Los soviéticos construyeron solo un submarino nuclear de ataque como el Komsomolets (K-278). Los cascos, el interior y el exterior también, se forjaron con una aleación de titanio capaz de llevar a su tripulación a profundidades inauditas para la época. Hoy, pasados más de 30 años, el Komsomolets está para siempre atrapado a 1.680 metros de profundidad en el mar de Noruega, con dos armas nucleares y un reactor nuclear que tiene filtraciones.
La situación está bajo control, según los investigadores de la Autoridad de Seguridad Nuclear y de Radiación de Noruega, y su Instituto de Investigaciones Marinas. Su nuevo estudio integra datos de sonar y video junto a muestras de agua de mar, sedimento y biológicas recogidas cerca del K-278 en julio de 2019. Lo más importante es que los líderes de Rusia lograron una remediación ambiental sorprendentemente sólida, un plan ingenioso, incluso después de que cayera el Muro de Berlín.
“Fue un esfuerzo increíble, en especial por el estado en que estaba el país a principios de la década de 1990”, señaló Svetlana Savranskaya, directora de los programas de Rusia para el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, quien revisó este nuevo estudio para Gizmodo.
“El estudio que viene de Noruega confirma lo que vi en muchos documentos rusos y soviéticos”, dijo Savranskaya, que ha estudiado casos similares de crisis submarinas soviéticas. “Lo vieron como una de sus mayores prioridades, asegurando que todo se limpiara, que fuera transparente, y que otros actores internacionales pudieran confiar en lo que hacían”.
Incendio submarino
El destino del K-278 quedó sellado el 7 de abril de 1989, cuando un foco de fuego manejable en el sector de popa se convirtió en un gran incendio alimentado por el aire comprimido de una tubería del tanque de lastre que se agrietó y avivó las llamas. Sobrevivieron sólo 27 de los 69 tripulantes.
Entre 1989 y 2007 hubo expediciones soviéticas y rusas con sumergibles Mir, para evaluar y monitorear los daños. En 1994, con evidencia de que había dos armas nucleares expuestas en el océano, se sellaron las tuberías con tapones de titanio, y se usó titanio también para recubrir otras áreas expuestas.
“Además de los daños evidentes en la sección delantera y en particular, en el compartimiento de torpedos, parecería que el submarino acaba de hundirse, ahora y no hace 30 años”, le dijo en su e-mail a Gizmodo el coautor del trabajo Justin Gwynn, científico especializado en radio ecología marina para el gobierno noruego. “Está allí, en el fondo del mar”.
En las últimas décadas ha sido Noruega quien se hizo cargo de las tareas de monitoreo del mausoleo nuclear hundido. Gwynn y sus colegas analizan los datos recogidos en 2019 mediante sumergibles de operación remota que se envían para inspeccionar el naufragio, con sonares, equipos de video, contenedores de muestras de agua que se someten a análisis de isótopos radioactivos. Lo que resultó preocupante fue una filtración activa de material radiactivo en una tubería de ventilación y una grilla metálica cercana, una filtración que en ocasiones llega a hacerse visible en videos.
“Nos sorprende que algo salga de la tubería de ventilación en donde las investigaciones rusas anteriores habían detectado pérdidas en el reactor”, le dijo a Gizmodo Gwynn, añadiendo que lo que se veía coincidía con “los niveles elevados de radionucleidos que se liberan”.
Para poder verificar las mediciones y lo que significan, los investigadores recurrieron a tasas conocidas de isótopos de plutonio y uranio utilizados por la vieja flota soviética de submarinos nucleares, y a tasas halladas en emisiones globales de instalaciones nucleares cercanas. Las cantidades de algunos isótopos y la tasa de Plutonio-240 y plutonio -239 “brindan clara evidencia de que hay emisiones de radionucleidos en el reactor del Komsomolets, y que se corroe el combustible nuclear del reactor”, según escribieron en el trabajo que se publicó hoy en Proceedings of the National Academy of Sciences.
No se halló indicación de que las filtraciones afecten la vida marina o el entorno local, gracias a que el material se diluye en el agua muy rápidamente. Tampoco hay “evidencia de plutonio en las cabezas del compartimiento de torpedos”, en muestras de agua y sedimento tomadas cerca de ese compartimiento del K-278, lo que confirma que los parches de titanio que Rusia colocó en la década de 1990 siguen siendo efectivos después de tantos años.

Aprendizaje después de Chernobyl
“Gorbachov y Yeltsin querían que se los viera como actores internacionales responsables, y aprendieron con Chernobyl, que mantener las cosas en secreto no sirve de nada”, dijo Savranskaya del Archivo de Seguridad Nacional.
La transparencia incluyó publicar los datos de monitoreo de los rusos y especificaciones técnicas del K-278, necesarias para que los noruegos pudieran interpretarlo todo. Rusia continuó brindando estos datos durante los años de Yeltsin en que su economía pasaba por una crisis.
Sin embargo, “estoy segura de que hay secretos que se guardaron porque el submarino era único en su clase con tecnología que todavía no era de uso corriente, aunque sí brindaron información y siguieron brindándola a lo largo de la década de 1990”, le dijo a Gizmodo Savranskaya.
En aquel entonces las autoridades rusas evaluaron que sería demasiado costoso y riesgoso mover el K-278 para dejarlo en tierra en algún lugar. Gwynn le dijo a Gizmodo que tanto él como sus colegas piensan lo mismo.
“Durante una operación de rescate, cualquier filtración hacia la atmósfera podría dar como resultado contaminación que, depositada en el suelo, tendrá un impacto más importante y a más largo plazo”, afirmó Gwynn.
Añadió también que a su equipo le gustaría enviar más sumergibles, no tripulados o tripulados, para poder entender mejor las filtraciones del Komsomolets. “Nos gustaría entender la causa de la filtración visible pero también, entender por qué parece variar con el tiempo”, escribió.