¿Realmente hay que temerle a las grasas? Lejos de ser el enemigo número uno de la salud, ciertos tipos de grasa cumplen funciones esenciales en el cuerpo. Lo importante no es eliminarlas, sino saber elegirlas y consumirlas con moderación. Te explicamos cuánta grasa deberías incluir en tu alimentación diaria y qué fuentes son las más recomendadas.
Tipos de grasa: no todas actúan igual
La grasa no es una sustancia uniforme, y sus efectos sobre el organismo varían enormemente según su composición. Los expertos diferencian cuatro categorías principales:

Grasas saturadas: Se encuentran en productos de origen animal como carnes, huevos y lácteos, así como en aceites tropicales (coco y palma). Suelen ser sólidas a temperatura ambiente y, si se consumen en exceso, pueden elevar el colesterol LDL.
Grasas trans: Son artificiales y resultan del proceso de hidrogenación. Aparecen en bollería industrial, productos precocinados y frituras. Son las más perjudiciales y deberían evitarse por completo.
Grasas monoinsaturadas: Presentes en alimentos como el aceite de oliva, aguacates, frutos secos y semillas. Se consideran altamente beneficiosas para el corazón y el sistema circulatorio.
Grasas poliinsaturadas: Incluyen los famosos ácidos omega-3, presentes en pescados azules, aceites vegetales, tofu y nueces. Están relacionadas con la salud mental y cardiovascular.
Beneficios reales y riesgos latentes
La ciencia respalda cada vez más el papel protector de las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas. Expertos consultados coinciden en que su inclusión en la dieta mejora los niveles de colesterol, favorece la función cerebral y puede incluso reducir síntomas de ansiedad o depresión.
Las grasas saturadas, aunque necesarias en pequeñas cantidades (forman parte de procesos hormonales), deben limitarse, especialmente en personas con predisposición genética a metabolizarlas mal. Por su parte, las grasas trans no tienen justificación nutricional: su impacto negativo es contundente y están prohibidas en muchos países.
Cuánto deberías consumir al día, según la ciencia
Las principales entidades de salud, como la Asociación Americana del Corazón, recomiendan que entre el 25% y el 35% de las calorías diarias provengan de grasas. Pero no todas valen: las saturadas no deben superar el 10%, y las trans deben mantenerse por debajo del 1%.

Para una dieta estándar de 2.000 calorías diarias, esto se traduce aproximadamente en:
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40 a 70 gramos de grasas saludables (mono y poliinsaturadas)
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Máximo 20 gramos de grasas saturadas
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Ingesta mínima o nula de grasas trans
Además, factores genéticos pueden influir en cómo metabolizamos las grasas. Algunas personas, por su perfil genético, pueden tener una mayor tendencia a ganar peso si consumen más grasas saturadas, lo que refuerza la idea de una dieta personalizada.
Conclusión: la clave está en el equilibrio
No se trata de eliminar la grasa de la dieta, sino de aprender a elegirla con criterio. Incorporar fuentes de grasa saludable, controlar las porciones y evitar las versiones procesadas es la mejor fórmula para cuidar el corazón, la mente y la salud en general.
Fuente: Infobae.