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Ciencia

Marte no solo orbita el Sol. Su gravedad influye en la órbita de la Tierra y en la frecuencia de las edades de hielo

Un nuevo estudio demuestra que la atracción gravitatoria de Marte modifica la órbita terrestre y afecta directamente a la frecuencia con la que se producen las edades de hielo.
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Marte suele aparecer en la ciencia como un mundo seco, frío y lejano. Un planeta pequeño, casi insignificante frente a gigantes como Júpiter o Saturno. Sin embargo, un nuevo estudio acaba de revelar que el planeta rojo desempeña un papel mucho más relevante de lo que imaginábamos.

No sobre su propia atmósfera ni sobre su pasado acuático, sino sobre el clima de la Tierra.

Investigadores han descubierto que la gravedad marciana influye directamente en la forma en que nuestro planeta orbita el Sol, alterando los ciclos que determinan cuándo aparecen —y desaparecen— las grandes glaciaciones.

Una influencia diminuta… pero constante

El trabajo, publicado en Publications of the Astronomical Society of the Pacific, analiza cómo interactúan gravitatoriamente los planetas del sistema solar a lo largo de millones de años.

Aunque Marte posee apenas una décima parte de la masa terrestre, su atracción no es irrelevante. Al actuar de forma continua, introduce pequeñas perturbaciones que modifican la excentricidad de la órbita de la Tierra, es decir, cuán circular o elíptico es su recorrido alrededor del Sol.

Es un cambio casi imperceptible en escalas humanas, pero enorme cuando se acumula a lo largo del tiempo geológico.

La órbita como regulador del clima

El clima terrestre no depende solo de la atmósfera o de los océanos. También está profundamente condicionado por la geometría orbital del planeta. Variaciones en la inclinación del eje, la forma de la órbita y su orientación influyen en cuánta energía solar recibe la superficie. Estos procesos, conocidos como ciclos de Milanković, marcan el ritmo de las edades de hielo.

Uno de los más importantes es el llamado gran ciclo, con una duración aproximada de 2,4 millones de años. Según las simulaciones, este patrón existe gracias a la presencia de Marte. Si el planeta rojo no estuviera allí, ese ciclo simplemente desaparecería.

Qué ocurriría sin Marte

Marte no solo orbita el Sol. Su gravedad influye en la órbita de la Tierra y en la frecuencia de las edades de hielo
© MARK GARLICK/SCIENCE PHOTO LIBRARY.

Los modelos computacionales utilizados por el equipo muestran un escenario sorprendente. Al eliminar Marte del sistema solar, la Tierra seguiría experimentando glaciaciones, pero la regularidad con la que se producen cambiaría por completo. También desaparecería otro ciclo clave, cercano a los 100.000 años, muy ligado a los periodos glaciales recientes.

En otras palabras: la Tierra seguiría siendo climáticamente activa, pero su historia habría sido radicalmente distinta. La estabilidad que permitió el desarrollo de ecosistemas complejos podría no haber existido del mismo modo.

Un equilibrio gravitatorio extremadamente delicado

El estudio también exploró escenarios alternativos. Si Marte fuera más masivo, los ciclos climáticos terrestres se volverían más cortos y mucho más extremos. Si fuera más pequeño, su influencia se diluiría. El sistema actual parece situarse en un punto intermedio sorprendentemente estable.

Existe, no obstante, un ciclo que se mantiene firme: uno de unos 405.000 años, dominado principalmente por la interacción entre Venus y Júpiter. Marte no gobierna el clima terrestre, pero ayuda a mantener su ritmo.

Lo que esto dice sobre otros planetas

El hallazgo tiene implicaciones que van mucho más allá de nuestro sistema solar. En los sistemas exoplanetarios descubiertos hasta ahora, muchos planetas se agrupan de forma compacta, con masas similares y órbitas cercanas. En esos entornos, pequeñas variaciones gravitatorias podrían provocar climas extremadamente caóticos.

Comprender cómo interactúan los planetas entre sí es esencial para evaluar si un mundo puede mantener condiciones estables durante millones de años. La habitabilidad no depende solo de estar en la “zona correcta” alrededor de una estrella. También depende de los vecinos.

La Tierra no evoluciona aislada. Su historia climática está escrita por un complejo baile gravitatorio que involucra a todos los planetas del sistema solar. Y ahora sabemos algo inesperado: uno de los compases más importantes lo marca Marte. Un planeta muerto, frío y distante… que, sin saberlo, ayudó a decidir cuándo nuestro mundo se congeló y cuándo volvió a florecer.

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