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Ciencia

El Monte Olimpo de Marte hace que el Everest parezca una simple colina. Pero lo verdaderamente increíble no es solo su altura, sino cómo la baja gravedad y millones de años de actividad volcánica permitieron crear la montaña más descomunal del Sistema Solar

Mientras el Everest apenas supera los 8,8 kilómetros, en Marte existe un volcán que alcanza más de 26. Su tamaño no solo rompe récords: cambia por completo lo que entendemos por geología planetaria. Allí, las montañas no colapsan… simplemente siguen creciendo.
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Cuando hablamos del Everest, imaginamos lo máximo que puede alcanzar una montaña. Con sus 8.848,86 metros sobre el nivel del mar, domina la Tierra y representa el límite físico y psicológico de la altitud humana. Sin embargo, en términos cósmicos, el Everest es apenas una colina. Más allá de nuestro planeta hay montañas tan altas que romperían cualquier mapa terrestre: auténticas torres de piedra y hielo que se elevan hasta los 26 kilómetros de altura.

Un coloso marciano

El Everest no es tan alto como crees. En Marte y otros mundos del Sistema Solar hay montañas tres veces más grandes
© NASA.

El ejemplo más claro y conocido es el Monte Olimpo, en Marte. Con entre 21,9 y 26 kilómetros desde su base hasta la cima, es el pico más alto conocido del Sistema Solar. Y su tamaño desafía toda lógica: su base ocupa una superficie comparable a la de Francia entera. Desde su cumbre, el horizonte se curvaría bajo los pies, y la atmósfera marciana sería tan delgada que el cielo apenas tendría color.

El secreto de su tamaño está en la física marciana. La gravedad del planeta rojo es solo el 38 % de la terrestre, lo que permite que una montaña acumule más masa sin colapsar bajo su propio peso. Además, Marte carece de placas tectónicas activas, por lo que un mismo volcán puede erupcionar durante millones de años en el mismo lugar, levantando capa tras capa de lava hasta formar un gigante.

El Monte Olimpo es precisamente eso: el resultado de un vulcanismo prolongado e imparable. Su estructura es tan estable que los científicos creen que su última erupción ocurrió hace apenas 25 millones de años, relativamente reciente en tiempo geológico.

Otras montañas que desafían la gravedad

El Everest no es tan alto como crees. En Marte y otros mundos del Sistema Solar hay montañas tres veces más grandes
© Reddit – interestingasfuck.

El segundo pico más alto conocido no está en un planeta, sino en un asteroide. En Vesta, uno de los mayores cuerpos del cinturón de asteroides, se alza el pico central de Rheasilvia, que alcanza unos 22 kilómetros de altura. Su origen fue catastrófico: un impacto de meteorito tan poderoso que dejó un cráter de 200 kilómetros de diámetro y levantó una montaña descomunal en su centro.

Estos paisajes, imposibles de imaginar en la Tierra, existen gracias a la combinación de baja gravedad, ausencia de erosión y procesos geológicos únicos. Sin agua ni viento que desgasten sus flancos, estas montañas permanecen inalteradas durante eones, como monumentos a la violencia primitiva del cosmos.

Una perspectiva cósmica

El Everest seguirá siendo el símbolo de la superación humana, pero en el contexto del universo su grandeza se relativiza. En Marte, en Vesta y quizás en lunas lejanas, las montañas no se escalan: se contemplan desde la distancia, como huellas de fuerzas que exceden todo lo humano.

En el mapa del Sistema Solar, el Monte Olimpo es una advertencia y una promesa. Una advertencia de lo pequeño que somos. Y una promesa de que, allá afuera, la naturaleza sigue haciendo montañas que tocan el cielo… literalmente.

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