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Tecnología

Mover objetos sin tocarlos y sin usar combustible ya no es ciencia ficción. Esta nueva tecnología basada en láseres y metasuperficies logra generar empuje controlado con luz y podría convertirse en una alternativa real para impulsar naves espaciales en el futuro

Un equipo de científicos ha logrado elevar y dirigir objetos microscópicos utilizando luz. El sistema, basado en metajets, abre la puerta a una forma de propulsión espacial que prescindiría completamente de los combustibles tradicionales.
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La idea suena casi imposible: desplazar un objeto sin tocarlo, sin motores y sin una sola gota de combustible. Sin embargo, eso es exactamente lo que un grupo de científicos de la Universidad de Texas A&M ha conseguido en laboratorio. No con magia, sino aprovechando una propiedad de la luz que conocemos desde hace tiempo, pero que nunca habíamos logrado controlar con tanta precisión.

El avance gira en torno a una tecnología llamada metajets, que combina el uso de láseres con estructuras diseñadas a escala nanométrica para redirigir la luz de forma extremadamente precisa. Puede parecer un detalle técnico, pero es justo ahí donde está la diferencia entre un experimento curioso y una posible revolución en la forma de mover objetos… incluso en el espacio.

La presión de la luz deja de ser una curiosidad física

Mover objetos sin tocarlos y sin usar combustible ya no es ciencia ficción. Esta nueva tecnología basada en láseres y metasuperficies logra generar empuje controlado con luz y podría convertirse en una alternativa real para impulsar naves espaciales en el futuro
© NASA.

Cada vez que un haz de luz impacta sobre una superficie, ejerce una fuerza minúscula. Es algo conocido como presión de radiación, y durante décadas se ha estudiado más como una rareza teórica que como una herramienta práctica. El problema siempre ha sido el mismo: esa fuerza es demasiado pequeña como para resultar útil en condiciones normales.

Lo que han hecho estos investigadores es cambiar las reglas del juego, explica el estudio en Newton Cell. En lugar de intentar aumentar el tamaño del objeto o del sistema, han optado por modificar cómo interactúa la luz con la superficie. Y ahí entran en juego las metasuperficies.

Estas superficies, aunque parecen planas, están cubiertas de estructuras diminutas (imperceptibles al ojo humano) que alteran el comportamiento de los fotones cuando impactan sobre ellas. A diferencia de un espejo convencional, donde la luz rebota de forma uniforme, aquí cada pequeño elemento puede desviar el haz en una dirección concreta. El resultado es un empuje que no solo existe, sino que puede dirigirse.

De un empuje débil a un movimiento controlado

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© Newton Cell.

El verdadero salto no está en generar fuerza, sino en controlarla. Gracias a esta configuración, los investigadores han conseguido no solo levantar objetos microscópicos, sino también hacerlos girar y desplazarse en direcciones específicas. Es decir, han pasado de demostrar que la luz puede empujar… a demostrar que puede gobernar el movimiento.

En sus experimentos, estos dispositivos (del tamaño aproximado de un cabello humano) reaccionan al láser como si se tratara de un sistema de propulsión en miniatura. La analogía que utilizan los propios científicos es bastante clara: como si miles de pelotas de tenis golpearan una pared de forma coordinada, generando una fuerza acumulativa que termina siendo significativa.

Lo interesante es que este enfoque rompe con una intuición bastante arraigada. Para conseguir más empuje, no es necesario construir estructuras más grandes, sino aumentar la potencia de la luz. Eso cambia completamente la lógica de escalado.

La posibilidad de viajar sin combustible empieza a tener sentido

Aquí es donde la investigación deja de ser solo interesante y empieza a ser relevante. Si esta tecnología se pudiera escalar, permitiría diseñar sistemas de propulsión sin necesidad de combustible convencional. En lugar de transportar masa para generar empuje, bastaría con una fuente de energía capaz de emitir luz de alta intensidad.

Las implicaciones para la exploración espacial son evidentes. Hoy en día, enviar una nave a otro sistema estelar es, en la práctica, inviable por los tiempos necesarios. Viajar a Alfa Centauri, por ejemplo, requeriría cientos de miles de años con la tecnología actual. Los investigadores sugieren que, con un sistema basado en metajets, ese tiempo podría reducirse a décadas.

Puede sonar optimista, y probablemente lo sea. Pero también marca una dirección clara: la propulsión del futuro podría no depender de expulsar masa, sino de manipular la luz.

Mucho más cerca de la Tierra de lo que parece

Mover objetos sin tocarlos y sin usar combustible ya no es ciencia ficción. Esta nueva tecnología basada en láseres y metasuperficies logra generar empuje controlado con luz y podría convertirse en una alternativa real para impulsar naves espaciales en el futuro
© Newton Cell.

Aunque la narrativa más llamativa apunta al espacio, las aplicaciones inmediatas están aquí. La capacidad de mover objetos sin contacto tiene un enorme potencial en campos como la microrrobótica, la fabricación de alta precisión o incluso la manipulación de materiales sensibles.

Eliminar el contacto físico no es un detalle menor. Reduce el desgaste, minimiza errores y permite trabajar en entornos donde cualquier interferencia mecánica sería un problema. En ese sentido, los metajets podrían tener impacto mucho antes en laboratorios y procesos industriales que en misiones espaciales.

Un primer paso que todavía necesita tiempo

Como ocurre con casi todos los avances de este tipo, la distancia entre el laboratorio y la aplicación real sigue siendo considerable. Hasta ahora, los experimentos se han realizado a escala microscópica y en condiciones muy controladas. El siguiente desafío será probar el sistema en microgravedad y comprobar si mantiene su eficacia fuera de la Tierra. Después vendrá lo más complejo: escalar la tecnología.

No hay garantías de que lo consigan a corto plazo. Pero sí hay algo claro: este experimento ha demostrado que es posible generar movimiento controlado utilizando únicamente luz. Y eso, por sí solo, ya obliga a replantear cómo entendemos la propulsión. A veces, los cambios más grandes empiezan con fuerzas casi invisibles.

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