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Ciencia

Descubren el primer posible asteroide de tres lóbulos conocido y también tiene una pequeña luna

Nuevas imágenes de 44 Nysa revelaron dos profundos valles que podrían separar tres grandes componentes unidos. El asteroide, de unos 75 kilómetros, también está acompañado por un satélite de apenas un kilómetro. Su composición podría conservar pistas sobre la formación de los planetas interiores.
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Durante casi 170 años, el asteroide 44 Nysa fue poco más que un punto especialmente brillante en el cielo. Se sabía que era irregular y algunas observaciones sugerían una estructura alargada o formada por dos partes, pero ninguna había permitido reconstruir su verdadera apariencia.

Ahora, imágenes obtenidas con el Large Binocular Telescope de Arizona y el Very Large Telescope de Chile muestran una posibilidad mucho más extraña: Nysa podría ser el primer asteroide conocido compuesto por tres lóbulos conectados. Además, los investigadores detectaron una pequeña luna que había permanecido oculta bajo su intenso brillo.

Un asteroide con dos cuellos profundos

Nysa fue observado entre febrero y abril de 2026 mediante SHARK-VIS, instalado en el Large Binocular Telescope, y SPHERE/ZIMPOL, perteneciente al Very Large Telescope.

Ambos instrumentos utilizan óptica adaptativa para compensar las distorsiones que introduce la atmósfera. Los científicos combinaron las imágenes con curvas de luz y técnicas especiales de procesamiento capaces de eliminar el halo luminoso que rodeaba al asteroide.

La reconstrucción tridimensional reveló dos grandes valles que parecen extenderse alrededor de su superficie. La interpretación preferida es que esas depresiones funcionan como “cuellos” que conectan tres componentes diferentes.

Eso convertiría a Nysa en una especie de trinidad de contacto: tres cuerpos que chocaron o se reunieron a velocidades suficientemente bajas como para permanecer unidos por su propia gravedad.

Sin embargo, las imágenes no permiten descartar que se trate de un único cuerpo extremadamente irregular y profundamente deformado. Por eso, resulta más preciso hablar del primer candidato conocido a asteroide trilobulado, no de una confirmación definitiva.

Una luna de apenas un kilómetro

Nysa mide aproximadamente 75 kilómetros en su punto más ancho. Cerca de él apareció una fuente de luz unas 4.000 veces más tenue, detectada durante dos campañas de observación independientes.

El pequeño objeto, designado provisionalmente S/2026 (44) 1, tendría alrededor de un kilómetro de diámetro. Fue observado a distancias proyectadas de entre 170 y 180 kilómetros del asteroide principal y su movimiento permitió descartar que se tratara simplemente de una estrella situada en el fondo.

Todavía no se conoce su órbita completa. Observar cuánto tarda en rodear Nysa permitirá calcular con mayor precisión la masa y densidad del sistema. Esos datos serán fundamentales para determinar si el asteroide está compuesto por tres cuerpos poco compactos o por una única estructura coherente.

Dos posibles explicaciones para su extraña forma

Una posibilidad es que Nysa surgiera de la acumulación lenta de fragmentos procedentes de una antigua colisión. En lugar de fusionarse completamente, tres de esas piezas habrían quedado conectadas.

La otra hipótesis plantea un encuentro violento con un cuerpo mucho mayor. Las fuerzas gravitatorias y el impacto podrían haber estirado o deformado a Nysa, dejando detrás su peculiar silueta y posiblemente su pequeña luna.

El problema de esta segunda explicación es que un episodio semejante debería haber producido más fragmentos de composición similar. Hasta el momento, los investigadores no han encontrado una familia de objetos que encaje claramente con ese escenario.

Una pista sobre los materiales que formaron la Tierra

Nysa es uno de los asteroides de tipo E más grandes y brillantes conocidos. Estos objetos presentan superficies muy reflectantes y están relacionados con materiales ricos en enstatita, un mineral de silicato con poco hierro.

Los científicos consideran que esa composición podría estar vinculada con los materiales que participaron en la formación de los planetas rocosos, incluida la Tierra. Nysa podría conservar así información sobre colisiones, uniones y transformaciones ocurridas durante las primeras etapas del sistema solar.

El hallazgo no revela todavía un auténtico “Cerbero espacial” con total certeza. Sí demuestra que incluso un asteroide descubierto en 1857 puede guardar una forma desconocida, una luna diminuta y pistas sobre el origen de nuestro planeta.

Fuente: Xataka.

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