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Ciencia

La NASA captó desde el espacio el “resplandor del norte” que se coló en latitudes impensadas. La actividad solar empieza a notarse en media Europa

Imágenes del satélite Suomi NPP de la NASA, tomadas con el instrumento VIIRS, muestran una aurora extendiéndose sobre el estrecho de Dinamarca, Islandia y el este de Canadá. La NOAA atribuye el fenómeno a tormentas geomagnéticas G1 y G2, impulsadas por el aumento de la actividad del Sol en los últimos dos años.
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Ver auroras boreales en Noruega o Alaska entra dentro de lo esperable. Verlas en Italia, España o Hungría ya no tanto. En los últimos meses, sin embargo, ese “resplandor del norte” se ha dejado ver en latitudes inusualmente bajas, y no solo desde tierra: la NASA lo ha documentado desde el espacio con una claridad poco habitual.

Las imágenes proceden del satélite Suomi NPP, que orbita la Tierra con instrumentos diseñados para observar tanto fenómenos atmosféricos como fuentes de luz nocturna. En este caso, el protagonista es el sensor VIIRS (Visible Infrared Imaging Radiometer Suite), cuya banda día-noche permite detectar desde ciudades iluminadas hasta la débil luminiscencia de una aurora en plena madrugada.

Qué vio el satélite (y por qué fue especial)

En la madrugada del 16 de febrero de 2026, VIIRS registró un arco luminoso sobre el estrecho de Dinamarca e Islandia, y poco después otro más al oeste, extendiéndose sobre Quebec y Terranova y Labrador, en Canadá. En las imágenes difundidas por la NASA, las auroras aparecen como franjas claras sobre el fondo oscuro del océano y las masas continentales.

Desde tierra, ese mismo episodio se tradujo en un cielo que parecía “encenderse” para observadores situados mucho más al sur de lo normal. Días antes, el 20 de enero, auroras fueron reportadas en varios países europeos donde rara vez se dejan ver, un indicio de que algo estaba empujando la frontera habitual del fenómeno.

El motor invisible: tormentas geomagnéticas

La NASA captó desde el espacio el “resplandor del norte” que se coló en latitudes impensadas. La actividad solar empieza a notarse en media Europa
© NASA Earth Observatory images / Michala Garrison.

La explicación no está en la atmósfera terrestre, sino en el comportamiento del Sol. Según el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA, los episodios coincidieron con tormentas geomagnéticas clasificadas como G1 y G2. Las G1 son las más leves en la escala, pero ya pueden hacer visible la aurora en latitudes altas. Las G2, de intensidad moderada, ocasionalmente empujan el espectáculo luminoso hacia regiones tan al sur como el norte de Estados Unidos.

En este caso, la NOAA vincula la intensificación a corrientes rápidas de viento solar procedentes de agujeros coronales, zonas del Sol donde el campo magnético se abre y permite que partículas cargadas escapen con mayor facilidad. Cuando esas partículas chocan con el campo magnético terrestre, son guiadas hacia los polos y excitan átomos de oxígeno y nitrógeno en la atmósfera, produciendo los clásicos tonos verdes, rojos y violáceos que vemos como auroras.

Por qué ahora se ven más al sur

La NASA captó desde el espacio el “resplandor del norte” que se coló en latitudes impensadas. La actividad solar empieza a notarse en media Europa
© NASA Earth Observatory images / Michala Garrison.

El trasfondo de estos eventos, indica la NASA, es el aumento de la actividad solar en los últimos dos años, a medida que el Sol se acerca a un máximo de su ciclo de aproximadamente 11 años. En estos periodos, las eyecciones de masa coronal y las corrientes de viento solar de alta velocidad se vuelven más frecuentes, y con ellas crece la probabilidad de que la magnetosfera terrestre reciba “empujones” suficientes como para expandir el óvalo auroral hacia latitudes medias.

No es solo un espectáculo visual. Incluso las tormentas geomagnéticas moderadas pueden provocar pequeñas perturbaciones en redes eléctricas o afectar ligeramente a operaciones satelitales, algo que la NOAA monitoriza de forma constante. El hecho de que la NASA pueda observar estas auroras desde órbita añade una capa más de vigilancia: permite correlacionar lo que ocurre en el espacio con lo que se ve en tierra casi en tiempo real.

Un recordatorio de que el cielo no es un decorado fijo

El “resplandor del norte” captado por Suomi NPP es, en el fondo, una postal de un sistema Sol-Tierra que está en permanente diálogo. Lo que parece un fenómeno poético es la huella visible de procesos energéticos que recorren 150 millones de kilómetros y acaban excitando átomos sobre nuestras cabezas.

Que esas luces hayan podido verse en dos continentes y en latitudes poco habituales no es una anécdota aislada, sino una señal de que entramos en una fase del ciclo solar donde el cielo nocturno puede volverse más impredecible. Y esta vez, además de mirar hacia arriba, también tenemos un ojo en órbita mirando el espectáculo desde fuera.

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