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Ciencia

Marte no se apagó tan rápido como creíamos y la NASA acaba de encontrar nuevas pistas en su mayor región volcánica. Los volcanes de Tharsis estuvieron “vivos” mucho más tiempo

Un nuevo análisis de imágenes y minerales en la región volcánica de Tharsis sugiere que los sistemas magmáticos de Marte siguieron activos cuando el planeta ya parecía geológicamente muerto. Las huellas dejadas bajo uno de sus grandes volcanes obligan a repensar la historia térmica del planeta rojo.
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Marte lleva décadas cargando con la etiqueta de “planeta muerto”: sin placas tectónicas activas, sin volcanes en erupción y sin un interior dinámico como el de la Tierra. Esa imagen cómoda acaba de recibir otro golpe. Un nuevo estudio basado en observaciones orbitales muestra que, al menos en una de sus regiones más icónicas, el planeta rojo mantuvo sistemas volcánicos activos durante mucho más tiempo de lo que creíamos. Y no fue una actividad simple ni puntual, sino una historia interna compleja que quedó escrita en su superficie.

Tharsis: la cicatriz volcánica que domina Marte

Marte no se apagó tan rápido como creíamos y la NASA acaba de encontrar nuevas pistas en su mayor región volcánica. Los volcanes de Tharsis estuvieron “vivos” mucho más tiempo
© NASA.

La región de Tharsis no es un volcán, es prácticamente un continente de lava. Allí se concentran algunos de los mayores volcanes del Sistema Solar, entre ellos Pavonis Mons, Ascraeus Mons y el gigantesco Olympus Mons. Durante años, se asumió que buena parte de estas estructuras correspondían a un pasado remoto, cuando Marte todavía conservaba suficiente calor interno para sostener grandes erupciones.

El nuevo análisis, publicado en la revista Geology, se centró en un sistema situado al sur de Pavonis Mons. A primera vista, el paisaje parecía el resultado de una gran erupción que se solidificó y quedó congelada en el tiempo. Pero al examinar con mayor detalle las imágenes de alta resolución y las firmas minerales desde órbita, el equipo detectó algo mucho más interesante: el terreno no cuenta una historia simple, sino una secuencia de eventos prolongados.

No fue una erupción: fueron varias historias superpuestas

Lo que parecía un único episodio volcánico en realidad es el rastro de varias fases distintas de actividad. En una etapa temprana, el magma emergió a través de grandes fracturas superficiales, generando extensos mantos de lava que se extendieron por la región. Más tarde, el patrón cambió: el material comenzó a salir por puntos más localizados, formando conos volcánicos y estructuras más definidas.

La clave es que todas estas manifestaciones estaban conectadas por un mismo sistema magmático subterráneo. No eran volcanes independientes, sino diferentes “caras” de un mismo motor interno que fue cambiando su modo de funcionamiento con el tiempo. Es como si el volcán hubiera ido adaptando su forma de respirar a medida que se modificaban las condiciones en el interior del planeta.

Las huellas químicas que delatan un Marte aún caliente por dentro

La composición mineral de las lavas es una de las pocas pistas directas que tenemos sobre lo que ocurre bajo la corteza marciana. Cada fase eruptiva dejó una firma distinta, lo que indica que el magma no era siempre el mismo: se transformó, se enriqueció o se empobreció en ciertos minerales con el paso del tiempo.

Este detalle es importante porque sugiere que el interior de Marte seguía siendo dinámico cuando ya pensábamos que el planeta había perdido gran parte de su energía interna. No se trata de un volcán que entra en erupción una vez y muere, sino de un sistema que evoluciona, se reorganiza y mantiene actividad durante periodos prolongados.

Un planeta “muerto” que se resiste a serlo del todo

Estos resultados encajan con una tendencia que viene ganando fuerza en la última década: Marte no es tan geológicamente inerte como lo pintábamos. Aunque hoy no vemos erupciones activas, el relieve volcánico sugiere que el planeta conservó calor interno durante millones de años más de lo que indicaban los modelos clásicos.

Para los científicos, esto no es solo una curiosidad geológica. Un interior activo durante más tiempo implica también una historia térmica distinta, posibles interacciones con antiguos sistemas hidrotermales y, en última instancia, entornos que pudieron ser más favorables para procesos químicos complejos en el pasado.

Leer el interior de Marte desde el espacio

Marte no se apagó tan rápido como creíamos y la NASA acaba de encontrar nuevas pistas en su mayor región volcánica. Los volcanes de Tharsis estuvieron “vivos” mucho más tiempo
© Shutterstock / Artsiom P.

A diferencia de la Tierra, donde podemos perforar, tomar muestras y medir directamente la actividad del subsuelo, en Marte todo se infiere desde la superficie. Cada colada de lava, cada cono volcánico y cada variación mineral es una pista indirecta de lo que ocurrió a kilómetros de profundidad.

Este tipo de estudios demuestra hasta qué punto las imágenes orbitales se han convertido en una herramienta casi “forense” para reconstruir la vida interna de otros planetas. No vemos el magma, pero vemos sus cicatrices.

La historia geológica de Marte sigue reescribiéndose

La imagen de un Marte que se apagó rápido y quedó congelado en el tiempo resulta cada vez menos precisa. Tharsis, con su monumental arquitectura volcánica, no es solo un monumento a un pasado lejano, sino la evidencia de que el planeta rojo tuvo un pulso interno más duradero y complejo.

Marte quizá esté hoy en silencio, pero su superficie sigue contando historias de un mundo que, durante mucho más tiempo del que creíamos, estuvo lejos de ser un desierto geológico sin vida interna.

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