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Ciencia

Las islas artificiales prehistóricas bajo aguas escocesas finalmente están revelando sus secretos

Las “crannogs” nunca fueron de fácil acceso pero gracias a un avance los investigadores ahora han podido explorarlas en mayor detalle
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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La idea de una isla artificial nos hace pensar en grandiosos terrenos flotantes que brindan soporte a la actividad humana moderna. Sin embargo, en la historia de la arqueología las islas artificiales son algo tan antiguo como la capacidad del ser humano de construir cosas. Y eso incluye a los centenares de islas artificiales que yacen debajo de las aguas de Escocia.

Las “crannogs” están construidas con madera y piedra. Como la mayoría está sumergida, lo que impedía que se las descubriera y explorara era principalmente la metodología requerida. Hasta que un equipo de arqueólogos del Reino Unido desarrolló una novedosa estrategia basada en la estereofotogrametría que registra el paisaje que hay por sobre el agua y por debajo de ésta como una imagen continua. Así, el equipo pudo investigar las crannogs con mayor precisión, según indica el trabajo publicado en Advances in Archaeological Practice.

Hay crannogs con una antigüedad confirmada de más de 5.000 años, lo que equipara a estos sitios con otros como Stonehenge. Los hallazgos también apuntan a una antigüedad mayor a la calculada anteriormente, y las investigaciones suponen que las estructuras se construyeron, utilizaron y reutilizaron entre la Edad de Hierro y el período postmedieval.

“Aunque no sabemos con exactitud por qué se construyeron estas islas, los recursos y el esfuerzo requerido para construirlas sugieren no solo que las comunidades capaces de lograrlo eran complejas, sino que estos sitios tenían un significado e importancia para ellos”, afirmó Stephanie Blankshein, autora principal del trabajo y arqueóloga de la Universidad de Southampton, en declaraciones.

Islas de piedra

Excavacion
© University of Southampton

Desde 2021, el proyecto Islands of Stone ha estado estudiando las crannogs en las Hébridas, donde hay 170 sitios conocidos, de los 550 registrados en Escocia.

Sin embargo, ya desde mediados de la década de 2010 se han estudiado estructuras similares, lo que sirvió para experimentar los desafíos que representa investigar y analizar sitios arqueológicos sumergidos.

“Se sitúan en el límite entre la tierra y el agua, por lo que las crannogs preservan estratigrafías complejas que brindan información sobre las ocupaciones y cambiantes paisajes hidrológicos”, indican los investigadores en su trabajo. Pero los métodos de estudio en tierra no funcionan en el agua, y los equipos geofísicos marinos no son adecuados para aguas con menos de 1 m de profundidad, según explicaron.

Poca profundidad

Descubrimiento
© University of Southampton

Se constituye así una “banda de vacío”, donde faltan datos, según indica el trabajo. El equipo decidió usar una versión modificada de la fotogrametría, método ya establecido para crear modelos 3D de paisajes al unir fotos 2D tomadas desde diferentes ángulos. En sí mismo, eso es lo que falta al investigar objetos sumergidos en el agua, según explicó Fraser Sturt, arqueólogo marino de Southampton.

“Los sedimentos finos, el movimiento de las aguas, la vegetación que flota y la luz reflejada o que distorsiona, son factores que afectan las imágenes bajo el agua”, dijo Sturt, coautor del estudio. “La fotogrametría es muy efectiva en aguas profundas, pero cuando hay poca profundidad, surgen los problemas que constituyen una conocida frustración para los arqueólogos”.

La solución que ingenió el equipo fue utilizar cámaras estéreo sumergibles, operadas por buzos en forma manual. Luego los investigadores compararon los datos resultantes con imágenes aéreas de drones, confirmando que todo coincidiera, y a partir de esta “estereofotogrametría” pudieron completar esos datos faltantes en el caso de una crannog del Neolítico (entre 10000 a.C. y 2000  a.C.), ubicado en el Loch Bhorgastail, Escocia.

Arquitectos de la prehistoria

La datación por radiocarbono ubicó este crannog del Loch Bhorgastail en el rango de los 5.000 años de antigüedad al menos. El análisis indica que comenzó siendo una plataforma circular de madera de unos 23 metros de diámetro, cubierta con madera de los bosques, y que unos 2.000 años después durante la Era Media de Bronce, se añadió otra capa de maderas y piedras a la isla. Finalmente, en la isla se observó otra fase de actividad durante la Era de Hierro, unos 1.000 años después.

En el sitio se encontraron cientos de piezas de cerámica del neolítico, lo que dio indicios de que el sitio había sido ocupado por humanos en esa época. Según Blankshein, algunas piezas tenían residuos de alimentos, lo que sugiere que las islas podrían haber sido puntos de encuentro para actividades comunitarias, como fiestas o banquetes.

Su trabajo continuará, buscando explicaciones más claras. En los últimos pasos del estudio el equipo evaluó si su nuevo método es escalable, y llegaron a la conclusión de que sí puede contribuir a mejorar y ampliar el estudio e investigación de las crannogs.

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