“Tenía que ser gracioso para sobrevivir”
Stellan Skarsgård coincidió con Robin Williams en El indomable Will Hunting, la película que le dio a Williams el Óscar a Mejor actor de reparto. Durante un coloquio celebrado en Los Ángeles con motivo de una proyección del filme, el actor sueco recordó cómo era trabajar con él fuera y dentro del set.
“Cuando estaba a solas, era tranquilo, encantador y podía hablar de cualquier cosa”, explicó Skarsgård. Pero todo cambiaba cuando había más gente alrededor. “De repente se levantaba y empezaba a actuar. Era como si necesitara hacerlo para salvarse. Creo que eso lo aprendió en la escuela. Tenía que ser gracioso para sobrevivir”.
La frase resume una verdad incómoda: el humor no siempre nace de la alegría, sino de la necesidad.

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El acoso que marcó su forma de comunicarse
El propio Williams habló en varias ocasiones del bullying que sufrió durante su adolescencia. En una entrevista concedida en 1991, relató cómo pasó años en un internado masculino cerca de Detroit donde el acoso no era solo físico, sino también psicológico e intelectual. Aquella experiencia lo volvió más introvertido y desconfiado.
La comedia apareció entonces como un puente. “A través del humor encontré una manera de conectar con la gente”, explicó. No era solo una vocación artística: era una herramienta de supervivencia social. Convertirse en el gracioso le permitía controlar el entorno, anticiparse al rechazo y transformar la vulnerabilidad en aplausos.
Un actor incansable, incluso cuando la cámara ya grababa
El director Gus Van Sant, que moderaba el encuentro, recordó otro rasgo característico de Williams durante el rodaje: su obsesión por repetir tomas. “Siempre pedía una más. Quería probar todas las variantes posibles: rápida, lenta, alegre, triste, absurda…”.
Ese perfeccionismo no era solo profesional. También parecía responder a una necesidad constante de explorar emociones, de no dejar nada sin decir. En pantalla, esa intensidad se traducía en personajes profundamente humanos; fuera de ella, en un desgaste emocional difícil de sostener.
Se dice mucho y no creo que sea exagerada, la escena de El Indomable Will Hunting me parece magnífica.
La realidad y la vivencia más allá del conocimiento. pic.twitter.com/tIuUVSxDaA— Luis Barriales (@LuisBarriales) August 30, 2021
Una herida que otros supieron ver
Skarsgård no fue el único compañero que percibió esa fragilidad. Ethan Hawke, que trabajó con Williams en El club de los poetas muertos, confesó años después que le resultaba evidente el coste emocional de su carisma. “Todo ese poder tenía un precio”, dijo.
Williams murió en 2014 tras años luchando contra la depresión, la ansiedad y una enfermedad neurodegenerativa diagnosticada tardíamente. Su legado, sin embargo, sigue vivo no solo en sus películas, sino en la conversación pendiente sobre salud mental, humor y vulnerabilidad.
Cuando hacer reír no significa estar bien
El indomable Will Hunting fue un éxito rotundo: nueve nominaciones al Óscar y dos estatuillas, incluida la de Williams. Pero más allá de los premios, dejó algo más valioso: el retrato de un actor capaz de convertir su dolor en empatía.
Quizá por eso sus personajes siguen tocando algo tan profundo. Porque, como recordó Skarsgård, Robin Williams no era gracioso solo para entretener. Lo era para sobrevivir.
Fuente: SensaCine.