Cada vez sabemos más sobre cómo se mueven las especies marinas más grandes del planeta, pero también cuánto nos queda por hacer para protegerlas de verdad. Gracias a una colaboración científica global sin precedentes, se están trazando mapas invisibles de sus rutas, que exponen una dura verdad: proteger un 30 % del océano puede no ser suficiente.
Un viaje compartido con gigantes del mar
Observar el mar es algo que siempre me ha fascinado. He tenido la suerte de cruzarme con ballenas, tortugas y delfines en plena naturaleza. Esa admiración se convirtió en una pregunta persistente: ¿qué historia hay detrás de estos seres colosales?

Durante más de una década, he investigado el movimiento de la megafauna marina. Junto con otros expertos, identificamos patrones que revelan cómo estas especies ajustan su trayectoria ante las condiciones cambiantes del mar. Pero surgió una duda esencial: ¿pueden realmente escapar de las amenazas provocadas por los humanos?
La primera respuesta fue un estudio que cruzaba los recorridos de estos animales con peligros como la pesca accidental, el ruido de los barcos, el aumento de la temperatura del agua y la contaminación por plásticos.
Una base de datos que une a todo el planeta
El gran desafío era reunir suficientes datos. A diferencia de los humanos, cuyos movimientos se monitorizan fácilmente con dispositivos móviles, rastrear animales marinos requiere tecnología cara y equipos desplazados a lugares remotos. Para obtener una visión global, los científicos necesitábamos colaborar a una escala sin precedentes.
Así nació MegaMove, una iniciativa apoyada por la ONU que reunió a casi 400 investigadores de 50 países. Su objetivo: crear la mayor base de datos de movimiento de megafauna marina de la historia.
Los primeros frutos ya se han publicado. Se analizaron más de 12.000 trayectorias de 111 especies marinas, cubriendo casi el 72 % de la superficie oceánica. Un algoritmo permitió detectar zonas clave para su comportamiento: áreas de alimentación, descanso, reproducción y rutas migratorias colectivas.
El resultado fue claro: dos tercios del área recorrida por estos animales está relacionada con estos comportamientos críticos para su supervivencia.

¿Proteger un 30 %? No alcanza
A partir de esos datos, desarrollamos un nuevo algoritmo para simular qué pasaría si se protegiera el 30 % del océano, según el acuerdo internacional Kunming-Montreal. La conclusión fue impactante: incluso con una protección óptima, más del 60 % de las zonas críticas seguiría en riesgo.
Eso significa que proteger una porción fija del océano no basta. Proponemos medidas adicionales: limitar la pesca en zonas clave, rediseñar rutas de barcos para evitar colisiones y reducir su velocidad cerca de corredores migratorios. Todo ello debe coordinarse a nivel internacional, porque las especies no conocen fronteras.
Los científicos ya estamos trabajando juntos. Ahora les toca a los gobiernos actuar, y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos de 2025, en Niza, es una oportunidad única para hacerlo realidad.
Fuente: TheConversation.