de la sangre de muchos, y en busca de protecci√≥n, o quiz√°s la absoluci√≥n, Sarah vivi√≥ en la casi completa soledad, en una mansi√≥n dise√Īada, parad√≥jicamente, para ser perseguida, y no ser encontrada.

Libro sobre la historia del negocio Winchester. AP

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Lo cierto es que, debido a que Winchester era bastante exc√©ntrica, las historias sobre su vida fueron muy variadas, muchas de ellas absurdas. Dec√≠a Mary Jo Ignoffo, autora de la biograf√≠a 2010 biography Captive of the Labyrinth, que ‚Äúlos medios de comunicaci√≥n se convirtieron en chivos expiatorios de la rica viuda para aliviar esa culpa colectiva estadounidense por la proliferaci√≥n de armas de fuego mortales‚ÄĚ.

Sarah W. Wikimedia Commons

Por supuesto, hay relatos sobre la casa ‚Äúembrujada‚ÄĚ para todos los gustos, aunque no son m√°s que exageraciones o fabricaciones que han alimentado la leyenda. Sin embargo, detr√°s de estas historias hay una realidad m√°s aterradora: esa casa ‚Äúdel terror‚ÄĚ lo es porque fue construida gracias al dinero de miles de personas que se mataron con ellas.

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Peor a√ļn, se trata de un s√≠mbolo y una met√°fora perfecta de la singular obsesi√≥n de un pa√≠s. La historia de una heredera (de un fusil) a la que una naci√≥n coloc√≥ en el punto de mira ansiosa por exorcizar su culpabilidad por las muertes por armas de fuego. Desde luego, una realidad mucho m√°s espeluznante que cualquier casa embrujada. [Wikipedia, LATimes, CountryLiving, AtlasObscura]