Un Akula en la superficie. Imagen: Russian MoD.

A finales de 1984, cuando el primer submarino Akula de la armada soviética comenzó a surcar los mares, el modo en el que se combate contra los submarinos cambió para siempre. Con la llegada del Akula, la armada submarina americana ya no disfrutaba de las ventajas que ostentaba desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

El Akula, que en ruso significa tiburón, asombró a la OTAN con sus altísimos niveles de sigilo, especialmente cuando se comparaba con cualquier otro submarino ruso previo.

El motivo tras ese sigilo es que en la batalla por la supremacía submarina, el silencio es la clave para la supervivencia y la victoria. Antes del Akula, los soviéticos ya habían realizado importantes avances, haciendo que sus submarinos fuesen mas rápidos, pudiesen navegar a mayor profundad y estuviesen mejor armados que sus rivales americanos. Un submarino nuclear, el Ione Papa SSGN, de aquella era todavía ostenta el récord mundial de velocidad con 44,7 knots (alrededor de 82 km/h) en 1970.

La habilidad, sin embargo, de los rusos de hacer que sus submarinos fuesen tan silenciosos, o casi tan silenciosos, como los americanos se les había resistido durante mucho tiempo. El Akula cambió eso de manera dramática. Como dijo William Perry, que llegaría a ser posteriormente Secretario de Defensa, a un comité del ejército en 1989: “se acabó lo que se daba”.

“Lo que se daba” era la habilidad de los submarinos americanos, combinado con otros sensores, para localizar y rastrear submarinos soviéticos, especialmente sus submarinos balísticos, sin aparente problema. En una misión de 1978, el USS Batfish rastreó a un submarino soviético clase Yankee durante 50 días consecutivos. El Batfish comenzó a seguirlo por encima del círculo ártico en el mar de Noruega y lo continuó haciendo durante casi 15.000 kilómetros, evaluando la posición y el despliegue del Yankee en el Atlántico Oeste, desde donde podría haber lanzado misiles a Estados Unidos.

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Pero mientras el Batfish se aprovechaba de la ventaja acústica de la que disfrutaban los submarinos americanos, los soviéticos habían comenzado a diseñar y construir una tercera generación de submarinos nucleares. Estos submarinos acabarían por convertirse en los más silenciosos que los soviéticos habían construido hasta ese momento, y se beneficiaron enormemente de la información que les proporcionó John Walker, un especialista en comunicaciones de la Armada Americana que comenzó a espiar para los soviéticos en 1968. Entre otras cosas, Walker les dio información sobre un sistema de hidrófonos submarinos localizados estratégicamente para detectar a los submarinos soviéticos.

¿Algo más? Sí, a mediados de los 80, la compañía japonesa Toshiba y la firma noruega Köngsberg Vaapenfabrikk comenzaron a vender equipamiento a los soviéticos que les permitió hacer que sus submarinos fuesen aun más silenciosos. Toshiba proporcionó equipamiento muy sofisticado mientras Köngsberg facilitó ordenadores avanzados capaces de ejecutar ese equipamiento. Esto permitió a los soviéticos un mayor nivel de precisión a la hora de hacer sus propulsores más silenciosos.

Pero todo esto ocurrió antes de la tercera generación y los clase Akula, cuyo nombre viene en realidad de la OTAN. (Anteriormente, la OTAN había usado el alfabeto para designar las clases de submarino soviéticas, pero estos eran tan prolíficos que pronto acabaron con todas las letras)

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Por su parte, los soviéticos llamaron a su nueva clase de submarinos nucleares Project 971, y también Shcuka-B, o “pica”, una especie de peces que son agresivos. Acabaría por convertirse en una máquina impresionante, tan bella como capaz, con una cola alargada que hacía que el submarino de verdad pareciese pertenecer a las profundidades del océano.

Los astilleros soviéticos fabricarían 15 Akulas entre 1984 y 2009 en cuatro subclases: Siete Akulas I (Project 971), seis Akulas mejorados (Project 971I) un Akula II (Project 971U) y un Akula III (Project 971M).

El único Akula III que existe, o Project 971M, saliendo de puerto. Imagen: Wikimedia Commons.

El Akula es un submarino grande, las primeras unidades medían 110 metros de longitud con una eslora de 13 metros que acomodaba el sistema de doble casco común en los submarinos soviéticos. Diseños posteriores del Akula II y el Akula III harían que los submarinos aumentasen su tamaño en 2,5 metros, la longitud extra estaba destinada a albergar aun más medidas de sigilo.

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Con 12.770 toneladas cuando estaban sumergidos (el Akula II y Akula III eran aun mayores, con 13.400 toneladas), el Akula tenía un peso significativamente mayor que la clase Los Ángeles, que pesaba menos de 7.000 toneladas. A pesar no estar hechos de titanio, el Akula tenía una profundidad operativa de 0,6 kilómetros. De todos los Akula construidos, todos menos uno portaban una gran cápsula en la popa para un sonar pasivo.

El tamaño del radar trasero del Akula es evidente aquí.

Construido para llevar consigo un gran número de armas, el Akula estaba equipado con ocho tubos de torpedos dispuestos en dos filas horizontales de cuatro y podía llevar hasta 40 torpedos. Seis tubos son visibles en la proa de los Akula posteriores que albergan un sistema MG-74, destinados a disparar señuelos muy grandes.

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¿Qué le faltaba a los Akula? Un suite moderna de sónar para poder aprovechar de verdad todas las posibilidades del submarinos. El MGK-540 es un sistema avanzado, pero no es rival para los últimos sistemas americanos, con su poder de procesamiento combinado con un mayor nivel de entrenamiento.

Mientras, conforme la Guerra Fría terminaba y la economía rusa comenzaba a flaquear, los fondos para continuar con la producción, o incluso terminar, los Akulas, comenzó a evaporarse. Muchos cascos permanecieron inacabados en un astillero del mar Blanco. Dos Akula que permanecieron inactivos, el Rhys y el Kuguar, contribuirían significativamente a la construcción del nuevo SSBN clase Borei. La proa y la popa de los Akulas no terminados se usarían para rematar el Yuri Dolgoruky y el Aleksandr Nevsky, los primeros SSBN borei.

Los comienzos del Akula

Durante la mayoría de los primeros años de la Guerra Fría, la Armada Americana evaluó la amenaza de los submarinos soviéticos en dos frentes: la caza de grandes grupos de naves en la superficie, como acorazados o fuerzas anfibias, y la interrupción de las líneas de comunicación en el Atlántico. Si se levantaba la liebre en Europa Occidental y hordas de tanques soviéticos avanzaban por el Telón de Acero, todo se convertiría en una batalla por la supervivencia, y para continuar con la lucha los suministros deberían llegar desde America. Se esperaba que los submarinos americanos tuviesen que combatir contra enjambres de submarinos soviéticos a lo largo del Atlántico para hacer que los materiales y las tropas fuesen enviados a los puertos Europeos. Gran parte del esfuerzo americano estaba enfocado a conseguir este objetivo.

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Los soviéticos, sin embargo, habían visto de cerca la batalla en el Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los navíos americanos y británicos habían combatido contra los U-boat alemanes de la Kriegsmarine llevándose casi 100.000 vidas por delante. Por esos motivos, la Unión Soviética no tenía interés en formar parte de una nueva batalla en el Atlántico. En su lugar, los soviéticos habían planeado que sus submarinos permaneciesen cerca de la costa, en un intento de afectar a los puertos donde los suministros hubiesen podido ser enviados. Atacando a los barcos mercantes con torpedos y minas, o atacando a los puertos directamente con armas nucleares, la estrategia soviética era de no enredarse en un conflicto de desgaste a lo largo del océano Atlántico.

Un P-3 de la Armada Americana sobrevuela un submarino clase Victor II en el Atlántico. Imagen: US Navy.

Los soviéticos también intentaron seguir de cerca a sus contrapartidas americanas, desplegando submarinos de ataque rápido nuclear para cazar a submarinos americanos en caso de que comenzase la guerra. Estos submarinos soviéticos permanecerían a lo largo de la costa esperando coger el rastro de un elusivo barco americano. Los submarinos soviéticos también acecharon las aguas exteriores de la base americana en Holy Loch, Escocia, esperando encontrar a algún submarino que saliese de patrulla. En noviembre de 1974, el USS James Madison salía de Holy Loch cuando un submarino soviético clase Víctor se dio cuenta a las malas después de que el James Madison se sumergiese justo encima de él. Ambos submarinos fueron dañados y tuvieron que regresar a sus respectivos puertos sin ayuda.

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En realidad, el problema de los soviéticos era que tenían malísima suerte encontrando a los navíos americanos. Asumiendo la realidad, los soviéticos re-asignaron algunos de sus barcos de ataque para proteger sus propios submarinos, que habían comenzado a patrullar cerca de la Unión Soviética conforme al rango de sus misiles balísticos se incrementaba.

Los rusos hicieron sus mayores avances en la construcción de submarinos en 1980 con la comisión del primer clase Oscar. Estados Unidos estaba más por delante que nunca con 62 clase Los Ángeles que entraron en servicio entre 1976 y 19996. Sin embargo, el clase Oscar, que los soviéticos denominaron Project 949, fue un verdadero salto en tecnología con respecto a diseños anteriores. Era un navío enorme, y el Oscar tenía un mayor desplace que los submarinos con misiles balísticos americanos clase Ohio.

Cuatro años más tarde, los rusos ordenaron la construcción de los Sierra y los Akula, los Sierra se construyeron con casco de titanio mientras que los Akula se construyeron con aluminio, aunque el coste y la complejidad de producir titanio limitó el programa Sierra a solo cuatro unidades. El Akula, sin embargo, acabaría por ser construido en dos ubicaciones diferentes: Komsomol’sk en el Pacífico y Severodvinsk en la península de Kola, al noroeste de Rusia. Fue, durante 30 años, el mejor submarino ruso, antes de que los clase Yasen se acabasen de construir en 2013, 20 años después del comienzo de sus construcción.

El INS Chakra.

Cesión de los Akula a India

En 2004, India firmó un acuerdo con Rusia para que les cediesen un submarino Akula durante 10 años. Con un coste de casi mil millones de dólares, era el segundo submarino nuclear cedido al ejército indio. Entre 1988 y 1991 la nación alquiló un clase Charlie de la Unión Soviética, principalmente para que su ejército adquiriese experiencia operando un submarino nuclear.

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El nuevo submarino comenzó a desarrollarse con el nombre de Nerpa, un diseño de Akula II que se elaboró en 1993. Debido a la falta de fondos tras el colapso de la Unión Soviética, el Nerpa permaneció inacabado en un astillero de la pacífico ruso hasta que se firmó el acuerdo con India en 2001. Originalmente, el Nerpa debió haberse completado y enviado en 2007, pero no llegó a pruebas hasta octubre de 2008.

Un mes más tarde, el 8 de noviembre, llegó el desastre cuando el Nerpa efectuaba maniobras de prueba en el mar de Japón y sufrió un fallo mecánico en su sistema químico de supresión de incendios, matando a 20 e hiriendo a otros mucho. Pudo haber sido peor, según informes el barco llevaba en ese momento 208 personas a bordo en lo que era un test de los sistema submarinos. Con el barco lleno de trabajadores supervisando las pruebas, no había suficientes opciones de emergencia respiratoria para paliar los efectos del gas freón.

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Con todo, el 23 de enero de 2012 el Akula se unió finalmente a la armada India como el INS Chakra, y ha pasado sus primeros cinco años patrullando el océano Índico, proporcionando a India un submarino nuclear moderno de ataque rápido que se encuentra entre los mejores del mundo. Con la mitad de la cesión vencida, India está intentando conseguir alquilar otro Akula a Rusia para 2022.

La pasada semana varios medios indios reportaron que el Charka había sufrido un accidente, probablemente en agosto de este año, que había dañado la cúpula del sónar. Se espera que el daño requiera un importante trabajo de reparación antes de que el submarino pueda volver a operar aunque lo más probable parece que se vio envuelto o bien en una colisión o fue dañado volviendo a su puerto en Visakhapatnam al choca contra el suelo.

Dos Akulas esperando ser reparados, el Bratsk a la izquierda y el Samara a la derecha. El tamaño de ambos se evidencia con el hombre que aparece abajo a la derecha.

En 1989, solo dos años antes de que la Unión Soviética terminase de existir, ocho clases de submarinos (Delta IV SSBN, Typhoon SSBN, Kilo SS, Victor III SSN, Sierra II SSN, Akula SSN, Oscar II SSGN y Paltus SSAN) estaban en construcción. La Unión Soviética había invertido mucho en su fuerza submarina hacia el final de la Guerra Fría y el Akula iba a ser la estrella de la flota. Sin embargo, menos de cinco años después la Unión Soviética había desaparecido y Rusia luchaba por encontrarse a sí misma entre el caos. El orgullo de la flota cayó en la ruina y permaneció en puerto, oxidándose.

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De los 15 Akulas construidos, solo 11 se considera que permanecen en activo, pero ese número está inflado con naves que están pasando por modernización y reacondicionamiento. Como mucho, se estima que cuatro Akulas están operativos dentro de la armada rusa, y unos seis están esperando las mejoras. Pero, con los retrasos de la clase Yasen, la armada rusa puede estar considerando invertir más en el remozado de los antiguos Akula, puesto que hacerlo cuesta considerablemente menos que los 3,5 mil millones de dólares por unidad de la clase Yasen.

Los Akulas restantes, mientras tanto, han permanecido activos, detectándose un par en la costa Este en 2009. Los submarinos estaban sin duda a la caza de un clase Ohio americano abandonando Kings Bay, en Georgia.

En 1995, el entonces Jefe de Operaciones Navales, el almirante Jeremy Borda, estaba hablando al Comité de Servicios Armados del Senado cuando salió el tema de los Akula. Boorda afirmó entonces: “A velocidades tácticas (menos de 6 o 7 nudos) el Akula es más silencioso que el 688 (clase Los Ángeles) y es muy complicado para nosotros detectarlo. Nuestra gente es mejor y es por ello que nosotros lo hacemos adecuadamente, ese es el término, adecuadamente... hay seis Akulas rusos mejorados que son un rival, o algo más que un rival, para nuestros 688”.

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El contexto en el que lo afirmó debe ser tomado en cuenta, puesto que Boorda estaba intentando asegurar su presupuesto, sobre todo porque la problemática clase Seawolf había excedido su presupuesto y se había retrasado.

Pero sí, el Akula era el submarino más silencioso que los soviéticos construyeron, hasta que zarpó el Yasen, y cambió el modo en el que operaban los submarinos americanos, especialmente en las zonas nórdicas. Con todo, la experiencia ha demostrado que el submarino puede ser detectado y rastreado, pero los barcos americanos, eso sí, tienen que acercarse mucho más que antes.