La epilepsia no es algo que por lo general relacionamos con regiones geográficas en particular, pero un nuevo trabajo de investigación parece sugerir que se ha pasado por alto una conexión, al menos en Estados Unidos.
El trabajo halló que hay partes de EE.UU. donde la tasa de epilepsia es mucho más alta que en otros lugares. Los investigadores analizaron los datos de Medicare de estadounidenses mayores de 65 años en todo el país. Los adultos mayores tenían más probabilidades de que se les diagnosticara epilepsia si vivían en el sudeste de EE.UU., según lo que encontraron. Y eso sugiere que la región podría tener factores de riesgo que en particular contribuyen a que la tasa sea mayor, sea a causa del clima más caluroso o a que hay mayor disparidad en la atención médica en general.
“Las condiciones sociales y ambientales que son modificables a nivel local podrían contribuir a la incidencia de la epilepsia en los adultos mayores, y eso podría ayudar a que los esfuerzos de prevención se adapten según el lugar”, escribieron los autores del trabajo publicado este mes en JAMA Neurology.
La franja de la epilepsia
La epilepsia se caracteriza por actividad eléctrica inusual en el cerebro, que causa convulsiones recurrentes. Hay muchas causas diferentes y distintas formas de epilepsia, pero se sabe que hay grupos poblacionales con mayores probabilidades de sufrirla, incluyendo a los adultos mayores.
Aunque en estudios anteriores se encontró que la prevalencia de la epilepsia diagnosticada pueden diferir entre regiones del mundo y de los EE.UU. los científicos que llevaron a cabo este nuevo estudio dicen que han trazado el primer mapa que muestra la frecuencia con que la epilepsia afecta a los estadounidenses mayores a nivel nacional.
Los investigadores pertenecen al Instituto Metodista de Investigaciones de Houston en Texas, y a la Universidad Case Western Reserve de Ohio. Analizaron los datos de Medicare de entre 2016 y 2019, y se centraron en los casos de epilepsia diagnosticados en 2019. Ese año hubo 20.000 nuevos diagnósticos, y la incidencia de la tasa de epilepsia varió mucho entre distintas regiones de los EE.UU.
Encontraron que las tasas más elevadas se daban en estados del sudeste como Louisiana, Mississippi y Texas. Los investigadores también identificaron varios factores que parecían correlacionarse con la epilepsia en esta “franja de epilepsia”, según dieron en denominarla. Las tasas de sueño insuficiente eran mayores en Louisiana, Alabama y Georgia, por ejemplo. Los estados sureños con más días de calor extremo en el año y estados como Texas y Florida con tasas más altas de gente sin seguro médico (los jóvenes sin seguro son los que más probablemente no acudan a la consulta médica, y eso podría demorar el diagnóstico).
A pesar de que algunos de estos factores se entienden como un claro aumento del riesgo de sufrir epilepsia, como sucede con la falta de sueño, hay potenciales causas que no han recibido tanta atención.
“Este es el primer estudio que documenta una fuerte relación entre el calor extremo y la incidencia de epilepsia en adultos mayores en EE.UU., lo que destaca la importancia del cambio climático en cuán preparados estemos para las emergencias, en especial porque la longevidad está en aumento”, dijo Siran Koroukian, profesor del Departamento de Ciencias de la Población y Salud Cuantitativa en la Facultad de Medicina de la Universidad Case Western Reserve.
Lo notable es que se trata de la misma región de EE.UU. con tasas más elevadas de accidentes cardiovasculares, por lo que los investigadores llaman a la región “franja del accidente cardiovascular”. Como los accidentes cardiovasculares son un importante factor de riesgo de la epilepsia, también es probable que esto contribuya a que haya nuevos casos.
Áreas para mejorar
Se calcula que hay unos 3 millones de adultos estadounidenses que viven con epilepsia. Aunque la afección hoy no es curable en la mayoría de los casos, sí se puede tratar efectivamente con medicación, cirugía y con la gestión de los potenciales disparadores.
Los investigadores esperan que sus hallazgos contribuyan a mejorar los esfuerzos de prevención y mitigación de la epilepsia en diversas intervenciones de la salud pública en las áreas del país donde los factores de riesgo son más elevados.
“Eso podría incluir mejorar la salud del sueño, la resiliencia ante el calor, y reducir las barreras relacionadas con el transporte y la atención de la salud”, indican en su trabajo.