Saltar al contenido
Ciencia

Una ola de fuego solar viaja hacia nosotros. En las próximas horas impactará la Tierra y podría alterar las comunicaciones del planeta

El Sol, en su aparente calma, prepara otra sacudida. Una eyección de masa coronal se dirige hacia la Tierra a más de un millón de kilómetros por hora, y los científicos advierten que sus efectos podrían sentirse en los sistemas eléctricos y de navegación, pero también en el cielo: con auroras que se asomen mucho más al sur de lo habitual.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (1)

En las próximas horas, una tormenta solar golpeará la Tierra. No será la primera ni la última, pero sí una de las más intensas del año. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha emitido una alerta por una tormenta geomagnética de categoría G3, un nivel considerado fuerte en la escala que va de G1 a G5.

La agencia espacial estima que la eyección de masa coronal (CME) —una gigantesca nube de plasma y partículas cargadas— alcanzará nuestro planeta entre la noche del jueves y la mañana del viernes. Estas tormentas ocurren cuando el Sol libera una cantidad descomunal de energía, y esa radiación viaja por el espacio hasta toparse con el campo magnético terrestre.

A simple vista, puede parecer un fenómeno lejano. Pero sus efectos son tan tangibles como invisibles: interrupciones en las comunicaciones de radio, interferencias en las señales GPS y alteraciones en los sistemas de navegación o transmisión eléctrica.

La tormenta que viaja desde una estrella

Una fuerte tormenta solar se dirige a la Tierra. Podría provocar cortes en las comunicaciones y alterar los sistemas de navegación en las próximas horas
© FreePik.

Según el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA, la intensidad exacta de la tormenta dependerá de tres factores: la velocidad del viento solar, su fuerza magnética y la orientación del campo electromagnético que transporta. Hasta que la CME no sea registrada por la nave de observación ACE o DSCOVR, ubicada a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra, no se podrá calcular con precisión su impacto.

Estas nubes de plasma viajan a velocidades que pueden superar el millón de kilómetros por hora, y cuando chocan con la magnetosfera terrestre, producen una agitación de partículas que altera las corrientes eléctricas en la atmósfera superior. De ese choque nacen las auroras boreales y australes, esas luces que serpentean en el cielo como si la Tierra respirara luz.

Durante una tormenta G3, esas auroras pueden verse desde latitudes inusualmente bajas: en regiones del norte de Europa, Canadá e incluso en partes del norte de Estados Unidos.

El lado oscuro de la aurora

Una fuerte tormenta solar se dirige a la Tierra. Podría provocar cortes en las comunicaciones y alterar los sistemas de navegación en las próximas horas
© NASA, Public domain, via Wikimedia Commons.

El espectáculo visual es solo una cara de este fenómeno. La otra, más discreta, afecta las comunicaciones y la navegación. Las ondas de radio de alta frecuencia —utilizadas por aviones y embarcaciones— pueden sufrir interrupciones, especialmente en las zonas del planeta iluminadas cuando la tormenta alcanza la atmósfera.

Los expertos señalan que la mayoría de los sistemas modernos están preparados para resistir estas perturbaciones, pero una tormenta solar extrema —de categoría G5— podría causar daños severos en satélites, redes eléctricas y dispositivos electrónicos a gran escala.

Por ahora, el evento de esta semana no representa un riesgo grave, pero sí un recordatorio de lo frágil que es nuestra infraestructura tecnológica frente al pulso del Sol. La NOAA y la NASA monitorean el fenómeno en tiempo real, mientras astrónomos y observatorios esperan registrar auroras excepcionales en los próximos días.

Una advertencia desde el espacio

Una fuerte tormenta solar se dirige a la Tierra. Podría provocar cortes en las comunicaciones y alterar los sistemas de navegación en las próximas horas
© X / EnsedeCiencia.

Cada tormenta solar es, en cierto modo, un mensaje del Sol. Un recordatorio de que la Tierra sigue orbitando una estrella viva, impredecible y poderosa. En su superficie, las manchas solares se multiplican conforme avanza hacia el máximo de su ciclo de actividad, previsto para 2025.

La historia demuestra que una sola erupción masiva puede alterar el curso de la tecnología humana: basta recordar el evento Carrington de 1859, que incendió líneas telegráficas en todo el planeta.

Hoy, 166 años después, vivimos conectados por una red infinitamente más vulnerable. Y mientras el viento solar se aproxima, una verdad persiste: seguimos midiendo nuestra fragilidad a la luz del Sol.

Compartir esta historia

Artículos relacionados