Durante años, la carrera de la inteligencia artificial consistió en desarrollar modelos capaces de responder preguntas cada vez más difíciles. OpenAI, Google y Anthropic compitieron por ofrecer mejores razonamientos, escribir código y resolver problemas complejos. Pero la siguiente batalla parece estar ocurriendo en un terreno mucho más cotidiano: pedirle a una IA que haga las compras, organice un viaje o cancele una suscripción sin tener que explicarle cada paso.
Meta y una startup llamada Instinct están apostando precisamente por ese modelo. Mientras los grandes laboratorios presentan sofisticados agentes autónomos orientados al trabajo profesional, sus competidores intentan convertir la inteligencia artificial en una especie de asistente personal al que basta con enviar un mensaje.
La diferencia podría parecer menor, pero está cambiando las reglas del mercado. Ya no se trata solamente de quién tiene el modelo más potente, sino de quién consigue que millones de personas incorporen estos agentes a su vida diaria.
Meta encontró en WhatsApp una puerta de entrada que otros agentes todavía no tienen

El 8 de septiembre, Meta presentó Muse, un agente personal capaz de enviar correos electrónicos, organizar viajes, gestionar compras y realizar tareas en aplicaciones conectadas. Su principal particularidad es que puede utilizarse desde WhatsApp, sin obligar al usuario a aprender una nueva interfaz. Según el anuncio oficial de Meta, Muse funciona mediante un ordenador virtual en la nube y solicita autorización antes de ejecutar acciones sensibles, como enviar mensajes o realizar pagos. Su disponibilidad inicial se concentra en Estados Unidos y ofrece acceso gratuito para buena parte de sus funciones.
Los primeros resultados muestran un crecimiento rápido. A finales de septiembre, Muse superaba los tres millones de usuarios que enviaban al menos una consulta semanal, según datos internos consultados por The Information. La cifra no equivale a tres millones de personas utilizando diariamente todas sus capacidades, pero demuestra el interés por este tipo de herramientas.
Instinct sigue una filosofía todavía más sencilla. La startup fundada por Noah Shinn, de 23 años, permite comunicarse con su agente mediante mensajes y llamadas, incluyendo servicios como iMessage. Sus usuarios pueden pedirle que compre alimentos, busque entradas o gestione suscripciones. La compañía consiguió una financiación acumulada de 350 millones de dólares y una valoración de 2.500 millones en agosto de 2026. Sin embargo, continúa siendo una propuesta mucho más pequeña y con acceso limitado.
OpenAI y Anthropic quieren agentes que gestionen trabajos enteros, no solo recados

La estrategia de sus competidores es diferente. El 29 de septiembre, OpenAI presentó Dots, un sistema de agentes capaces de trabajar de forma continua, utilizar aplicaciones conectadas y avanzar en proyectos incluso cuando el usuario no está interactuando con ellos.
El 21 de octubre, Anthropic respondió con Claude Duet, orientado especialmente a profesionales y pequeñas empresas. Puede revisar el correo y el calendario, preparar resúmenes matutinos, organizar reuniones y desarrollar tareas más complejas, como informes financieros o paneles de datos. La diferencia está en el acceso. Según Anthropic, Duet está disponible inicialmente mediante lista de espera para suscriptores Pro y Max de Estados Unidos. Dots, por su parte, comenzó su despliegue para determinados usuarios Pro y Business Premium, con opciones de acceso empresarial.
Ambos productos apuestan por una automatización más profunda. No obstante, también requieren mayor confianza del usuario, especialmente cuando reciben permisos para consultar documentos, interactuar con servicios o gestionar información privada.
El verdadero negocio podría no estar en cobrar por la IA, sino en lo que compramos con ella
Aquí aparece otra diferencia importante. Meta quiere mantener Muse gratuito para la mayoría de sus usuarios y explorar ingresos vinculados a las transacciones comerciales que realicen sus agentes. Instinct también contempla oportunidades relacionadas con las compras y los servicios gestionados. Eso podría cambiar profundamente el negocio de la inteligencia artificial. En lugar de pagar una suscripción mensual para utilizar un asistente, el usuario podría acceder gratuitamente mientras las empresas obtienen ingresos cuando concreta una operación.
Pero delegar decisiones comerciales plantea nuevas preocupaciones. ¿Qué ocurre si un agente recomienda un producto porque recibe una comisión? ¿Quién responde ante una compra equivocada? ¿Cuánto acceso a nuestros correos, cuentas bancarias y hábitos de consumo estamos dispuestos a conceder?
Los riesgos no son hipotéticos. En septiembre, Reuters informó que Meta había experimentado con asistentes humanos para completar determinadas llamadas de Muse, una práctica que generó preocupaciones sobre transparencia y privacidad. La compañía suspendió aquella función experimental.
Por ahora, resulta prematuro afirmar que Meta o Instinct ganaron la carrera. OpenAI y Anthropic tienen herramientas capaces de resolver tareas más complejas, mientras que sus rivales han encontrado formas de reducir la dificultad de acceso. Sin embargo, el cambio de tendencia es evidente. La próxima gran revolución de la IA podría no depender de un modelo que razone mejor que todos los demás, sino de uno al que podamos escribirle como a cualquier contacto y confiarle una tarea que realmente no queremos hacer. Y ahí, WhatsApp podría convertirse en un escenario tan importante como los propios laboratorios de inteligencia artificial.