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Ciencia

¿Nuestros lejanos ancestros humanos convivieron con los dragones de Komodo? Un estudio dice que el «Homo floresiensis» lo hizo

Unos investigadores que trabajan con el Smithsonian analizaron más de 10.061 artefactos y otros elementos.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Desde que se descubrieron los restos del primer espécimen conocido de Homo floresiensis en la isla de Flores en 2003 los antropólogos han estado debatiendo sobre la vida de este ancestro humano con aspecto de hobbit, de la prehistoria de Indonesia. ¿Qué tamaño tenía el H. floresiensis? Era bastante menudo. ¿Estamos seguros de que el H. floresiensis era una especie en sí mismo? Hay certezas de que así fue. ¿Qué comía? Aparentemente, en ocasiones comía ratas gigantes. Y una cantidad de interrogantes más.

Ahora un equipo internacional de científicos en colaboración con el Programa Orígenes Humanos del Smithsonian de Washington D.C., llegó a la conclusión de que estos homínidos pequeños pueden haber sido más depredadores que cazadores y recolectores. Es que analizaron antiguas marcas de depredadores en los restos esqueléticos del hoy extinto primo de los elefantes, el Stegodon florensis insularis, y las marcas parecen indicar que el H. floresiensis comía las sobras de Stegodon que dejaban los dragones de Komodo. La Asociación Norteamericana para el Avance de la Ciencia comparó este hallazgo con el “segundo desayuno” de los hobbits de la Tierra Media de Tolkien.

Sin embargo, y tal vez esto sea lo más importante, lo que concluyeron es que el H. floresiensis tal vez no fuera tan sofisticado como sostenían los investigadores que lo estudiaron antes. Por eso, es probable que no fueran cazadores de grandes animales, ni que dominaran el fuego según la teoría de los antropólogos de entonces.

Hábil cazador

“El dragón de Komodo es un depredador muy avezado que ataca a su presa de manera sorpresiva y que depende de su excelente sentido del olfato para hallar carne en descomposición, incluso a kilómetros de distancia”, escribieron en el nuevo estudio la paleoantropóloga E. Grace Veatch y sus colegas. Su trabajo se publicó el viernes en Science Advances.

El equipo señaló que la capacidad para rastrear carcasas de animales muertos aunque estuvieran a grandes distancias es una de las razones por las que probablemente el H. floresiensis no lograra siquiera comer grandes animales muertos como el Stegodon antes de que los dragones saciaran su hambre.

Veatch, del postdoctorado del Smithsonian, y los miembros de su equipo compararon la posición anatómica de las marcas de dientes de dragón de Komodo en restos fósiles de Stegodon, con marcas de herramientas primitivas que dejó el H. floresiensis en esos huesos. Para interpretar mejor lo que veían en los fósiles que se encontraron en la cueva Lian Bua de la isla de Flores, en el sitio principal donde se excavaron restos del H. floresiensis, llevaron a cabo experimentos de observación de los dragones de Komodo de hoy cuando se alimentaban en el Zoo Atlanta, de Atlanta, Georgia. Como resultado, concluyeron que los antiguos homínidos sólo lograban comer un “segundo desayuno”.

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©Rosino, via Wikimedia Commons, CC 2.0 license

“Las marcas de dientes de dragón de Komodo se concentraban mayormente allí donde había mayor volumen de carne, como los cuartos delanteros y traseros”, señalaron. En contraste, las marcas que dejaron las herramientas de los H. floresiensis, estaban en lugares de los huesos de Stegodon que no eran especialmente jugosos, más cerca de la cabeza, el cuello y las patas.

Tampoco iniciaban el fuego

Veatch, autora principal del trabajo, estudió junto a sus colegas los 10.061 artefactos y elementos que se hallaron en la cueva Liang Bua para determinar si el H. floresiensis había utilizado el fuego. Basándose en el análisis de las capas de roca que corresponden a la era en que estos homínidos ocupaban la cueva, hace unos 774.100 a 60.000 años, determinaron que la evidencia del uso del fuego sólo podía atribuirse al más moderno Homo sapiens.

“Es razonable concluir que el uso del fuego en el sitio fue resultado de la conducta del H. sapiens, de hace 46.000 años hasta hoy, mucho después de que desaparecieran el H. floresiensis y el Stegodon”, escribieron en su trabajo.

Sin embargo, Veatch y sus colegas saben que muchos quieren creer que estos pequeños homínidos tenían vidas complejas y ricas, por lo que es probable que su trabajo no se considere como la última palabra. “El hecho de que originalmente se describiera al H. floresiensis como con conductas de adaptación seguirá siendo origen de intenso debate”, señalan.

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