Cada vez que el termómetro se dispara, no falta quien sentencia: “Esto no es nuevo, siempre ha hecho este calor en verano”. Pero ¿y si esa frase tan repetida no fuera más que un autoengaño colectivo? Un físico ha decidido enfrentarse al mito con datos objetivos. Y lo que encontró podría hacerte repensar por completo tu percepción del clima estival.
El poder de los datos para desmontar creencias
A simple vista, podría parecer que el verano siempre ha sido sinónimo de calor extremo. Sin embargo, basta con consultar los registros históricos para ver que esa afirmación no se sostiene. Gracias a repositorios abiertos como los de AEMET, cualquiera puede acceder a décadas de datos meteorológicos y comprobar por sí mismo que algo ha cambiado.
El físico responsable del análisis tomó como punto de referencia la estación meteorológica de la Base Aérea de Armilla (Granada), con datos desde 1951 hasta finales de 2024. Se analizaron unos 27.000 días para ver si las temperaturas máximas extremas —es decir, los días más calurosos— se distribuían de forma homogénea a lo largo del tiempo. Pero los resultados revelan una tendencia muy distinta.
Una década ardiente (y estadísticamente incuestionable)
Si realmente siempre hubiese hecho el mismo calor en verano, los días más calurosos deberían estar repartidos equitativamente en el tiempo. Pero cuando se analiza, por ejemplo, el 2 % de los días con máximas más altas (unos 500 días), se observa una concentración abrumadora en los últimos diez años.
El test estadístico de Kolmogórov-Smirnov, que mide la compatibilidad entre una hipótesis y los datos observados, arroja un valor-p de 3,9 × 10⁻¹³. Para entenderlo fácilmente: es más probable que te toque el Gordo de Navidad dos años seguidos que que esta distribución ocurra por azar.
Incluso cambiando los parámetros —analizando el 1 %, el 5 % o agrupando datos—, el resultado se mantiene: las temperaturas extremas se concentran claramente en la última década. No hay forma seria de sostener que esto es una simple coincidencia o algo “de toda la vida”.
Otras formas de medir… con el mismo resultado
También se puede contar cuántos días se superan ciertos umbrales térmicos. Esta estrategia alternativa lleva a la misma conclusión: los veranos actuales baten récords de calor con una frecuencia que no tiene precedentes en las décadas anteriores.
Y no es un caso aislado. Repitiendo el análisis en el Puerto de Navacerrada (Madrid), los resultados son aún más concluyentes: la hipótesis de que “siempre ha hecho calor” tiene menos probabilidades de ser cierta que ganar tres veces seguidas la Lotería Primitiva con un solo boleto.
No es solo el calor: es el negacionismo
El estudio se limita a los registros desde 1951, pero eso no le resta fuerza. Más preocupante que el aumento de las temperaturas es la negación interesada de esa evidencia. Frases como “siempre ha hecho este calor” son bulos disfrazados de sabiduría popular.
Y como demuestra este físico, los datos están ahí, al alcance de cualquiera que quiera mirar. Negar lo evidente ya no es ignorancia: es una elección. Una peligrosa, además.
Fuente: TheConversation.