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Ciencia

Lo que se está calentando en España no es solo el Mediterráneo… y eso debería preocuparnos más

Mientras todas las miradas apuntan al Mediterráneo por sus temperaturas récord, el verdadero punto crítico podría estar al norte. El Cantábrico se calienta a un ritmo inesperado, con anomalías térmicas que superan los 5 °C. ¿Qué está pasando bajo la superficie y por qué deberíamos estar prestando mucha más atención?
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Este verano, el calor ha dejado de ser noticia para convertirse en norma. Lo que antes nos sorprendía, ahora parece repetirse con inquietante regularidad. Sin embargo, mientras el Mediterráneo acapara titulares por sus aguas casi tropicales, otra región empieza a mostrar signos igual de preocupantes. El Cantábrico, tradicionalmente más fresco, está alcanzando temperaturas nunca vistas. Y eso podría tener consecuencias mucho más amplias de lo que imaginamos.


El norte que ya no refresca

Aunque las imágenes de playas abarrotadas en el Levante y termómetros desbordados dominan los telediarios, hay otra costa que está atravesando un proceso alarmante. El Cantábrico oriental, en especial el golfo de Bizkaia, registra temperaturas superficiales entre los 22 y los 24 grados Celsius, cifras poco habituales para estas fechas y latitudes.

Según datos recientes de la AEMET, algunas zonas muestran anomalías térmicas de hasta 5 o 6 °C por encima del promedio. Es decir, no solo está más cálido de lo normal, sino que lo está en niveles que superan lo observado en décadas anteriores. Mientras tanto, las costas de Galicia y el oeste asturiano parecen mantenerse en la media, pero basta adentrarse unos kilómetros mar adentro para que el panorama cambie drásticamente.

Esto no es una simple curiosidad oceanográfica. La temperatura del agua condiciona fenómenos meteorológicos, modifica corrientes marinas y altera el equilibrio de los ecosistemas costeros.


Calor récord en tierra… y en el mar

Lo que se está calentando en España no es solo el Mediterráneo… y eso debería preocuparnos más
© bulumalulu – Pexels

Junio ha batido todos los récords posibles. En la península ibérica se vivió uno de los junios más calurosos registrados, con temperaturas medias comparables, e incluso superiores, a las de meses tradicionalmente más cálidos como julio o agosto. Pero lo que sucede en tierra no se queda en tierra: el mar también acusa el golpe.

En el Mediterráneo occidental, las aguas rozaban los 31 °C a finales de mes, superando ampliamente los valores normales. Las Baleares, por ejemplo, mostraban anomalías térmicas superiores a los 5 °C en algunas zonas. Esto capta toda la atención, pero el Cantábrico no se queda atrás.

Y mientras el Atlántico norte muestra una temperatura superficial algo más alta de lo habitual, sus cifras no son tan drásticas como en el Cantábrico. En buena parte, esto se debe a las aguas frías que aún dominan la región subpolar del océano.


Por qué importa que el mar esté tan caliente

Pensar que esto afecta solo a los peces es un error de cálculo. Dos tercios del planeta están cubiertos de agua, y esa masa oceánica interactúa constantemente con la atmósfera. El mar no es un actor pasivo: regula el clima, almacena calor, impulsa tormentas.

Cuando las aguas se calientan en exceso, se desencadenan consecuencias en cadena. En el Caribe, por ejemplo, el calor del Atlántico tropical alimenta huracanes. En el Levante español, un Mediterráneo recalentado puede intensificar los episodios de gota fría. Y si el Cantábrico sigue esta tendencia, no es descabellado pensar en nuevas formas de inestabilidad meteorológica también en el norte del país.

En definitiva, que el mar esté caliente ya no es solo un fenómeno aislado. Es un síntoma. Uno que podría estar revelándonos que el verano que conocíamos está cambiando más rápido de lo que estamos dispuestos a asumir.

Fuente: Xataka.

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