En Historia natural de Plinio el Viejo, el estudioso romano describió una mezcla orgánica singular que se usaba en el antiguo imperio para impermeabilizar las embarcaciones. Al buscar algo poco común en un naufragio de hace 2.200 años los investigadores confirmaron no solo que es verdad, sino que los constructores navales romanos probablemente también realizaban el mantenimiento de las naves mientras estaban de viaje.
Frontiers in Materials publicó hoy un estudio que describe que el análisis de polen atrapado en el naufragio romano, llamado Ilovik-Paržine 1, reveló la composición y origen de los materiales del revestimiento impermeabilizante. La materia orgánica se degrada y se descompone fácilmente con el tiempo, por lo que a los arqueólogos navales les resultaba difícil entender del todo las antiguas técnicas de la construcción naval. Pero para sortear esos problemas el equipo que llevó a cabo este estudio ingenió un análisis interdisciplinario que combinó la arqueología, la química y la palinología o estudio de granos de polen.
El equipo confirmó no sólo que los constructores de barcos de la antigua Roma usaban sofisticadas técnicas de impermeabilización, sino que continuamente las naves se mantenían con más capas de revestimiento para que pudieran navegar durante mucho tiempo.
“Esta forma de estudiar nos permite investigar potenciales variaciones relacionadas con diferencias funcionales o técnicas, o incluso las fases de reparación en la aplicación de materiales impermeabilizantes”, le dijeron en un e-mail a Gizmodo los coautores del trabajo Armelle Charrié y Quentin Couillebault. El objetivo, añadieron, era “producir interpretaciones más robustas y ampliar el rango de hipótesis”.
El regreso al naufragio
Este naufragio, el Ilovik-Paržine 1, se descubrió en 2016 y desde entonces se lo ha estudiado ampliamente. Pero las investigaciones se centraban principalmente en el diseño de la estructura y la antigüedad del barco. Durante esos proyectos los investigadores notaron una gruesa capa de revestimiento adhesivo orgánico en el exterior y el interior del casco del barco, según afirman en su trabajo.

“Los materiales que descubre la arqueología son cada vez más interesantes porque albergan una riqueza de información que es esencial y no tiene precedentes”, explicaron Charrié y Couillebault, bioarqueólogos de la Universidad de Estrasburgo y la Universidad Aix-marseille de Francia respectivamente. “Brindan información sobre asuntos como la vestimenta, las prácticas funerarias, los alimentos, la vida doméstica o las técnicas de manufactura en las poblaciones que estudiamos”.
Sin embargo, los materiales orgánicos rara vez sobreviven por lo que el revestimiento que hallaron los investigadores les brindara una oportunidad invalorable para estudiar la técnica, algo que Charrié ya había investigado en otros naufragios.
Polen y zopissa
Hablando con Gizmodo los investigadores destacaron que las diferentes disciplinas tuvieron roles muy específicos en este estudio. La palinología estudia granos de polen atrapados en la manufactura o aplicación del revestimiento, y así ofreció indicios del cuándo y el dónde de las reparaciones. El análisis químico confirmó la huella molecular que corresponde a la zopissa, una mezcla de alquitrán o brea de pino y cera de abejas que describió Plinio el Viejo.
Como resultado el equipo encontró un proceso de construcción naval altamente sofisticado. Por ejemplo, incluir la cera de abejas y el alquitrán hacía que el adhesivo fuera flexible. El polen atrapado entre las capas de zopissa se rastreó a diversos entornos, desde densos bosques de roble, pino, olivos y avellanos a alisos y cenizas y áreas próximas al agua. La información permitió al equipo pintar una imagen más completa de todos los lugares que el barco habría visitado antes de naufragar.
Registro de marineros
Lo más importante es que los hallazgos les dieron a los investigadores indicios de las prácticas culturales de la región. Las muestras tenían unas cuatro o cinco capas de impermeabilizante aplicadas en distintos lugares y momentos. Con eso los investigadores lograron reconstruir una ruta factible de navegación por el mar Adriático, e incluso identificar dónde y cuándo se reparó y volvió a impermeabilizar el barco.
Además, el uso arqueológico más antiguo de la zopissa data de fines del siglo u a.C, que se corresponde con “una arcaica tradición griega”, según le dijeron a Gizmodo Charrié y Couillebault. Eso indica “que ha´bia extensa circulación de conocimiento técnico y apunta al fenómeno de la transferencia de tecnología en la cuenca del Mediterráneo”, explicaron.