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Tecnología

OpenAI entra en estado de pánico: ¿qué está pasando?

La empresa detrás de ChatGPT predica la misión por encima del dinero, mientras Meta le roba talento. Pero una "vacación forzada" y la salida clave en una startup aliada revelan otra realidad.
Por Luc Olinga Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Esta semana, la empresa de inteligencia artificial más influyente del mundo cerró sus puertas temporalmente. OpenAI dio una semana libre a todo su personal para “recargar energías”, un beneficio que suena generoso para un equipo que trabaja sin descanso en una tecnología destinada a cambiar el mundo.

Pero esto no fue una iniciativa de bienestar. Se trató de una retirada estratégica en medio de una feroz y decisiva guerra por el talento, que amenaza con hacer añicos la identidad cuidadosamente construida de la compañía.

La batalla tecnológica

El adversario es Meta Platforms, el imperio de redes sociales que incluye Facebook, WhatsApp e Instagram. Según el propio CEO de OpenAI, Sam Altman, sus tácticas se están volviendo agresivas. En un mensaje reciente en Slack dirigido a los empleados —revisado por WIRED—, Altman habló sobre la salida de varios investigadores clave captados por la empresa de Mark Zuckerberg.

“Meta está actuando de forma algo desagradable”, escribió Altman, reconociendo las “ofertas gigantescas” que han recibido muchos miembros de su equipo. Describió el momento actual como una nueva etapa, caótica pero predecible: “Pasamos de ser unos nerds en una esquina a las personas más interesantes de la industria tecnológica (al menos)”, comentó. “Twitter sobre IA es tóxico”, agregó, y concluyó: “Después de que me despidieron y volví, dije que no sería lo más loco que pasaría en la historia de OpenAI; esto, sin duda, tampoco lo es.”

El mensaje refleja la creciente tensión en la batalla por el talento en inteligencia artificial. Pero también revela algo más profundo: OpenAI, el laboratorio más destacado en la carrera por la IA generativa, podría estar teniendo dificultades para retener a su propio equipo. Durante años, la compañía operó con la pasión de una misión casi religiosa: no se trataba solo de crear productos, sino de desarrollar una Inteligencia Artificial General (AGI) en beneficio de la humanidad. El trabajo era duro, las horas largas, pero la misión se presentaba como la mejor recompensa. Ahora, Zuckerberg pone a prueba ese ideal, apostando a que incluso los más fieles tienen un precio. Y parece estar acertando.

El conflicto se ha intensificado tanto que está generando daños colaterales incluso entre los aliados más cercanos de OpenAI. En un giro irónico, Ilya Sutskever —cofundador de OpenAI que dejó la empresa para fundar su propio laboratorio centrado en seguridad— se convirtió en una víctima directa. Esta semana, anunció que Daniel Gross, CEO de su nueva compañía Safe Superintelligence (SSI), se va… para unirse a Meta.

“Como saben, la salida de Daniel Gross era algo que veníamos anticipando”, publicó Sutskever en X (antes Twitter) el 3 de julio. “Y desde el 29 de junio ya no forma parte oficialmente de SSI. Agradecemos sus primeras contribuciones a la empresa y le deseamos lo mejor en su nuevo camino. Ahora asumo formalmente el rol de CEO de SSI y Daniel Levy será el presidente. El equipo técnico seguirá reportando directamente a mí”.

Sutskever también confirmó que Meta había intentado adquirir a Safe Superintelligence: “Quizás hayan oído rumores sobre empresas interesadas en comprarnos. Nos sentimos halagados por la atención, pero estamos enfocados en continuar nuestro trabajo”, escribió, y agregó: “Tenemos la capacidad de cómputo, tenemos el equipo y sabemos qué hacer. Juntos construiremos una superinteligencia segura”.

Ese es el contexto del memorando de Altman, donde intenta movilizar a sus empleados apelando a un argumento moral. Desestimó el éxito de Meta en atraer personal, asegurando que “no consiguieron a sus mejores opciones y tuvieron que ir muy abajo en su lista”, y que ha “perdido la cuenta de cuántas veces intentaron reclutar a alguien de aquí para ser su Chief Scientist”.

El conflicto y la disputa sigue escalando

Altman planteó el conflicto como una lucha de ideales: “Estoy orgulloso de lo orientado a la misión que es nuestro sector en general; por supuesto que siempre habrá algunos mercenarios”, escribió, antes de declarar: “Los misioneros vencerán a los mercenarios”.

Pero en el mismo mensaje, reconoció silenciosamente que la misión ya no es suficiente. Señaló que OpenAI está evaluando los sueldos de todo su equipo de investigación, prometiendo hacerlo “de forma justa y no solo con quienes Meta decidió apuntar”. Es una admisión notable. Para detener la fuga de talento, Altman se ve obligado a jugar bajo las reglas de Meta.

En su argumento final, insistió en que OpenAI sigue siendo el único lugar verdaderamente comprometido con la causa: “Nos importa realmente construir una AGI de forma correcta”, añadió. “Otras empresas ven esto como un medio para otro fin. Pero para nosotros es lo más importante, y siempre lo será. Mucho después de que Meta pase a su próximo ‘capricho de la semana’… nosotros seguiremos aquí, día tras día, año tras año.”

Desde esta perspectiva, la “vacación obligatoria” no parece tanto un beneficio como una maniobra defensiva desesperada. Es un intento por contener la sangría, alejar a los empleados de sus escritorios y del constante bombardeo de reclutadores, y evitar una crisis total de confianza.

Nuestra opinión

OpenAI sigue siendo el rostro más visible de la IA generativa. Tiene el chatbot más famoso, la mayor exposición mediática y una alianza profunda con Microsoft. Pero su dominio sobre el talento de élite se está debilitando.

Meta, en cambio, cuenta con dinero, impulso y una agresividad que ya ni siquiera intenta disimular. Zuckerberg no solo construye un laboratorio de IA: está armando una máquina de reclutamiento diseñada para comprar al mejor ejército.

En cuanto a Safe Superintelligence, se convierte en el tercer nodo de un panorama cada vez más fragmentado: una alternativa independiente a los gigantes, dirigida por uno de los arquitectos originales de OpenAI.

Altman puede seguir creyendo que “los misioneros vencerán a los mercenarios”. Pero las misiones no retienen personal cuando hay ofertas de nueve cifras sobre la mesa. La cultura sí. Y esta semana, las grietas en esa cultura empezaron a hacerse visibles.

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