El plástico ha transformado el mundo desde el siglo XX, pero su impacto ambiental ha provocado que millones de personas busquen alternativas más sostenibles. Una de las más populares son las botellas de agua reutilizables, vistas como una forma práctica de reducir el consumo de envases desechables.
Sin embargo, una investigación de la Universidad de Purdue ha revelado un problema que suele pasar desapercibido: estas botellas pueden convertirse en auténticos caldos de cultivo bacteriano cuando no se limpian correctamente. El estudio analizó 90 botellas recogidas directamente de estudiantes, comparándolas incluso con recipientes nuevos, y los resultados sorprendieron a los propios investigadores.
Bacterias en el interior y en el exterior
Para examinar el exterior de las botellas, los científicos aplicaron una prueba rápida de ATP, usada habitualmente en seguridad alimentaria. El veredicto fue contundente: todas las botellas, incluidas las nuevas, se clasificaron como “sucias”. El motivo está en el contacto constante con manos, teléfonos, teclados y superficies diversas, que transmiten microorganismos de manera continua.
El interior tampoco quedó libre de hallazgos preocupantes. Los análisis mostraron la presencia de bacterias comunes en ambientes húmedos, pero también de coliformes, un grupo usado como indicador de contaminación fecal. Según la normativa, no debería detectarse más de un coliforme por cada 100 ml de agua potable. En este estudio, un 25 % de las botellas superó ese límite y algunas alcanzaron cifras mucho más altas.
El propio líder de la investigación, Carl Behnke, lo resumió de forma contundente: “Más del 20 % de nuestras muestras tenían bacterias coliformes, que es materia fecal”.
El problema de las biopelículas
El crecimiento bacteriano en botellas reutilizables obedece a una combinación de tres factores inevitables: humedad, nutrientes y tiempo. La humedad está garantizada por el propio uso del recipiente, mientras que los nutrientes provienen de residuos de bebidas como refrescos, café con crema o isotónicas. Estos restos aportan azúcares, proteínas y grasas que favorecen la creación de biopelículas: estructuras bacterianas resistentes y adherentes que se fijan a las paredes internas.
Lo más preocupante es que estas biopelículas no desaparecen con un simple enjuague. Incluso el lavavajillas puede dejar zonas críticas sin limpiar, como las roscas, los sellos o las pajillas incorporadas. Una botella que no se desmonta por completo al lavarse se convierte en el lugar perfecto para que estas bacterias sobrevivan y se multipliquen.
El estudio sugiere que la clave está en la frecuencia y la calidad del lavado. Enjuagar rápidamente la botella no es suficiente; es necesario desmontarla por completo, usar cepillos adecuados para llegar a las zonas más estrechas y emplear detergentes capaces de romper las biopelículas.
Los investigadores recomiendan también evitar el almacenamiento prolongado de bebidas distintas al agua en estos recipientes y secarlos bien entre usos para limitar la humedad que favorece la proliferación bacteriana.
En definitiva, aunque las botellas reutilizables son una buena herramienta contra el plástico de un solo uso, el mensaje del estudio es claro: su sostenibilidad depende también de cómo las cuidamos.
[Fuente: Infobae]