En los túneles subterráneos de Saqqara, a pocos kilómetros de las pirámides de Giza, hay sarcófagos de granito que pesan entre 60 y 100 toneladas. Llevan ahí más de dos mil años. La pregunta de cómo llegaron hasta sus nichos en las galerías del Serapeum, el complejo funerario de los bueyes sagrados Apis, es una de las grandes preguntas abiertas de la egiptología. La explicación clásica siempre fue la misma: esclavos o trabajadores arrastraron los bloques sobre rodillos y rampas de madera. Una nueva investigación dice que eso habría sido físicamente imposible, y propone algo muy diferente.
El problema geotécnico: el suelo de los túneles es demasiado blando para haber soportado el transporte

El argumento central de la investigación de Heinz-Dieter Hauger, publicada en ResearchGate, parte de un análisis geológico del suelo de los túneles. Los corredores del Serapeum no están excavados en roca dura sino en esquisto blando, un material con una dureza de apenas 2,5 en la escala de Mohs. Ese nivel de dureza hace que el terreno sea extremadamente inestable bajo cargas concentradas.
Un sarcófago de 60 toneladas sobre rodillos de madera concentraría una presión enorme en puntos de contacto muy pequeños. Según Hauger, un suelo de esquisto blando se desmoronaría ante esa presión, y tampoco permitiría anclar con seguridad los cabrestantes necesarios para tirar de los bloques: el material cedería antes de que la estructura pudiera ejercer la tracción suficiente. El transporte por fuerza bruta sobre el suelo existente habría sido, en sus términos, geotécnicamente imposible.
La teoría hidráulica: flotación controlada con el agua del Nilo y sedimentación de 1.500 años
La alternativa que propone Hauger es una ingeniería radicalmente distinta. Según su modelo, los antiguos ingenieros egipcios aprovecharon el ahora desaparecido brazo Ahramat del Nilo, que en la antigüedad corría más cerca de Saqqara, para alimentar una cuenca hidráulica construida específicamente en el complejo. Los sarcófagos habrían llegado a sus posiciones mediante flotación controlada, usando el agua para eliminar la fricción y reducir el peso efectivo sobre el frágil suelo.
Una vez en posición, el proceso de sellado habría sido pasivo: durante aproximadamente 1.500 años, el limo y la marga del Nilo habrían ido envolviendo las cajas de granito por sedimentación natural. Con el paso de los siglos, esos sedimentos se secaron hasta convertirse en el esquisto blando que los arqueólogos encuentran hoy en las galerías. Eso explicaría el aspecto de piezas «empotradas» en el suelo, una característica que siempre desconcertó a los investigadores.
Las evidencias físicas: estrías en las paredes, el comportamiento de los saqueadores y el diseño de las bóvedas

Hauger cita varias evidencias físicas que respaldan su tesis. Las paredes de los depósitos presentan estrías similares a marcas de sedimentos anuales coincidentes con las crecidas del Nilo. La disposición arquitectónica de las bóvedas del Serapeum parece optimizada para un flujo uniforme de agua y sedimentos, un diseño coherente con una obra hidráulica y menos explicable como simple corredor de transporte. Y el comportamiento de los propios saqueadores resulta revelador: al intentar mover los sarcófagos, tuvieron que anclar sus herramientas directamente a las cajas de granito porque el sedimento circundante era demasiado blando para ofrecer punto de apoyo, lo que confirma la naturaleza del material que los rodea.
El Serapeum en contexto: el complejo de los bueyes sagrados que confundió a los exploradores del siglo XIX
El Serapeum de Saqqara fue descubierto formalmente por el arqueólogo Auguste Mariette en 1851, aunque referencias al complejo aparecen en textos de la Antigüedad. Fue el lugar de entierro de los bueyes Apis, animales considerados sagrados en el antiguo Egipto como manifestación del dios Ptah. El complejo consiste en una red de túneles excavados en varios períodos desde el Imperio Nuevo hasta la época ptolemaica, con nichos laterales donde se depositaban los sarcófagos de granito conteniendo los cuerpos momificados de los bueyes. La teoría hidráulica de Hauger no tiene aún validación académica por parte de la comunidad egiptológica dominante, pero los argumentos geotécnicos sobre la resistencia del suelo son verificables y han abierto un debate que la arqueología convencional todavía no ha cerrado.