La salud mental juvenil atraviesa una crisis sin precedentes. Un conjunto de factores —desde el impacto de las redes sociales hasta el agotamiento emocional— ha multiplicado los diagnósticos de ansiedad y depresión entre adolescentes. Lo que antes se manifestaba en silencio, hoy aparece en el cuerpo: a través de cortes, aislamiento o incluso intentos de suicidio.
Un fenómeno que se intensificó tras la pandemia

Según datos recientes compartidos en el XXIII Seminario Lundbeck, los trastornos mentales en jóvenes han alcanzado cifras críticas. La ansiedad afecta ya al 25,7 % y la depresión al 31,5 % de los adolescentes, duplicando los niveles registrados antes de la pandemia. La edad media de aparición es de 14,5 años, aunque las chicas presentan tasas notablemente más altas que los chicos.
Las causas son múltiples y acumulativas: cambios hormonales, antecedentes familiares, experiencias de acoso escolar, presión académica, falta de sueño y un uso excesivo de pantallas. Todo ello genera un entorno emocionalmente inestable en el que muchos jóvenes optan por las autolesiones como vía de escape. El 45,6 % de los adolescentes diagnosticados con problemas mentales ha recurrido a estas prácticas.
Entre el dolor físico y el silencio emocional

El motivo detrás de estas autolesiones no suicidas es inquietante: “Toleran mejor el dolor físico que el emocional”, explica la psiquiatra Elisa Seijo. Entre los 14 y 15 años se da el punto más crítico, coincidiendo con el periodo de mayor vulnerabilidad emocional.
A esto se suma el crecimiento de las ideas suicidas: un 55 % de los adolescentes las ha tenido alguna vez y un 18 % ha intentado llevarlas a cabo, según el Observatorio de Salud Mental Infanto-Juvenil. Las señales físicas ayudan a los médicos a detectar estas situaciones, pero muchas veces los jóvenes acuden a consulta buscando una solución rápida en forma de psicofármacos, incluso cuando el problema no es clínico.
Soledad en tiempos de hiperconexión
Las redes sociales también han jugado un papel decisivo. Aunque brindan conexión constante, han potenciado una sensación de soledad como nunca antes. “Las relaciones digitales matan las personales”, advirtió el psiquiatra Celso Arango, quien alertó que la soledad no deseada es más letal que fumar o beber en exceso.
A esto se suma el inicio temprano en el consumo de sustancias como el cannabis, cuyo uso comienza, en promedio, a los 14,9 años. España lidera la estadística europea en este aspecto, con un 15,1 % de jóvenes de entre 15 y 34 años que lo han consumido recientemente.
Si bien muchos de estos factores son prevenibles, la falta de programas específicos en centros educativos impide atajar el problema desde la raíz. Como concluyen los expertos: sería mucho más rentable invertir en salud mental que seguir enseñando de memoria los reyes visigodos.