Los primos más famosos de los humanos de hoy, los neandertales, quizá hayan tenido un truco dietario para sobrevivir, por asqueroso que parezca: los gusanos. Un estudio científico que se dio a conocer hoy propone que estas lavas de moscas les brindaban a los neandertales una muy buena fuente de nitrógeno y grasa, esenciales en una dieta.
Fueron científicos de la Universidad Purdue, de la Universidad de Michigan y otras instituciones más los que llevaron a cabo el estudio que se publicó el viernes en Science Advances. Utilizaron datos históricos y experimentales y mostraron que la carne llena de gusanos es rica en grasa y nitrógeno, y que otras poblaciones humanas parecidas comúnmente han incluido ese alimento en sus dietas. El equipo argumenta que los gusanos son la explicación más razonable de los altos niveles de nitrógeno que tenían los neandertales en su organismo.
“Las larvas de mosca son un recurso rico en grasas, denso en nutrientes, que abunda y es fácil de conseguir, y tanto los neandertales como los humanos anatómicamente modernos, al igual que los recolectores de hoy, hallan allí algo para aprovechar”, le dijo aj Gizmodo Melanie Beasley, autora principal del trabajo y paleoantropóloga de Purdue.
El nitrógeno es un nutriente muy necesario. Entre otras cosas participa en la creación de los aminoácidos, que son los que forman las proteínas. Hablando de proteínas, el nitrógeno suele encontrarse en la carne de animales (aunque hay vegetales de hoja y legumbres que también tienen alto contenido).
Se sabe que los restos excavados de neandertales tienen altos niveles de isótopos de nitrógeno, lo que indica que sus dietas incluían un alto contenido. Según Beasley, la mayoría de los estudiosos suponían por ello que los neandertales eran hipercarnívoros, depredadores en el pico de la cadena alimentaria que comían grandes animales recientemente cazados, incluyendo a los mamuts. Pero en 2017 el coautor John Speth presentó una hipótesis diferente: que lo que en realidad comían los neandertales era mucha carne almacenada y podrida, llena de gusanos.
Un manjar
Tanto entonces como ahora los investigadores señalan que hay grupos de aborígenes en el hemisferio norte que con regularidad e intencionalmente han consumido alimentos llenos de gusanos, prácticamente como algo especial. En 1931, por ejemplo, el explorador polar y antropólogo Knud Rasmussen, escribió esta anécdota que vivió con algunos miembros de una comunidad Inuit al encontrar carne almacenada: “La carne ya estaba verde de vieja cuando le hicimos un corte, fue como si reventara un grano porque estaba llena de larvas blancas. Vi con horror, cómo mis compañeros tomaban puñados de gusanos y los comían, evidentemente disfrutando como si fuera un manjar”.
Beasley se enteró del argumento de Speth y dijo que podía ayudarlo a probar su teoría de manera experimental. En ese momento ella se preparaba para el postdoctorado, y entre sus estudios estaba el de los tejidos en descomposición de personas fallecidas. Su trabajo significaba que Beasley pasaba mucho tiempo junto a las larvas que se alimentan de los tejidos en descomposición.
Con sus colegas documentó los cambios en los niveles de nitrógeno de estas muestras de tejidos descompuestos, junto con tres especies diferentes de larvas de mosca. A medida que el tejido se descomponía sus niveles de nitrógeno cambiaban, aunque no mucho. Pero los gusanos estaban repletos de nitrógeno.
En vista de las condiciones de la época de los neandertales, les habría sido imposible evitar que hubiera larvas en la carne animal que almacenaban. Pero en lugar de verlo como un impedimento, estos homínidos probablemente aprovecharan la situación, usando las larvas para que la carne magra que consumían fuera “un recurso alimenticio más completo y rico en grasas”.
Los investigadores siguen recolectando evidencia para respaldar su argumento de la dieta neandertal con gusanos, y también trabajan para entender los cambios a lo largo del tiempo en los beneficios nutricionales de la comida llena de larvas (¿cuándo está demasiado podrida la carne?, digamos). Pero más allá de cómo consumieran la carne los neandertales, hay muchas personas que hoy siguen usando insectos y larvas para mejorar sus dietas. En Europa, por ejemplo, está el casu marzu, queso de leche de oveja de Cerdeña que intencionalmente contiene larvas de la mosca del queso (Piophila casei).
Les envío mis saludos a mis hermanos neandertales y a los fans del casu marzu, pero creo que prefiero un poco del clásico queso cheddar en mi plato.