Primero llegaron las casas, los cultivos y las calles. Después llegó una de las mayores obras de ingeniería de Estados Unidos. Y finalmente llegó el agua.
St. Thomas desapareció.
El pequeño pueblo de Nevada quedó condenado cuando el Gobierno estadounidense decidió levantar la presa Hoover y transformar el río Colorado en el enorme lago Mead. Sus habitantes fueron abandonando sus propiedades mientras el embalse avanzaba lentamente. El 11 de junio de 1938, Hugh Lord, el último vecino, se marchó de su casa en una embarcación. Cuando el lago alcanzó niveles elevados, el antiguo pueblo llegó a quedar bajo unos 18 metros de agua.
Casi nueve décadas después, el paisaje cuenta una historia completamente opuesta.
El lago Mead acaba de caer hasta 317,1 metros sobre el nivel del mar, su nivel más bajo desde que comenzó a llenarse hace unos 90 años. El agua que una vez hizo desaparecer St. Thomas lleva décadas retrocediendo y ha dejado sus cimientos, escaleras y paredes nuevamente en mitad del desierto.
Antes de quedar bajo el agua, St. Thomas era un pueblo de 500 habitantes

La historia comenzó mucho antes de la presa Hoover.
St. Thomas fue fundado en 1865 por colonos mormones cerca de la confluencia de los ríos Muddy y Virgin. La fertilidad del terreno permitió desarrollar agricultura y, después de un primer abandono provocado por una disputa territorial y fiscal con Nevada, nuevos habitantes regresaron a partir de la década de 1880.
En su mejor momento vivían allí alrededor de 500 personas. Había escuela, oficina de correos, tiendas, iglesia, talleres y hasta una fuente de soda. Su posición también lo convirtió en una parada para quienes viajaban entre Los Ángeles y Salt Lake City.
Todo cambió en 1928, cuando Estados Unidos autorizó la construcción de la presa Hoover.
El futuro lago Mead ocuparía precisamente el valle donde estaba St. Thomas. Los residentes fueron indemnizados y comenzaron a marcharse mientras el embalse se llenaba a partir de 1935. Tres años después, el pueblo había dejado de existir.
El pueblo no acaba de reaparecer: lleva años avisando de lo que ocurre con el lago Mead

Hay un matiz importante en esta historia.
St. Thomas no ha emergido repentinamente en agosto de 2026. Las fluctuaciones del lago ya habían permitido ver sus restos anteriormente y, con la gran caída del nivel del Mead desde comienzos de este siglo, el antiguo pueblo terminó quedando completamente accesible a pie. El propio Servicio de Parques Nacionales mantiene actualmente un sendero para visitar sus ruinas.
Lo extraordinario ahora es el contexto.
El 7 de agosto, Lake Mead alcanzó los 1.040,4 pies de elevación, ligeramente por debajo del mínimo registrado en julio de 2022. A comienzos de agosto almacenaba aproximadamente un 27% de su capacidad, según datos del Bureau of Reclamation. Y los modelos federales indican que el nivel podría seguir descendiendo durante buena parte de 2026.
El pueblo que desapareció por demasiada agua ahora es una advertencia sobre su escasez
La ironía sería casi perfecta si el problema que representa no fuera tan serio.
El sistema del río Colorado proporciona agua a alrededor de 40 millones de personas en siete estados, territorios tribales y México. Décadas de sobreexplotación, sequía y temperaturas crecientes han reducido las reservas de Lake Mead y Lake Powell, mientras que el invierno pasado dejó el peor manto de nieve registrado en la cuenca del Colorado.
Por eso St. Thomas funciona hoy como algo más que un pueblo fantasma.
En 1938, Estados Unidos tuvo tanta capacidad para controlar el Colorado que construyó una presa gigantesca, llenó un valle y dejó una comunidad entera bajo el agua. En 2026, el problema es exactamente el contrario: falta tanta agua que aquel pueblo vuelve a estar en mitad del desierto.