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La revolución laboral silenciosa en China que puede cambiarlo todo en el resto del mundo

Unas pocas empresas chinas están empezando a romper con la cultura de jornadas maratonianas. Con políticas radicales como horarios de salida obligatorios o la eliminación de reuniones fuera de horario, podría estar gestándose un cambio laboral inesperado… pero aún hay dudas sobre cuánto durará esta transformación

Durante años, la cultura laboral en China ha estado marcada por horarios extremos, particularmente en sectores como la tecnología y la manufactura. El modelo “996” —trabajar de 9 a 9, seis días a la semana— se convirtió en símbolo de productividad… y de agotamiento. Pero algunas señales recientes apuntan a un giro sorprendente. ¿Está comenzando a cambiar la forma en que China trabaja?

Nuevas reglas, nuevas costumbres: las empresas que dicen “basta” al exceso

China Revoluciona El Mundo Laboral Conmenos Horas De Trabajo
© Unsplash – Eduardo Alexandre

Compañías como Midea, una gigante de electrodomésticos, han empezado a imponer horarios de salida obligatorios para su personal. A las 6:20 p.m., todos deben marcharse, y las reuniones fuera de horario están prohibidas. Incluso lo promocionan como una “nueva forma de vivir” en sus redes sociales, rompiendo con el modelo que durante años dominó el país.

Otras firmas como Haier o DJI también han tomado medidas, como reforzar la semana laboral de cinco días o exigir el cierre de oficinas antes de las 9 p.m. En redes sociales, trabajadores celebran estas nuevas políticas: “Ya no me preocupo por perder el último metro o por despertar a mi esposa al llegar tarde”, escribió un empleado de DJI.

Aunque no todas las empresas han comentado oficialmente sobre estos cambios, el entusiasmo visible entre los trabajadores sugiere que estas medidas, por modestas que sean, tienen un fuerte impacto emocional.

¿Por qué ahora? El papel de la legislación europea y la presión internacional

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© Unsplash – Christian Lue

Pese a lo que pueda parecer, estas iniciativas no han surgido solo del descontento interno. Analistas apuntan a un detonante externo: nuevas normativas laborales de la Unión Europea, que prohíben la importación de productos fabricados con trabajo forzado, incluyendo horas extras excesivas.

Las empresas que exportan, como Midea, están empezando a reaccionar para no perder contratos internacionales. La decisión de imponer límites estrictos al trabajo no solo es un gesto hacia sus empleados, sino también una estrategia para evitar sanciones o pérdida de mercados.

Además, el propio gobierno chino ha comenzado a presionar discretamente por un cambio. En marzo, un despacho oficial recomendó respetar las vacaciones y la jornada semanal de 44 horas, con la intención de fomentar el consumo interno como motor económico. Después de todo, un trabajador extenuado y sin tiempo libre difícilmente gasta más allá de lo esencial.

¿Una tendencia real o un espejismo?

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© Unsplash – Marc Mintel

A pesar del optimismo que generan estas medidas, no todos creen que sean sostenibles. Un empleado entrevistado por Reuters bajo condición de anonimato admitió que sigue “disponible las 24 horas” y ha sido convocado a reuniones incluso durante sus vacaciones. El temor a perder el empleo en un mercado laboral incierto hace que muchos acepten en silencio la sobrecarga.

Los datos refuerzan esa percepción. Según la Organización Internacional del Trabajo, en 2024 China tenía una media de 46,1 horas laborales semanales, muy por encima de Estados Unidos (38) o Japón (36,6). Datos oficiales chinos elevan esa cifra incluso más: 49,1 horas en enero de 2025, frente a 46,2 en 2022.

Las protestas visibles contra el “996” han sido escasas y puntuales, como las movilizaciones online de 2019 y 2021, o la polémica en 2023 con un ejecutivo de Baidu que exigía disponibilidad absoluta. Pero salvo excepciones como Tencent, que redujo horas extras en algunas divisiones, el cambio aún es más anecdótico que estructural.

Lo que está en juego: descanso, consumo y competitividad

Más allá del bienestar de los trabajadores, el debate tiene implicaciones económicas profundas. El gobierno necesita estimular el consumo para contrarrestar su dependencia de las exportaciones, especialmente en un contexto de mayores tarifas impuestas por EE.UU.. Para lograrlo, la población necesita más tiempo libre… y la certeza de que sus ingresos son estables.

Como resume Shujin Chen, economista de Jefferies: “Quieren que la gente se relaje más, que tenga más vacaciones y consuma más. Pero si no tienes ingresos suficientes o temes perder el trabajo, eso es muy difícil”.

China se encuentra en una encrucijada laboral. Por ahora, las nuevas políticas en empresas como Midea o DJI son más señales que cambios profundos, pero en un sistema tan rígido y exigente, incluso un pequeño desvío puede anticipar un giro más amplio y duradero. La verdadera pregunta no es si se está intentando un cambio, sino si ese cambio resistirá los vientos de una economía aún tensa.

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