28 de junio de 2003 en un chat de Internet. Dos personas mantienen una conversaci√≥n hasta que uno de ellos pregunta: ‚Äú¬ŅQuieres que lo lleve al centro y lo mate delante de todos? ¬ŅEso es lo que quieres?‚ÄĚ. La respuesta no se hizo esperar: ‚ÄúS√≠‚ÄĚ.

Menos de 24 horas despu√©s de aquel enigm√°tico mensaje, un ni√Īo de 14 a√Īos estaba gravemente herido en un hospital de Manchester con heridas de arma blanca. Una en el t√≥rax, m√°s o menos leve, y otra en el abdomen, esta segunda de varios cent√≠metros de profundidad, tanto, que le hab√≠a perforado el ri√Ī√≥n y el h√≠gado y requiri√≥ la extracci√≥n de la ves√≠cula biliar.

De hecho, el joven John estuvo muy cerca de morir en la mesa de operaciones del Hospital Wythenshawe, hasta en dos ocasiones. La sangre se acumul√≥ dentro de la cavidad corporal del peque√Īo, restringiendo el movimiento de su diafragma, lo que detuvo el funcionamiento de los pulmones. Durante d√≠as se recost√≥ sobre un respirador, tratado con analg√©sicos y antibi√≥ticos, y apenas sin poder hablar.

Seg√ļn cont√≥ a los medios el inspector jefe Julian Ross que llevaba el caso:

Estamos ante un ataque sin sentido y no tenemos idea de por qué ha sucedido. La investigación está en curso.

Una semana despu√©s, de las primeras cosas que John pidi√≥ cuando se recuper√≥ fue ver a un psiquiatra. Mientras, la polic√≠a se encontraba en un extra√Īo rompecabezas. Lo que en un principio parec√≠a un intento de robo violento, carec√≠a de sentido viendo las im√°genes de seguridad del centro comercial donde se cometi√≥ el ataque.

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Imagen: PxHere

Aquella tarde John hab√≠a acudido al centro con su amigo Mark (de 16 a√Īos), de hecho, fue Mark quien qui√©n llam√≥ a una ambulancia despu√©s de que su amigo fuera aparentemente atacado por un tipo que vest√≠a una chaqueta negra con capucha y vaqueros oscuros en un callej√≥n del recinto. Sin embargo, cuando los investigadores examinaron las im√°genes de seguridad, se dieron cuenta de que la historia era inveros√≠mil.

Lo que veían: a Mark y John que desaparecían ellos dos solos por el callejón sin salida, pero en el plano no entraba nadie más, ni rastro del hombre con capucha. Poco después encontraron la prueba del puzzle que les faltaba: una cámara de circuito cerrado en la base del callejón que había registrado todo el tráfico peatonal. Cuando los chicos desaparecieron, la cámara giró y los siguió.

Tras analizar las imágenes la policía lo tenía claro: arrestó a Mark por intento de asesinato.

Horas despu√©s acudieron al hospital y presionaron a John para que contase la verdad. El chico finalmente admitir√≠a, de mala gana y solo despu√©s de cambiar su historia varias veces, que efectivamente fue su mejor amigo, Mark, quien lo hab√≠a apu√Īalado, aunque John dijo que no ten√≠a idea de por qu√© lo hab√≠a hecho.

Greater Manchester
Imagen: Doc Searls (CC BY-SA 2.0)

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Ni Mark ni John son los nombres reales de esta historia verídica. Las autoridades británicas quisieron salvaguardar el futuro de los menores con ambos pseudónimos. Un juicio histórico, en un caso que no había hecho más que comenzar.

Unas semanas después, la analista de la policía de Greater Manchester, Sally Hogg, parece haber encontrado algo en una sala de chats para adolescentes en MSN. Al parecer, una chica llamada Rachel había iniciado una sesión y terminaba pidiendo un asesinato a otro usuario.

Cuando los detectives examinaron los ordenadores de ambos chicos tuvieron que modificar por completo el ‚Äúqui√©n es qui√©n‚ÄĚ de esta historia. Tras investigar m√°s de 58.000 l√≠neas de texto, tan solo una fracci√≥n del total, el caso hab√≠a cambiado por completo.

El chat de MSN

Imagen: Dominio

Meses antes del ataque, John hab√≠a entrado por primera vez al chat de MSN, aunque no lo hizo bajo su propio nombre, sino como una joven adolescente de 16 a√Īos llamada Rachel W. A trav√©s de este personaje, al que le a√Īadi√≥ una imagen falsa de una joven atractiva, se present√≥ a Mark, quien r√°pidamente pareci√≥ enamorarse de la chica, y la chica (John en realidad), se estaba enamorando de Mark.

Poco después, John emergió repentinamente en la sala de chat como él mismo (diciendo que era el hermano de Rachel), y a estos dos les siguieron otros alter egos como Lyndse, Rachel, Kevin, Dave o Janet. Estos personajes creados por John tenían sus propios problemas: una chica en apuros, un chantajista homosexual, una espía británica muy importante o un violador y asesino, y todos se registraron regularmente y charlaban con Mark, que se encontraba por aquel entonces cautivado y horrorizado por el mundo que estaba conociendo.

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Estos personajes ten√≠an deseos que se expresaban de manera franca, ardiente o amenazadora, seg√ļn lo justificara la ocasi√≥n. El mundo de Mark, hasta entonces de lo m√°s normal y marcado principalmente por la pasi√≥n al f√ļtbol que le inculc√≥ su padre, de repente estaba volcado en exclusividad por aquello que pasaba dentro del chat, por saber m√°s sobre esos nuevos ‚Äúamigos‚ÄĚ de vidas tan dispares con los que hablaba a trav√©s de la pantalla.

Mark era hijo √ļnico de padres de clase trabajadora, y el joven siempre hab√≠a sido educado y respetuoso. John dir√≠a m√°s tarde a los psic√≥logos que Mark le hab√≠a declarado que era ‚Äúcomo un hermano‚ÄĚ, aunque result√≥ que era mucho m√°s que eso. Detr√°s de la pantalla del ordenador, John era la propia deidad personal de Mark.

Imagen: PXHere

Para el mes de abril de 2003, Mark se había enamorado tanto del personaje de Rachel, a quien John había equipado con su propia dirección de correo electrónico, que su creador se puso nervioso. Mark estaba, tal y como le dijo a John, enamorándose de la chica, tratando incesantemente de concertar una cita con ella. Había que hacer algo para prevenir el momento de la verdad, pensó John.

Como Mark descubrir√≠a poco despu√©s en el chat, Rachel, junto con su ‚Äúhermano‚ÄĚ John, se encontraban en un estado de peligro constante, amenazada con el secuestro y la violaci√≥n por parte de un autoproclamado acosador homosexual llamado Kevin, el cuarto personaje de John.

Para evitar semejante tragedia, le dijeron a Mark que tenía que masturbarse frente a la cámara web, hecho que, aunque carecía de sentido en la vida de cualquier adulto, no así en la de Mark, quién acabó complaciendo al acosador. Tal y como encontró registrado en el chat la policía, Rachel le dijo a Mark:

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Rachel: ¬Ņte masturbas en la c√°mara para ellos?

Mark: ¬ŅQu√© otra cosa puedo hacer?

Rachel: No tienes que hacer nada por mí.

Mark: Lo hago Rach. Lo hago.

Cuando el joven pas√≥ por la humillante tarea de masturbarse frente a la c√°mara web, ‚ÄúKevin‚ÄĚ secuestr√≥ a su novia, la viol√≥ y finalmente la asesin√≥. Por supuesto, nada de esto estaba ocurriendo realmente, pero Mark, el chico de 16 a√Īos, ya estaba traumatizado. De hecho, John admitir√≠a m√°s tarde que sab√≠a exactamente cu√°nto hab√≠a traumatizado a Mark al dise√Īar la muerte de Rachel y permitir que el asesino aparentemente describiera sus √ļltimos momentos al joven.

As√≠ fue como, devorados ambos por un mundo ficticio, apareci√≥ un nuevo personaje en el chat creado por John: Janet Dobinson, una llamativa agente del servicio secreto. Las conversaciones analizadas en la investigaci√≥n ofrec√≠an un perfil ‚Äúalto‚ÄĚ para la se√Īora Dobinson. Un ejemplo en un chat con Mark:

Janet: Tengo a la reina por el teléfono

John: No te ofendas pero, ¬Ņqu√© est√° haciendo?

Janet: Eso posiblemente sea el mayor secreto del Reino Unido‚Ķ creo que puedo confiar en ti‚Ķ ¬Ņser√≠a posible que nos vi√©ramos y te lo cuento?

Al igual que otros personajes que aparecieron en aquellos meses por el chat, Dobinson también se interesó por la actividad sexual de John a través de la cámara web.

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Por aquellas fechas, tanto John como Mark comenzaron a verse físicamente, convirtiéndose en los mejores amigos. Sin embargo, en muy poco tiempo John sintió que Mark tenía muchas más habilidades sociales que él en el mundo real.

Imagen: PXHere

A menudo se le acercaban chicas, mientras que la destreza que John había mostrado en la red, fuera no le servía de nada. De esta forma, la mente del joven comenzó a idear un final para todo, un final donde terminaría con su propia vida.

La conversaci√≥n crucial en la sala de chat tendr√≠a lugar el 28 de junio de 2003 entre Mark y la ‚Äúesp√≠a‚ÄĚ Dobinson:

Dobinson: Llévalo hasta el centro y mátalo delante de todos

Mark: ¬ŅQu√© muera as√≠, en medio de todo?

Dobinson: Sí, por favor!

Mark: pero eso es lo que pasaría..-

Dobinson: ¬ŅTe lo preguntar√≠a si no fuera importante?

Mark: entiendo

Dobinson: en trafford center o manchester

Mark: ¬ŅQuieres que lo lleve al centro y lo mate delante de todos? ¬ŅEso es lo que quieres?.

Dobinson: si

Mark: y simplemente dejarlo morir en el centro de trafford?

Dobinson: no te quedes con él.

Mark: ¬ŅQu√© hago entonces? ¬ŅConsigo ayuda?

Dobinson: conseguiré ayuda para ti

Dobinson: ¬ŅPodr√≠as apu√Īalar a alguien?

Mark: realmente no lo he pensado

Dobinson: bueno, piensa por favor

Mark: ok, ehmmm, bueno, he visto muchas películas

Dobinson: vuelvo en 10 minutos. Piénsalo mientras tanto

Mark: Sí, puedo. Ahí está mi respuesta

Dobinson: cambio de planes, alguien us√≥ un cuchillo para apu√Īalarlo con un guante y dices que se lo sacaste

Mark: ok, pero solo tendr√°n un juego de huellas dactilares?

Dobinson: el otro llevaba guantes

Mark: ok

Dobinson: 6969 será el código para abortar la misión, de acuerdo?

Mark: ok

Dobinson: debes parar todo con el 6969

Imagen: Pexels

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¬ŅQu√© demonios estaba ocurriendo? Al parecer, John, haci√©ndose pasar por la esp√≠a Dobinson, inform√≥ a Mark que su amigo estaba deprimido y pas√°ndolo muy mal porque ten√≠a un tumor cerebral terminal que crec√≠a lentamente. Aunque tr√°gico para John, la condici√≥n del chico tambi√©n ten√≠a consecuencias devastadoras para el servicio secreto brit√°nico, que necesitaba que John muriera, explic√≥ Dobinson.

¬ŅPor qu√© y de forma tan r√°pida? ‚ÄúAhora no estoy en una posici√≥n de decirte por qu√©‚ÄĚ, le contest√≥ Dobinson. en cambio, s√≠ le dijo que John val√≠a exactamente 568 billones de libras. Tambi√©n le explic√≥ a Mark que en el fondo del Oc√©ano Atl√°ntico hab√≠a una ‚Äúenorme caja fuerte‚ÄĚ que conten√≠a ‚Äúlas joyas m√°s ricas del mundo‚ÄĚ. El acceso a dicho cofre estaba disponible solo a trav√©s de John. ¬ŅY la combinaci√≥n? La ten√≠a en su cabeza.

Mark le pregunt√≥ a Dovinson si aquello no ser√≠a un asesinato, a lo que la ‚Äúesp√≠a‚ÄĚ le respondi√≥ que en este caso no lo era porque estaba justificado por el gobierno. Adem√°s, Dobinson le promet√≠a recompensas extraordinarias por su servicio a la Corona: 80 millones de libras, algunos favores sexuales, y una carrera en el servicio de inteligencia cimentada con un gran contrato.

A Mark le dio el n√ļmero 47600 y le orden√≥ ‚Äúterminar‚ÄĚ con la vida de su amigo. Unas horas m√°s tarde, John escrib√≠a bajo su propio nombre a Mark confirm√°ndole su condici√≥n supuestamente fatal:

Recibí una carta hoy, de mi doctor... cuando entré hace unas semanas porque estaba deprimido y me cago ... tengo un tumor cerebral, es grande.

Resolución de un caso histórico

Imagen: Pixabay

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En octubre de 2003, tres meses despu√©s del arresto y la detenci√≥n de Mark, las autoridades descubrir√≠an que alguien con el nombre de Dobinson se conect√≥ al port√°til de John con una contrase√Īa en un momento en que solo John estaba en casa.

Sally Hogg fue directamente al fiscal con la noticia. √Čl, a su vez, acudi√≥ al juez Maddison. No hab√≠a un solo adolescente a quien acusar en el intento de asesinato de John, hab√≠a dos. El segundo era el mismo John.

Ese mes, el ni√Īo fue arrestado por la polic√≠a minutos antes de ir a la escuela. La joven ‚Äúv√≠ctima‚ÄĚ se convert√≠a as√≠ en la primera persona en el Reino Unido en ser condenada por incitar a su propio asesinato.

Las ficciones creadas por John, entonces de 14 a√Īos, convencieron a Mark de que estaba asesinando a alguien que ten√≠a un tumor cerebral terminal. Le dijeron que su recompensa ser√≠a dinero, un trabajo como agente del servicio secreto brit√°nico y el sexo con la esp√≠a, quien cre√≠a que era una mujer de mediana edad.

Mark se declar√≥ culpable de intento de asesinato, recibi√≥ una orden de supervisi√≥n de dos a√Īos y se le prohibi√≥ cualquier contacto con John. John, por su parte, se declar√≥ culpable de pervertir el curso de la justicia e incitaci√≥n a su propio asesinato. Le dieron una orden de supervisi√≥n de tres a√Īos, le prohibieron cualquier contacto con Mark y le dijeron que solo deb√≠a acceder a Internet bajo la supervisi√≥n de un adulto. Por supuesto, ten√≠a prohibido entrar a las salas de chat. Como expres√≥ el juez Maddison del caso:

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Los escritores expertos de ficci√≥n luchar√°n por conjurar una trama como la que surge aqu√≠. Es asombroso tratar un caso que surge de la invenci√≥n de personalidades falsas de un ni√Īo de 14 a√Īos, con relaciones imaginadas y eventos arreglados para su propio asesinato.

Luego se dirigió a Mark:

Fueron tan convincentes los personajes que te presentaron que realmente creíste que el Servicio Secreto te había reclutado para matar a tu coacusado y enfrentar las consecuencias si no lo hicieras.

Y a John:

El resultado final es que usted debe ser condenado por la ofensa extraordinaria de incitar a otra persona para asesinarlo y una ofensa adicional de pervertir el curso de la justicia.

Maddison agreg√≥ que, en circunstancias normales, los delitos cometidos habr√≠an resultado en penas de prisi√≥n extremadamente largas. ‚ÄúPero estas no podr√≠an describirse como circunstancias normales, jam√°s. Cada uno de los chicos fue v√≠ctima del otro‚ÄĚ, dijo el juez.

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El caso no solo supuso una hist√≥rica interpretaci√≥n de las acusaciones en el pa√≠s, tambi√©n fue la primera piedra para que las autoridades comenzaran una serie de acciones de monitoreo estrictas en los chats del pa√≠s. Aquel 2004 en Reino Unido tuvieron constancia de algo que se ha ido repitiendo con el paso de los a√Īos: la doble cara de las redes sociales para los m√°s peque√Īos y el foco que hay que poner cuando a√ļn est√°n en ciertas edades.

Seg√ļn un estudio de Cornell, frente a la empat√≠a virtual con los ‚Äúnuevos‚ÄĚ amigos online, las herramientas de socializaci√≥n que aprenden, la diversidad o incluso la mejora de la autoestima, surgen otros desaf√≠o con los que un cr√≠o quiz√°s no deber√≠a lidiar. La adicci√≥n, distracci√≥n o engendrar el narcisismo a tan temprana edad puede acabar en c√≥ctel explosivo como el caso de Manchester.

Que se sepa, John y Mark, hoy de 29 y 31 a√Īos respectivamente, nunca m√°s se han vuelto a ver. Aunque John, suponemos, s√≠ tendr√° v√≠a libre para acceder a cualquier chat y comenzar un nuevo relato paralelo a su vida.