Sumergirse en agua helada se ha convertido en un fenómeno viral. Prometida como fuente de energía, fortaleza mental y recuperación física, esta práctica ha salido del ámbito deportivo para instalarse en spas, hogares e incluso en retos virales. Pero, ¿cuánto sabemos realmente sobre sus efectos? Expertos en salud han lanzado una advertencia que no deberías ignorar.
Un fenómeno en ascenso… con fisuras
Cada vez más figuras públicas, desde atletas hasta celebridades, se graban en bañeras repletas de hielo proclamando sus beneficios casi mágicos. El mercado global de baños de hielo, valorado en más de 300 millones de dólares, parece consolidar esta moda.
Sin embargo, según una revisión en The Conversation, la realidad es más compleja. Aunque pueden aliviar ligeramente el dolor muscular tras el ejercicio intenso, los efectos positivos son pasajeros. Y muchas otras promesas —como el aumento de la testosterona o mejoras en la salud mental— carecen de evidencia científica sólida. En la mayoría de los casos, se basan en anécdotas y se difunden por redes sociales sin ningún control.

Riesgos invisibles pero reales
Más allá de la incomodidad inicial, el cuerpo experimenta una reacción intensa al contacto con agua por debajo de los 15 °C: hiperventilación, jadeos, subida brusca de la presión arterial y ritmo cardíaco acelerado. Esto se conoce como «shock por frío», una respuesta fisiológica que puede provocar desmayos, hipotermia o incluso paro cardíaco.
Casos documentados muestran que incluso atletas entrenados pueden colapsar tras apenas 90 segundos en agua a 4 °C. Además, al salir, el cuerpo sigue perdiendo temperatura —un fenómeno llamado afterdrop— lo que puede derivar en complicaciones peligrosas, aunque no se perciban de inmediato.
Daños persistentes en las extremidades
Uno de los peligros menos conocidos es la llamada «lesión por frío no congelante». A diferencia de la congelación, esta afecta nervios y vasos sanguíneos sin que el tejido se congele. Las consecuencias pueden incluir entumecimiento, dolor crónico y sensibilidad extrema al frío, síntomas que perduran meses o incluso años.
Estas lesiones afectan especialmente manos y pies, que suelen estar en contacto directo con el agua. Su aparición suele pasar desapercibida al inicio, pero puede limitar funciones motoras básicas e incrementar el riesgo en futuras exposiciones.

Consejos para evitar sustos
Ante estos riesgos, los expertos proponen algunas medidas para practicar esta actividad con más seguridad:
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Consultar con un profesional de salud antes de comenzar.
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No confiarse en la buena forma física: el shock frío no discrimina.
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Empezar con duchas frías antes de intentar una inmersión completa.
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No hacerlo nunca en solitario.
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Limitar la exposición a 3-5 minutos.
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Estar atentos a síntomas como temblores intensos, confusión o entumecimiento.
Aunque pueda parecer inofensivo o incluso revitalizante, un baño de hielo mal gestionado puede pasar de moda pasajera a problema serio. Si decides probarlo, que sea con cabeza fría… en todos los sentidos.
Fuente: Infobae.