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Ciencia

Los astrónomos llevan casi 170 años observando uno de los asteroides más brillantes del sistema solar. Ahora lo han fotografiado como nunca y han descubierto que podría ser un “monstruo” de tres cuerpos pegados con una diminuta luna escondida a su alrededor

(44) Nysa fue descubierto en 1857 y hasta el Hubble había intentado descifrar su extraña forma. Las imágenes más nítidas obtenidas hasta ahora revelan dos enormes “cuellos” que podrían dividirlo en tres lóbulos unidos y, para sorpresa del equipo, un satélite de apenas un kilómetro oculto entre su resplandor.
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Hay objetos del sistema solar que hemos visitado con sondas y conocemos hasta el último cráter. Y luego está (44) Nysa, un asteroide descubierto hace casi 170 años cuya verdadera forma ha conseguido permanecer sorprendentemente bien escondida.

Sabíamos que era grande, extremadamente brillante y extraño. Observaciones anteriores del Hubble, el radiotelescopio de Arecibo y ocultaciones estelares sugerían que podía tener una profunda concavidad o incluso estar formado por dos grandes regiones. Ninguna había conseguido resolver el misterio.

Ahora un equipo internacional ha utilizado el Large Binocular Telescope (LBT) de Arizona y el Very Large Telescope (VLT) de Chile para obtener las imágenes de mayor resolución de Nysa hasta la fecha. Y resulta que quizá ni siquiera tenga dos partes.

Podría tener tres.

Dos enormes cicatrices parecen dividir un asteroide de 75 kilómetros en tres cuerpos

Los astrónomos llevan casi 170 años observando uno de los asteroides más brillantes del sistema solar. Ahora lo han fotografiado como nunca y han descubierto que podría ser un “monstruo” de tres cuerpos pegados con una diminuta luna escondida a su alrededor
© arXiv (2026).

Nysa mide aproximadamente 75 kilómetros de diámetro y pertenece a los raros asteroides de tipo E, objetos extremadamente reflectantes asociados a materiales ricos en enstatita. De hecho, es el objeto de este tipo más brillante conocido, una peculiaridad que lleva décadas convirtiéndolo en un objetivo especialmente atractivo para los astrónomos.

Las nuevas imágenes muestran algo difícil de encajar con los modelos anteriores: dos enormes depresiones que parecen rodear el cuerpo por sus regiones más estrechas.

Los investigadores interpretan esas estructuras como colli, una especie de cuellos que podrían estar conectando lóbulos independientes. El modelo tridimensional obtenido combinando las imágenes con curvas de luz respalda la existencia de tres regiones diferenciadas conectadas entre sí. Eso deja dos posibilidades especialmente llamativas.

Nysa podría ser un único objeto extremadamente deformado por impactos antiguos. Pero la explicación preferida por el equipo es bastante más espectacular: un “contact trinary”, tres grandes fragmentos que terminaron uniéndose a velocidades relativamente bajas hasta formar el extraño cuerpo que vemos actualmente.

Su origen podría estar en una gigantesca colisión ocurrida hace miles de millones de años. Otra posibilidad es un violento encuentro de tipo hit-and-run que fracturase un antiguo cuerpo mayor antes de que algunos de sus restos volvieran a juntarse. De momento, ninguna hipótesis está cerrada.

Y mientras intentaban descubrir su forma encontraron una luna que nadie había visto

Los astrónomos llevan casi 170 años observando uno de los asteroides más brillantes del sistema solar. Ahora lo han fotografiado como nunca y han descubierto que podría ser un “monstruo” de tres cuerpos pegados con una diminuta luna escondida a su alrededor
© LBTO.

Nysa todavía guardaba otra sorpresa. Al procesar las imágenes, los astrónomos encontraron un diminuto punto junto al asteroide. Apareció tanto en las observaciones del 15 de febrero como en las del 21 de marzo de 2026, y permaneció moviéndose junto a Nysa durante varias horas, descartando que fuese simplemente una estrella u otro objeto situado al fondo.

Era una luna desconocida.

Designada provisionalmente S/2026 (44) 1, tendría apenas 1 ± 0,5 kilómetros de diámetro y fue observada a distancias proyectadas de unos 180 y 170 kilómetros del cuerpo principal. Su brillo es aproximadamente nueve magnitudes inferior al de Nysa, lo que explica por qué permaneció escondida dentro del enorme halo luminoso del asteroide.

Para encontrarla, el equipo tuvo que utilizar técnicas similares a las empleadas para detectar exoplanetas: modelar y eliminar digitalmente el resplandor del objeto principal hasta conseguir revelar la débil señal situada a su alrededor.

La pequeña luna puede resolver el enorme misterio que Nysa lleva ocultando desde 1857

Paradójicamente, ese minúsculo acompañante podría ser justo lo que necesitan los científicos para descubrir qué es realmente el “monstruo” de tres cabezas.

Observando su órbita podrán calcular con mucha más precisión la masa de Nysa. Combinándola con su volumen será posible conocer su densidad y, con ella, obtener pistas sobre su estructura interna. Una densidad extremadamente elevada favorecería la idea de un cuerpo rígido y muy deformado; otros valores podrían encajar mejor con una acumulación de varios fragmentos unidos.

Y eso importa porque los asteroides son restos prácticamente intactos de las primeras etapas del sistema solar. Nysa, además, contiene materiales vinculados a las regiones interiores donde terminaron formándose los planetas rocosos.

Durante casi dos siglos lo observamos como un punto extraordinariamente brillante entre Marte y Júpiter. Ha hecho falta fotografiarlo con una precisión inédita para descubrir que quizá nunca fue un solo asteroide: podría ser el resultado de tres mundos destrozados que terminaron pegándose entre sí, acompañados por una diminuta luna que llevaba todo este tiempo escondida a su lado.

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