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Tecnología

La NASA ha probado un motor espacial que supera ampliamente a los sistemas actuales. Su nueva tecnología podría ser clave para enviar humanos a Marte y transformar los viajes por el sistema solar

El propulsor electromagnético desarrollado en el JPL alcanza niveles de potencia nunca vistos en Estados Unidos. Su eficiencia y capacidad de empuje lo convierten en una pieza clave para futuras misiones tripuladas de larga duración.
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La exploración espacial lleva años enfrentándose al mismo límite: la propulsión. No importa cuánto avance la tecnología en otros campos, si no podemos mover naves de forma más eficiente, rápida y sostenible, los viajes a Marte seguirán siendo un desafío enorme.

Por eso, cada nuevo motor importa. Y este, en particular, marca una diferencia.

Un salto de potencia que no es menor

En el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, en California, los ingenieros han probado un nuevo tipo de propulsor electromagnético que ha alcanzado los 120 kilovatios de potencia. Puede parecer un dato técnico más, pero no lo es. Es un récord en pruebas realizadas en Estados Unidos para este tipo de sistemas.

Para ponerlo en contexto, los propulsores eléctricos actuales (como los utilizados en la misión Psyche) operan a niveles mucho más bajos. Este nuevo motor multiplica esa capacidad, abriendo la puerta a un tipo de propulsión que hasta ahora no había pasado de la teoría o de experimentos limitados.

Cómo funciona un motor que no se parece a los actuales

La NASA ha probado un motor espacial que supera ampliamente a los sistemas actuales. Su nueva tecnología podría ser clave para enviar humanos a Marte y transformar los viajes por el sistema solar
© NASA.

El sistema pertenece a la categoría de propulsores magnetoplasmodinámicos, o MPD. A diferencia de los motores eléctricos convencionales, que ionizan gases nobles como el xenón, este utiliza vapor de litio metálico como propelente. La diferencia no es menor.

En lugar de depender únicamente de la ionización y aceleración de partículas, el motor MPD genera corrientes eléctricas muy intensas que interactúan con campos magnéticos. Ese proceso acelera el plasma de litio a gran velocidad, produciendo un empuje más potente y eficiente. Es un enfoque distinto. Más complejo, pero también con mucho más margen de crecimiento.

Un entorno extremo para probarlo

Las pruebas no se realizaron en condiciones normales. El propulsor fue sometido a un entorno que simula el vacío del espacio, dentro de una cámara de ocho metros de longitud diseñada específicamente para este tipo de experimentos.

Durante cinco encendidos consecutivos, el electrodo central de tungsteno alcanzó temperaturas superiores a los 2.800 grados Celsius. No es solo una demostración de potencia, sino también de resistencia. Porque si algo define este tipo de tecnología, es su capacidad para operar durante largos periodos sin fallar.

El verdadero objetivo: escalar la tecnología

Este prototipo es solo el principio. El plan del equipo es llevar estos motores a potencias de entre 500 kilovatios y 1 megavatio. Y más allá de eso, combinarlos para alcanzar varios megavatios en conjunto, lo necesario para una misión tripulada a Marte. No es un reto menor.

Una misión de ese tipo requeriría más de 23.000 horas de funcionamiento continuo. Eso implica no solo generar potencia, sino mantenerla sin degradar los materiales ni comprometer la estructura del motor.

Menos combustible, más alcance

Mover objetos sin tocarlos y sin usar combustible ya no es ciencia ficción. Esta nueva tecnología basada en láseres y metasuperficies logra generar empuje controlado con luz y podría convertirse en una alternativa real para impulsar naves espaciales en el futuro
© NASA.

Una de las grandes ventajas de la propulsión eléctrica es su eficiencia. En comparación con los cohetes tradicionales, puede reducir el consumo de propelente hasta en un 90% para trayectos similares.

El problema es que ese ahorro suele venir acompañado de un empuje bajo. Los motores actuales aceleran lentamente, pero durante mucho tiempo. El sistema MPD busca romper ese equilibrio. Mantener la eficiencia… pero aumentando significativamente el empuje. Si lo consigue, cambiaría por completo el diseño de las misiones espaciales.

Marte como objetivo, pero no el único

Aunque el foco está puesto en Marte, las implicaciones van más allá. Un sistema de propulsión más potente y eficiente permitiría misiones más rápidas, transportar más carga y explorar regiones del sistema solar que hoy resultan poco accesibles.

Eso incluye tanto misiones tripuladas como robóticas. Y, en el fondo, redefine algo más amplio: nuestra capacidad de movernos fuera de la Tierra.

Un paso más, pero no el último

Como ocurre con muchos avances en el espacio, este no es el punto final, sino un paso intermedio. Quedan años de desarrollo, pruebas y ajustes antes de que un motor de este tipo pueda integrarse en una misión real. Pero hay algo que ya ha cambiado.

Por primera vez en mucho tiempo, la propulsión eléctrica de alta potencia empieza a parecer una opción real para viajes interplanetarios. Y eso acerca un poco más una idea que lleva décadas sobre la mesa. Llegar a Marte no será sencillo. Pero ahora, al menos, empieza a parecer técnicamente posible.

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