El Lystrosaurus, ancestro lejano de nuestros mamíferos de hoy, de piel gruesa y boca en forma de pico, tenía el tamaño de un perro pequeño y vagaba por los desiertos de sulfuro en la Pangea tras el evento de extinción del Pérmico-Triásico hace más de 251 millones de años. Muchos de sus depredadores se asfixiaban y morían debido al hollín volcánico y las ardientes temperaturas, pero el pequeño Lystrosaurus parece haber cavado madrigueras para hibernar bajo tierra hasta que las condiciones fueran más seguras.
Ahora los paleontólogos comprenden un aspecto más de las muchas especies que en alguna época formaban el género lystrosaurus: los proto-mamíferos eran ovíparos y el tamaño de estos huevos fue lo que determinó su supervivencia.
Los lystrosaurus se reproducían mediante huevos de tamaño gigante en comparación con el peso corporal del animal, al punto que los investigadores creen que las crías de lystrosaurus nacían ya listas para poder rodar – evadiendo depredadores y buscando alimento – y que incluso podían reproducirse desde temprana edad. Como sus huevos eran tan grandes habrían tenido una ventaja adicional: la baja área de superficie respecto del radio, lo que serviría para que no se secaran o disecaran, según un nuevo estudio del primer huevo confirmado de Lystrosaurus con un embrión dentro.
“Este fósil se descubrió durante una excursión de campo que encabecé en 2008”, declaró Jennifer Botha, profesora de la Universidad de Witwatersrand en Sudáfrica, y coautora del estudio. “Sospeché incluso entonces que había muerto dentro del huevo pero en ese momento no teníamos la tecnología para confirmarlo”.
Un fantasma en el cascarón
En el sitio de campo Botha estaba convencida de que su equipo había encontrado “un embrión de Lystrosaurus perfectamente acurrucado en el huevo”, pero para obtener una mejor imagen de este fósil se requirió una tecnología de rayos X más sofisticada, con un rayo intensificado dentro de un acelerador de partículas conocido como sincrotrón.

Específicamente, se tardaría más de una década en contar con un dispositivo, gracias al proyecto de construcción de las Instalaciones de Radiación por Sincrotrón en Europa (ESFR). En 2022 comenzó a funcionar el BM18, para tomar imágenes de tomografía por rayos X de sincrotrón del ESFR.
Allí fue cuando entró en el juego el coautor de Botha, Vincent Fernandez, científico de rayos del ESFR de Grenoble, Francia. Fernandez ubicó el fósil en el tomógrafo microcomputarizado de rayos x y el nuevo dispositivo de rayos BM18. Los rayos X de alta energía del BM18 permitieron obtener una imagen de apenas 18 micrómetros de resolución.
“Era esencial escanear el fósil de la manera adecuada para captar el nivel de detalle requerido para resolver sus huesos tan diminutos y delicados”, declaró Fernandez.
Los escaneos iluminaron un detalle oculto de la estructura esquelética del embrión de lystrosaurus que confirmó que era mucho más probable que el espécimen se hubiera fosilizado como embrión y no como cría recién nacida.
“Cuando vi la sínfisis mandibular incompleta sentí gran entusiasmo” dijo Julien Benoit, paleontólogo y coautor. “La mandíbula, o quijada inferior, está compuesta por dos mitades que tienen que fusionarse para que el animal pueda comer. Como esa fusión todavía no había ocurrido supimos que este espécimen no había sido capaz de alimentarse todavía”.
Es decir que no había salido del huevo.
Un cascarón blando, arquitectura alternativa
Los tres investigadores sostienen la hipótesis de que las crías de lystrosaurus probablemente nacían de huevos “blandos, como de cuero”, y eso resolvería la intriga de por qué no se habían descubierto huevos de estas criaturas en el registro fósil.
Los huevos de dinosaurio, con cáscara mucho más dura, se calcificaron y fosilizaron más fácilmente, y los depósitos minerales húmedos los convirtieron en piedra. Pero los huevos de lystrosaurus, más blandos y más de mamífero, más bien se descompondrían anónimamente hasta hacerse polvo.
“Ha sido siempre un enigma entender la reproducción de los ancestros mamíferos y este fósil nos brinda una pieza clave del rompecabezas”, dijo Fernandez.
Según declaraciones oficiales del ESRF el descubrimiento de este equipo es no solo “la primera evidencia directa de la reproducción ovípara de los ancestros mamíferos sino una explicación convincente de cómo fue que el lystrosaurus logró dominar los ecosistemas posteriores a la extinción”.
A pesar de su reputación de herbívoro sedentario cavador de madrigueras, el lystrosaurus sobrevivió a un evento de extinción de unos dos millones de años, gracias a que crecía y maduraba rápidamente.