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Ciencia

Nuevo giro en la famosa prueba del malvavisco: ¿qué pasa si agregas a un segundo niño?

Un nuevo estudio le da un giro a la famosa prueba del malvavisco, y muestra que si el niño siente el respaldo de un compañero tendrá más probabilidades de resistirse a la tentación y esperar la recompensa.
Por Natalia Mesa Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Nuestro compromiso para con los demás puede influir mucho en nuestras acciones, incluso en el caso de los niños que intentan no comer una rica golosina ahora mismo. El apoyo de los pares ayudó a los niños a pasar la famosa prueba del malvavisco de Stanford, que pone a prueba si un niño logra resistirse a una tentadora golosina durante el tiempo suficiente como para esperar una recompensa más grande y mejor, según indica el nuevo estudio.

El trabajo se publicó el 7 de mayo en Royal Society Open Science, y halló que los niños tienen más probabilidades de esperar una recompensa mayor si tienen un compañero que haya prometido acompañarlos en su intento, en comparación con la misma situación estando a solas. Los hallazgos muestran que las promesas pueden tener una influencia bastante potente en la conducta de las personas, y recuerdan estudios anteriores que han hallado que las promesas explícitas hacen que los niños tengan menos probabilidades de mentir o hacer trampa, y más probabilidades de decir la verdad. 

La prueba original del malvavisco que se hizo en Stanford en la década de 1970, era bastante simple y simpática. Se ponía un malvavisco u otra golosina frente a un niño y se lo dejaba a solas en una habitación. Quien llevaba a cabo el experimento le decía al niño que si el malvavisco estaba todavía en su lugar cuando regresara, el niño recibiría el doble de golosinas. Los estudios de seguimiento mostraron que los niños que “pasaban” la prueba del malvavisco, esperando hasta que regresara esa persona, tenían mejores resultados más adelante en sus vidas. Pero luego hubo estudios que cuestionaron esos hallazgos y mostraron que los niños que preferían comer la recompensa pequeña tenían más probabilidades de provenir de hogares y circunstancias que les hacían confiar menos en los adultos. Entonces su nivel relativo de éxito en la vida futura podría haber reflejado el ambiente de su crianza y no, sus cualidades intrínsecas.

Qué se hizo ahora

En el nuevo estudio un equipo de investigadores, que incluyen al psicólogo Owen Waddington de la Universidad de Manchester, quisieron determinar si las interacciones con otros tenían algún impacto en la capacidad del niño para esperar la recompensa mejor. “La cooperación exitosa suele depender en parte de que la persona mantenga la gratificación demorada. Este sentido de la obligación también puede dar lugar a un esfuerzo mayor y así, al éxito mayor en la cooperación”, indicaron los científicos.

Los investigadores llevaron a cabo los experimentos en línea, y formaron parejas de niños. Los nuevos experimentos se hicieron con niños de 5 y 6 años de edad, junto con sus padres. Desde su hogar, los padres le mostraban al niño una golosina conocida y se le decía que recibirían una golosina mejor si había otro niño que también esperara una golosina mejor bajo las mismas circunstancias. Luego, los adultos simulaban un mal funcionamiento con el link de Zoom, y así los participantes podían ver al otro niño, pero no podían interactuar o comunicarse con él.

Se les mostraba a los niños un video de su acompañante. El otro niño prometía que no iba a comer la golosina, o bien afirmaba no saber si podría resistir y esperar.

El estudio mostró que cuando uno de los niños prometía resistir, el otro esperaba más antes de comer la golosina, y menos si el otro niño había expresado inseguridad. El resultado muestra que las promesas pueden ser muy importantes, incluso para los niños. En comparación con estudios anteriores con esta prueba del malvavisco, este estudio “avanza un poco más y muestra que cuando un compañero promete esperar para recibir la recompensa, los niños están más dispuestos a demorar la gratificación que cuando el compañero expresa inseguridad”, escribieron los autores del trabajo.

Es más probable que los niños pequeños logren esperar más que los niños mayores, aunque la diferencia estadísticamente no fue significativa. Los autores afirmaron que tal vez se deba a que a medida que crecen “los niños se van encontrando con más promesas incumplidas y aprenden que los compromisos no siempre se honran”.

Los hallazgos indican que las promesas promueven la cooperación en los niños, y se hacen eco de los experimentos anteriores de investigación de la adicción, de que los sistemas de parejas pueden prevenir las recaídas. Pero los autores advierten que tal vez no se apliquen a todos los niños porque los estudios se hicieron con niños sanos en el norte de Inglaterra y no se sabe si los hallazgos se aplicarían a los niños de otras culturas.

Tal parece que una promesa puede lograr mucho.

 

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