No me gustan los juegos de plataformas. Puedo tolerar un Mario, por ejemplo, pero otras supuestas obras de arte como Shovel Knight o Rayman siempre han conseguido que, agotado, acabe tirando la toalla. Cuando me senté a probar Ori and the Blind Forest esperaba que las sensaciones fuesen por el mismo camino.

Me equivocaba. Hay algo que funciona incre√≠blemente bien con Ori, aunque resulta dif√≠cil identificar a la primera qu√© es. El principal motivo se debe, probablemente, a que no hay una √ļnica causa sino varias de ellas que, todas juntas, hacen que la experiencia engrane y lo encumbran como uno de los mejores t√≠tulos, bajo mi opini√≥n, existentes ahora mismo para Xbox One.

Proleg√≥menos aparte ¬ŅQu√© es lo que hace a Ori and the Blind Forest tan especial? Lo m√°s obvio es el apartado visual. Ori es un est√≠mulo visual constante, agradable y tierno que te bombardea la retina continuamente mientras juegas: una sombra aqu√≠, un efecto de luz m√°s all√°, los movimientos del personaje cuando salta... es, ante todo, una experiencia visual.

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Lo siguiente es la dificultad. Mi opinión sobre la dificultad de un videojuego es que debe ser todo lo alta que el desarrollador quiera siempre que haya una manera de dominarla. Por eso títulos como Dark Souls me gustan. Son increíblemente complejos, pero al mismo tiempo hay una manera relativamente clara de conseguir superarlos. Hay algo atractivo, casi adictivo, en el hecho de morir una y otra vez para reintentar la parte concreta de un juego que no conseguimos superar.

En Ori eso est√° presente. El tipo de situaciones en las que quieres tirar el mando contra la pantalla porque moriste en el √ļltimo salto o ca√≠ste de la manera m√°s absurda. Pero, de nuevo, la manera de resolverlo es muy inteligente. B√°sicamente, y exceptuando una especie de templos repartidos aqu√≠ y all√°, en Ori podemos guardar cuando queramos. Para hacerlo, utilizamos unas bolas de energ√≠a que tambi√©n se utilizan para destruir puertas que obstaculizan el paso o para atacar a enemigos. El hecho de que sean un recurso ilimitado introduce una serie de mec√°nicas interesantes donde siempre estamos pensando c√≥mo utilizarlas en caso de que despu√©s de superar esa serie de saltos particularmente complicados no tengamos energ√≠a para guardar la partida.

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Y por √ļltimo est√° la jugabilidad. En un juego de plataformas, la manera en la que el personaje salta, se mueve e interacciona es b√°sicamente la esencia del juego. En Ori los saltos, habilidades y posibilidades van evolucionando de manera natural conforme avanza el juego lo que provoca, al mismo tiempo, que la dificultad aumente progresivamente y de la mano con √©l. Al principio s√≥lo podemos hacer un salto, luego, dos, luego escalar por las paredes y luego tirar tres tipos de bolas de ataque distintas. Es esa progresi√≥n suave pero constante, unido a un √°rbol de habilidades al m√°s puro estilo RPG, lo que hace que al final Ori se sienta todo el rato como un reto a superar pero no como un obst√°culo imposible de saltar.

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Sobre los fallos, que tambi√©n los hay. Mi principal queja es la historia, que aparte de algo manida (un bosque m√°gico que muere y t√ļ debes rescatarlo) a menudo se torna confusa y hasta on√≠rica. M√°s o menos sabemos por qu√© tenemos que seguir la aventura y en base a qu√©, pero nunca llega a estar 100% claro. Otro detalles, menores, pasan por alg√ļn que otro cuelgue a la hora de restaurar desde el dashboard y alguna que otra ca√≠da de frames.

¬ŅDeber√≠as jugarlo? S√≠, sin duda. No creo que muchos esper√°semos esto, pero t√≠midamente y sin armar ning√ļn esc√°ndalo, Ori ha conseguido colarse de manera consistente como uno de los mejores juegos que ha visto la Xbox One, a la que llega junto a Xbox 360 y PC. Su precio, $20 d√≥lares/20‚ā¨ y alejado de los habituales $60 o $70 d√≥lares de los triple A es tambi√©n otro gran punto a favor.

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