Hace casi 50 años que la nave Voyager 1 de la NASA está en el espacio soportando las duras condiciones del espacio exterior. Mientras tanto, en tierra, los equipos intentan hallar cómo lograr que su añoso hardware siga activo. En el intento más reciente por mantener con vida a la Voyager, los ingenieros lograron devolver a la actividad a los viejos propulsores, que habían dejado de operar hace décadas.
Los ingenieros de la NASA revivieron a los propulsores de la nave Voyager 1 para usarlos como respaldo cuando la misión se desconecte para las actualizaciones de una antena de radio que se usa para las comunicaciones con las misiones en el espacio profundo, según revelaron esta semana. Los propulsores primarios de la Voyager dejaron de funcionar en 2004 después de la pérdida de energía de dos calentadores internos, pero el equipo logró reiniciar los propulsores mientras la nave espacial navega por el espacio interestelar a una distancia de 24,4 mil millones de kilómetros.
La Voyager 1 se lanzó en 1977, un mes después del lanzamiento de su sonda gemela, la Voyager 2. Ambas naves dependen de un conjunto de propulsores primarios que las mueven para que las antenas apunten siempre hacia la Tierra, con el fin de que envíen datos y reciban órdenes. Los propulsores ajustan la orientación de la nave, en tanto que otros propulsores controlan sus giros. Esos propulsores – los primarios y las unidades de respaldo – hacen girar la antena de la nave como si fuera un disco de vinilo y mantienen a cada uno de los Voyagers apuntando hacia una estrella que usan para orientarse en el espacio.
Para evitar atascamientos en los propulsores, los ingenieros alternan entre los primarios y los de respaldo, pero hace 20 años los propulsores primarios del Voyager 1 dejaron de funcionar y desde entonces la nave depende solamente de los de respaldo.
“Creo que en ese momento el equipo aceptó que no funcionaran los primarios porque los de respaldo funcionaban perfectamente”, declaró Kareem Badaruddin, gerente de la misión Voyager del Laboratorio de Propulsión Jet de la NASA. “Francamente, es probable que no creyeran que las naves Voyager siguieran funcionando durante 20 años más”.
Hechas para durar
Sin embargo, pasaron 20 años y las naves Voyager siguen allí, por lo que el equipo decidió volver a tratar de reparar los propulsores primarios de la Voyager 1. Los ingenieros de la misión tenían que hacerlo antes del 4 de mayo cuando se empezara a actualizar una antena de 70 metros de ancho que está en Canberra, Australia, y que forma parte de la Red del Espacio Profundo de la NASA. La pausa en las comunicaciones durará hasta febrero de 2026, con breves períodos de operación en agosto y diciembre. Esta antena de radio en particular es la única cuya señal es lo suficientemente potente como para enviar comandos a las Voyagers.
Será un prolongado período de silencio, y los ingenieros de la misión tenían que asegurarse de que la Voyager 1 pudiera arreglárselas sin ayuda. En caso de que fallaran los propulsores de respaldo, habrían tenido grandes dificultades y la misión se habría cancelado. Los propulsores dormidos podían encenderse automáticamente si la nave se aparta demasiado de su estrella guía, y eso podría dar lugar a una pequeña explosión.
El equipo volvió a estudiar el problema que podría haber hecho que dejaran de operar los propulsores primarios. “Empezaron a sospechar que un switch se había colocado en la posición equivocada debido a un inesperado cambio en los circuitos que controlan la provisión de calor de los calentadores. Si lograban cambiar la posición de ese interruptor, volviéndolo a su posición original, los calentadores podrían funcionar otra vez, y eso reactivaría los propulsores primarios, que se usarían si los de respaldo que se usan desde 2004 se atascan”.
El 20 de marzo los propulsores primarios volvieron a encenderse. “Se consideraban ya muertos, y era una conclusión legítima pero uno de nuestros ingenieros tuvo la idea de que tal vez esta otra causa posible era el problema, y se podía reparar. Fue otra salvada milagrosa para la Voyager”, dijo Todd Barber, jefe de propulsión de la misión.
Las sondas Voyager, las primeras naves espaciales en cruzar al espacio interestelar, han estado explorando la desconocida región durante casi 48 años. Al pasar cerca de Júpiter y Saturno, la Voyager 1 aportó datos para el descubrimiento de lunas como Thebe y Metis, y un nuevo anillo alrededor de Saturno. La NASA lanzó la Voyager 2 en trayectoria hacia los gigantes gaseosos del sistema solar Júpiter y Saturno, antes de ir a explorar los gigantes helados Urano y Neptuno.
Son los objetos fabricados por el humano que más lejos han llegado, y todo este tiempo se ha cobrado su precio. Tienen los días contados porque su energía proviene del calor que genera el plutonio en descomposición, convertido así en electricidad. Cada año las viejas naves espaciales pierden unos 4 vatios de energía. Para conservar esa energía, el equipo de la misión ha apagado todos los sistemas que se consideraron innecesarios, incluyendo algunos instrumentos científicos. Con este plan de conservación de energía los ingenieros de la NASA creen que las naves gemelas podrán operar hasta entrada la década de 2030, superando así sus bodas de oro en el espacio.