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La película que encendió la chispa de Stranger Things

Puede parecer imposible imaginar Stranger Things sin su mezcla de nostalgia ochentera, bicicletas, monstruos y niños enfrentándose a lo desconocido. Sin embargo, la serie de Netflix no habría existido tal y como la conocemos sin una película muy concreta estrenada en 2013. Una obra oscura, adulta y tensa dirigida por Denis Villeneuve que dejó una huella profunda en sus creadores.
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Denis Villeneuve antes de convertirse en un autor global

Hoy Villeneuve es uno de los directores más respetados del cine contemporáneo, pero en 2013 su nombre aún no era sinónimo de superproducciones ni de prestigio masivo. Tras el impacto crítico de Incendies, su salto internacional llegó con Prisioneros, un thriller áspero protagonizado por Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal.

La película fue tan intensa que originalmente recibió la calificación NC-17 en Estados Unidos, una etiqueta que prácticamente condena cualquier estreno comercial. Tras varios cortes, logró pasar a una clasificación R, lo que permitió que llegara a los cines y se convirtiera en un pequeño fenómeno.

Un niño desaparecido como punto de partida

Prisioneros gira en torno a la desaparición de dos niñas y al impacto devastador que ese vacío genera en una comunidad aparentemente tranquila. Esa idea —la angustia colectiva provocada por un menor perdido— fue la que impactó de lleno a Hermanos Duffer, que por entonces intentaban abrirse camino en la industria sin demasiado éxito.

Al verla, los Duffer tuvieron una revelación: esa historia tenía el potencial de expandirse mucho más allá de un largometraje.

De un thriller adulto a una serie sobrenatural

La pregunta fue tan sencilla como decisiva: ¿y si esta historia durase ocho horas?
A partir de ahí, los Duffer tomaron el esqueleto narrativo de Prisioneros —un niño desaparecido, una comunidad en crisis, un misterio que se vuelve cada vez más inquietante— y lo mezclaron con sus propias obsesiones: el cine de los 80, Los Goonies, Dungeons & Dragons, los experimentos secretos del gobierno y el terror fantástico.

El resultado fue Stranger Things, una serie que conserva el núcleo emocional de la película de Villeneuve, pero lo transforma en una aventura accesible, nostálgica y sobrenatural.

La confesión de los propios Duffer

Ross Duffer lo explicó con claridad en una entrevista con Rolling Stone:

“Cogimos la idea de un niño perdido y la combinamos con nuestras sensibilidades infantiles. Pensamos: ¿y si además hubiera un monstruo que se coma a la gente?”

En realidad, Stranger Things no fue una idea completamente nueva, sino la fusión de un concepto que los hermanos llevaban años rondando con la estructura dramática que encontraron en Prisioneros.

Netflix fue la única que confió

Antes de convertirse en uno de los mayores éxitos de la plataforma, Stranger Things fue rechazada por múltiples estudios. Solo Netflix vio el potencial de aquella mezcla tan poco convencional. El resto es historia: una serie que definió una era del streaming y se convirtió en uno de los fenómenos culturales más influyentes del siglo XXI.

Un legado inesperado

Curiosamente, Prisioneros también marcó otro hito: la segunda nominación al Óscar en la carrera de Villeneuve, gracias al trabajo de Roger Deakins como director de fotografía. Nadie imaginaba entonces que aquella película sombría sería el germen tanto de una carrera descomunal como de una de las series más icónicas de la televisión moderna.

A veces, las grandes historias nacen donde menos se espera. Y Stranger Things es la prueba perfecta de ello.

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