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Ciencia

La NASA logra observar una parte invisible del clima para descubrir qué ocurre en el Ártico y la Antártida

Dos pequeños satélites están permitiendo observar un fenómeno que permanece oculto para nuestros ojos: el calor que escapa desde las regiones polares hacia el espacio. Las imágenes de la NASA muestran cómo cambia esta energía entre el Ártico y la Antártida y ofrecen nuevas pistas sobre el equilibrio climático de la Tierra.
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Los polos están experimentando transformaciones que pueden tener consecuencias mucho más allá de sus propias fronteras. Ahora, una misión de la NASA consiguió convertir en imágenes parte de un fenómeno invisible: la radiación infrarroja que la Tierra libera hacia el espacio. Los resultados permiten observar de una manera diferente el comportamiento térmico del Ártico y la Antártida y comprender mejor su papel en el sistema climático global.

Una nueva mirada a los extremos de la Tierra

La NASA difundió un video elaborado a partir de información recopilada por dos pequeños satélites de la misión Prefire. Su objetivo es estudiar la energía térmica que abandona las regiones polares y que, al no pertenecer a la parte visible del espectro electromagnético, no puede ser percibida directamente por el ojo humano.

Las imágenes utilizan diferentes colores para representar las temperaturas superficiales. Los tonos azul oscuro corresponden a las áreas más frías, mientras que la escala avanza hacia colores más claros y finalmente rojos a medida que aumentan las temperaturas.

Más allá de mostrar un mapa térmico llamativo, los datos proporcionan a los investigadores una herramienta para estudiar con mayor precisión el intercambio de energía entre la superficie terrestre, la atmósfera y el espacio.

“Al medir el calor invisible que irradia desde los lugares más fríos de la Tierra, Prefire está ayudando a los científicos a comprender por qué los polos están cambiando tan rápidamente y qué podrían significar esos cambios para el resto del planeta”, explicó Chad Greene, glaciólogo del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

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©YouTube

El Ártico y la Antártida no se comportan igual

Aunque ambos territorios se encuentran en los extremos del planeta, sus condiciones son muy diferentes. Una de las principales razones es que están ubicados en hemisferios opuestos, por lo que sus estaciones se desarrollan en momentos diferentes del año.

En el Ártico, el invierno da paso al verano y, durante los meses más cálidos, pueden producirse importantes procesos de deshielo tanto en la tundra como en el hielo marino. Las temperaturas experimentan variaciones marcadas a medida que cambia la estación.

La Antártida presenta un escenario diferente. Incluso durante su verano, gran parte del continente permanece bajo temperaturas inferiores al punto de congelación. Cuando llega nuevamente el invierno, las condiciones se vuelven todavía más extremas y el descenso térmico es mucho más pronunciado.

Estas diferencias hacen que estudiar ambos polos sea fundamental para comprender cómo funciona el intercambio de energía en distintas condiciones ambientales.

El calor que normalmente permanece invisible

La misión Prefire se concentra en una zona particular del espectro electromagnético: el infrarrojo lejano. Se trata de una forma de radiación térmica que los seres humanos no pueden observar directamente.

Según los datos de la misión, esta región del espectro representa aproximadamente el 60 % de las emisiones térmicas que las regiones polares liberan hacia el espacio. Por eso, observarla puede aportar información que no estaba disponible con la misma precisión mediante otros instrumentos.

Los dos satélites CubeSats de Prefire cuentan con sensores capaces de registrar emisiones térmicas en longitudes de onda de aproximadamente entre 5 y 54 micrómetros. La misión presta especial atención a las longitudes superiores a 15 micrómetros, donde se encuentra buena parte del infrarrojo lejano.

Los instrumentos pueden detectar cambios que se producen desde escalas horarias hasta ciclos estacionales, permitiendo construir una imagen mucho más completa de cómo los polos pierden energía.

Una pieza clave del equilibrio energético

La energía que circula por el planeta forma parte de un complejo sistema conocido como balance energético de la Tierra. La superficie terrestre absorbe radiación procedente del Sol y posteriormente libera parte de esa energía en forma de radiación infrarroja.

La atmósfera y los océanos también desempeñan un papel fundamental porque transportan energía desde las regiones tropicales hacia latitudes más cercanas a los polos. Una parte de esa energía finalmente consigue escapar al espacio.

Precisamente ahí se concentra el interés de Prefire. Medir con mayor detalle cuánto calor abandona las regiones polares puede ayudar a comprender qué factores están modificando ese equilibrio.

Tristan L’Ecuyer, científico atmosférico de la Universidad de Wisconsin-Madison e investigador principal de la misión, señaló que numerosos procesos dependen de este movimiento energético, entre ellos los sistemas meteorológicos, los caudales de los ríos, las rutas marítimas y la estabilidad de las capas de hielo.

La posibilidad de observar directamente una parte del espectro que antes resultaba difícil de medir abre nuevas oportunidades para mejorar los modelos utilizados en predicciones meteorológicas y climáticas.

Lo que ocurre en los polos no se queda allí

El interés científico por estas mediciones va mucho más allá de conocer las temperaturas de las regiones más frías del planeta. Los polos cumplen una función importante en el sistema climático y cualquier modificación en su comportamiento puede repercutir sobre otros componentes de la Tierra.

La nieve y el hielo reflejan una cantidad considerable de radiación solar. Cuando estas superficies disminuyen, quedan expuestas zonas de tierra o agua que absorben una mayor cantidad de energía. Este cambio puede modificar el intercambio térmico y contribuir a nuevas transformaciones.

Además, los gases de efecto invernadero influyen directamente en este proceso. El dióxido de carbono y otros gases presentes en la atmósfera absorben parte de la radiación infrarroja emitida por la superficie terrestre, alterando el equilibrio entre la energía que llega al planeta y la que consigue escapar hacia el espacio.

Por eso, las imágenes obtenidas por Prefire no son únicamente una representación visual de temperaturas. Constituyen una nueva fuente de información para estudiar cómo están cambiando los polos y qué papel pueden desempeñar esas transformaciones en la evolución del clima global.

 

[Fuente: La Nación]

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