En los últimos meses, las intervenciones públicas de Donald Trump han dado lugar a una creciente preocupación en distintos sectores. Su forma de expresarse, las asociaciones confusas y las decisiones inesperadas están siendo analizadas con lupa. El psicólogo John Gartner ha decidido hablar sin rodeos sobre lo que él considera una señal inequívoca de deterioro cognitivo. Pero más inquietante aún, dice, es la reacción de quienes lo rodean.
Errores de lenguaje y confusión: señales que no pasan desapercibidas

Durante una entrevista y como cuenta Frankfurter Rundschau, Trump confundió Harlem con Harvard y terminó combinando ambas referencias en una narración incoherente. Para Gartner, esto no es anecdótico, sino un claro síntoma de demencia: una tendencia a conectar ideas irrelevantes sin sentido lógico. A esto se suman problemas recurrentes de pronunciación, donde palabras como “Missiles” se transforman en “Mishas” o “Christmas” en “Krishas”, errores conocidos como parafasias fonémicas, frecuentes en pacientes con deterioro neurológico.
Estas dificultades van más allá de simples lapsus lingüísticos: son indicadores clínicos de que algo más profundo podría estar ocurriendo. Y lo que más preocupa al especialista no es solo el contenido de sus palabras, sino la forma imprevisible en la que las dice.
Decisiones que parecen salir de la televisión
Otro rasgo alarmante, según Gartner, es la tendencia de Trump a basar decisiones en estímulos recientes. Tras ver en televisión la película La fuga de Alcatraz, anunció al día siguiente su intención de reabrir esa prisión. Este patrón sugiere que su capacidad de análisis está siendo sustituida por impulsos inmediatos.
Además, su uso constante de superlativos vacíos como “increíble”, “histórico” o “trascendental”, sin aportar detalles, sería también un mecanismo compensatorio común en personas con pérdida cognitiva, que se refugian en expresiones emocionales sin contenido concreto.
Una mezcla peligrosa: deterioro cognitivo y rasgos narcisistas

Gartner va más allá al afirmar que Trump no solo muestra señales de demencia, sino también de un trastorno narcisista maligno, una combinación de narcisismo extremo, paranoia, rasgos sociopáticos y conductas sádicas. Esta mezcla lo haría aún más impredecible, impulsivo y difícil de confrontar.
En su entorno, según Gartner, reina un sistema de miedo: nadie se atreve a corregirlo, ni siquiera cuando su juicio claramente falla. La sumisión generalizada permitiría que su poder se mantenga intacto, incluso ante una evidente pérdida de capacidades.
El llamado de los expertos y el dilema del silencio
Pese a la gravedad de los síntomas que describe, Trump sigue teniendo libertad política absoluta. ¿Por qué nadie actúa? Gartner apunta tres razones clave: su imagen pública de “líder fuerte”, la complicidad de quienes se benefician de su poder y el temor de enfrentarlo abiertamente.
Por eso fundó la iniciativa Duty to Warn, respaldada por más de 3.000 profesionales de la salud mental que desafían la norma conocida como Regla Goldwater —la cual prohíbe diagnósticos públicos sin evaluación directa—, apelando en su lugar a un deber ético de advertir a la ciudadanía.