Unos 100 millones de años después de que se formara el sistema solar, un objeto del tamaño de Marte que se denominó Theia chocó con la Tierra y creó la Luna. Ahora tenemos una mejor idea del origen de ese objeto que colisionó con nuestro planeta.
En un trabajo de investigación publicado hoy en Science, investigaron las huellas isotópicas – la proporción o versiones de isótopos, elementos de un material – del hierro en rocas de la luna, la Tierra y meteoritos (meteoroides que llevan a nuestro suelo). Los resultados respaldan la teoría de que el objeto que impactó nació en el sistema solar interior, más cerca del Sol que el lugar donde se originó la Tierra.
Los hallazgos sugieren que Theia – que estaba en el sistema solar interior – eventualmente se desvió y colisionó con la proto-Tierra hace unos 4,5 mil millones de años. El violento impacto deformó a ambos cuerpos y derivó en la formación de la luna.
¿De dónde vino Theia?
La mayoría de los modelos de computadora que simulan la creación de la luna indican que nuestro satélite favorito está compuesto mayormente del material que originalmente pertenecía a Theia. Por lo tanto, si Theia tenía una huella isotópica diferente a la de la Tierra, también tendría que tenerla la Luna. Y eso importa porque las diferencias isotópicas pueden echar luz sobre el origen de un cuerpo planetario en el sistema solar.
Los análisis anteriores de rocas lunares, sin embargo, mostraban que la Tierra y la Luna tienen composiciones isotópicas casi indistinguibles para varios elementos. Esta “falta de diferencias isotópicas mensurables y la incertidumbre en cuanto al proceso que lo causó impedían determinar dónde se había formado Theia”, explican los investigadores. Formaba parte del equipo Timo Hopp, geocientífico del Instituto Max Planck de Investigaciones del Sistema Solar.
Llevaron a cabo nuevos análisis de alta precisión de los isótopos del hierro en muestras lunares y rocas terrestres, además de meteoritos de reservorios isotópicos (partes del sistema solar con composiciones isotópicas definidas) que podrían haber formado a Theia y a la Tierra. Se reveló entonces, una vez más, que la composición isotópica de nuestro planeta y de la Luna es idéntica. Pero los investigadores también encontraron que esta composición está en línea con la de los meteoritos no carbonáceos, materiales que la ciencia cree que se originaron en el sistema solar interior.
Es decir que tanto la luna como la Tierra probablemente se formaron en el sistema solar interior. Sin embargo, esa sola evidencia no bastaba para señalar con mayor certeza hacia los orígenes de Theia.
Más soleado que la Tierra
“Al combinar los resultados con los que se hicieron con otros elementos, pudimos calcular el balance de masa de Theia y la proto-Tierra”, explican en su estudio. Los cálculos de balance de masa les permitieron usar la composición isotópica actual de la Tierra para entender cuáles eran las firmas isotópicas originales del planeta y de Theia antes de la catastrófica colisión.
“Hallamos que todos los materiales componentes de Theia y la mayor parte de los de la Tierra [los que no son de Theia] se originaron en el sistema solar interior”, añadieron. “Nuestros cálculos sugieren que Theia podría haberse formado más cerca del sol, a diferencia de la Tierra”.
Aunque todo esto puede sentirse como alejado de nuestra vida cotidiana, el estudio sirve para entender mejor las dinámicas astronómicas que probablemente tuvieran participación en hacer de la Tierra el planeta que nutre la vida, y que además tuvieron un rol en poner a la Luna en nuestros cielos para inspirar a incontable cantidad de poetas y compositores románticos.
Los estudios relacionados llevados a cabo este año revelaron evidencia de la proto-Tierra que existía antes de este impacto cataclísmico. Antes la ciencia creía que la colisión y el paso del tiempo habían borrado los rastros de esta Tierra antigua. Pero el descubrimiento echó luz sobre los bloques constructores y el entorno del antiguo sistema solar, que contribuyeron a que se formara nuestro planeta.