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Los Anillos del Poder golpea con fuerza en las hendijas que formó lentamente

El lento avance de la temporada 2 ahora se acelera, pero quizá estén exagerando un poco.
Por James Whitbrook Traducido por

Tiempo de lectura 2 minutos

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Desde siempre, Los Anillos del Poder ha sido una serie lenta. Al menos, a veces con intención, con el poder de fuego operativo de un imperio de medios de streaming respaldado por Jeff Bezos y la riqueza visual que exhibe. En otras ocasiones son los múltiples argumentos paralelos que recorren la Tierra Media. Por eso, cuando el ritmo se acelera, se nota. Como cuando un breve y duro impacto te recuerda lo que está en juego. 

Esta semana “Halls of Stone” nos pone al tanto de lo sucedido en Eregion, Khazad-dum y Númenor, y todo era penoso mientras el mal surge hasta en la flora y la fauna de la Tierra Media. Las cosas avanzan muy rápidamente y para mal, y nada puede pararlo. En medio de la oscuridad que se vio en el estreno el rey Durin recibe el regalo de Celebrimbor de los siete anillos, y casi de inmediato lo hace actuar para devolver la luz a Khazad-dum. 

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Claro que todo es muy Señor de los Anillos porque la serie sabe que eso es exactamente lo que esperas: sabes que son anillos malos, pero quieres ver cómo entran en pánico, cómo se obsesionan, cómo se atacan. Y todo, mientras el joven Durin y su padre estaban empezando a reparar su relación. 

Apenas el rey Durin se pone el anillo todo empieza a brillar y avanza velozmente porque Los Anillos del Poder necesita ritmo, acción que por lo repentina no parece encajar. No hay tiempo para debatir el uso de los anillos, y los personajes se ven afectados por eso. 

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También sucede con los demás

En Eregion todo empeora rápidamente, como en la pelea entre Annatar y Celebrimbor por la creación de nueve anillos más. La caída de Celebrimbor no es tan dura como la del rey Durin pero en la historia die Eregion también el ritmo debilita lo que está en juego. En el caso del plan maestro de Sauron, aunque están los elementos para que los explote como en el personaje de Celebrimbor, todo se quiebra tan de inmediato que en lugar de sentirse como manipulación magistral, suena más a exigencia del guión. 

El contraste en el ritmo, en comparación con la lentitud de la primera mitad de la historia es pendular, súbito, de un extremo al otro. 

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Como en Númenor, donde ni siquiera está la excusa de anillos mágicos malos. Pharazon se convierte en déspota, y conocemos el mal futuro de la nación al menos por las visiones de Míriel. Pareciera que la serie recordó de inmediato que al público le gusta que empiecen a suceder cosas. 

En parte, por supuesto, Los Anillos del Poder tiene que condensar cientos de miles de años de la historia de Tolkien. Y el paso de las eras aquí tiene que ser más rápido, aunque no debería sentirse como que solo pasaron unas horas o días.

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